“No puedo ni imaginar volver al instituto, he perdido a una alumna y necesito tiempo para que pase el trauma”

La docente, que da clases de español y francés a alumnos de primer año de Parkland, cuenta cómo salvó la tragedia

D.N. - Viernes, 16 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Alumnos en una ceremonia conmemorativa de la tragedia. Sobre la imagen, la foto de Patricia Rivas.

Alumnos en una ceremonia conmemorativa de la tragedia. Sobre la imagen, la foto de Patricia Rivas. (EFE/ D.N.)

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Alumnos en una ceremonia conmemorativa de la tragedia. Sobre la imagen, la foto de Patricia Rivas.

pamplona- Este es el relato de la profesora Patricia Rivas Puerta:

“Doy clase a los alumnos de primer año en un edificio anexo al del ataque. Aquí, desde que llegué en julio (en agosto comenzaron las clases), se hace mucho hincapié en la seguridad. Hemos tenido simulacros de todo lo imaginable: incendios, tornados... Pero hasta ahora no habíamos tenido un simulacro de código rojo (ataque con armas). Sí que en la documentación que nos facilitan se dan pautas para actuar en casos así. Se dice que hay que bloquearse en el aula, apagar las luces, alejarse de ventanas y puertas y esperar un anuncio por megafonía para salir. Ese anuncio nunca lo hubo porque el tirador seguía suelto y entonces nos sacó la Policía de nuestro almacén. El problema fue que el asesino conocía esas pautas, por eso hizo saltar la alarma del instituto, para que todos saliéramos de clase. Los alumnos tienen orden de seguir a la profesora. Yo estaba con 12 alumnos e iba la última. Les grité para salir juntos afuera, pero claro, salían alumnos de todas las aulas, porque pensábamos que esa alarma era un simulacro, y se mezclaban. Pero al llegar fuera oímos “código rojo”. Lo gritaba un miembro de seguridad. Volvimos dentro corriendo. Me quedé con cinco de mis alumnos. El resto se encerró en otras aulas. Me doy cuenta que en momentos así no piensas nada, solo reaccionas por instinto. Les grité y nos fuimos al aula. Apagamos la luz y nos acurrucamos allí. Las aulas son grandes (hay 34 alumnos de media) y ya tenía pensado que ese cuarto, una especie de almacén, podía ser un lugar seguro. Además, estábamos seis personas y podíamos caber todos. A los diez minutos les dije que fuéramos allí. Todavía no sabíamos qué pasaba, pero se oía a la Policía, bomberos, helicópteros... y con auriculares, empezamos a ver las noticias por internet. Era una retransmisión en directo, de película. Llegamos al cuarto, seguimos todos en silencio y ahí es donde me di cuenta del miedo que tenían todos ellos. Ahí les vi tan asustados que les vi más niños que nunca. A alguno le llamaba su madre y yo les decía que estuviéramos en silencio, que escribieran, sin volumen en el móvil y quitando la ubicación, por si acaso, por si se rastrea. Esos momentos fueron los peores. No sabíamos lo que pasaba, era todo confuso, había un tirador o más, en la tele hablaban de muertos.... Entonces tocaron la puerta con fuerza. Fue otro momento de mucho miedo. Pero era la Policía y salimos de allí. Yo estaba rezando porque mi familia no me escribiera entonces. No les podía mentir. Y al salir al parking me llegó un whatsapp de mi madre. Le dije que tranquila, pero que sí, que había ocurrido en mi instituto. Le dejé el móvil a varios alumnos para que escribieran a sus padres. No sé cómo vamos a volver allí ahora y no sé lo que voy a hacer. He perdido a una alumna a la que había dado clase esa misma mañana. Su pupitre está vacío y no puedo pensar todavía. Necesito tiempo. Por un lado la experiencia estaba siendo buena e intensa. Es una buena zona, un buen instituto, que no es problemático, y mi intención era seguir aquí al menos un año más. Es lógico que ahora te replantees todo. Cuando pasen más días veré cómo me encuentro. Querían hacerme una entrevista en el instituto para el telediario y he sido incapaz. Necesitaba estar lejos de allí”. - E.C.

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