Memoria con hechos

Jesús Pérez Artuch - Viernes, 16 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Gracias y enhorabuena al mismo tiempo. Me salen de veras estas dos palabras al ver la actitud del alcalde de Iruñea, Joseba Asiron, en cuestión de reconocimiento a personas que han sufrido algún tipo de violencia política. La pasada semana, con la inauguración de una plaza dedicada a Maravillas Lamberto, aquella raguesa de apenas catorce años violentada en el dantesco 1936. Injusticias de cualquier modo, más todavía en edad tan temprana.

También en memoria de un niño y de un policía nacional, víctimas mortales en sendos atentados de ETA, fueron colocadas dos placas por parte del Ayuntamiento hace apenas dos semanas en los lugares donde ocurrieron los atentados.

Creo que son pasos esperados, deseados por la mayoría de la ciudadanía en vistas a un reconocimiento general, amplio, siempre dentro de la reparación y el respeto a todas las víctimas.

Como cargo de primer edil que representa ha dado este paso. También creo que su dedicación a la historia ayuda en un intento de velar por esas personas olvidadas por crónicas interesadas, documentos apartados, habladurías, enjuiciamientos inquebrantables para darles un lugar, una pequeña luz balsámica frente a aquel dolor injusto que segó sus vidas o las cambió para siempre.

Nunca llueve a gusto de todos/as, ni lo hará por mucho que el cauce esté seco. Siempre habrá una palabra de más o de menos o una persona que falta en un homenaje. No faltarán los peros ni rencores apuntados para ser recordados. Todo esto forma parte del gran trabajo que, como sociedad, nos queda por hacer. La sangre dejó de brotar, pero la postilla no está seca todavía.

La política ha jugado siempre a designar muertos/as de primera, asesinados/as de segunda, según con qué baraja juegue. ¿Duro, triste? Absolutamente. ¿Mentira? Para nada. Debe pasar todavía mucha agua bajo el puente para que seamos capaces de vernos, reconocernos, hablarnos sin ardor en la entraña y venganzas reprimidas.

Lo importante es ir dando pasos con hechos, no solo papel y micrófono de Parlamento o mitin.