Editorial de diario de noticias

Una tragedia demasiado repetida

EEUU afronta conmocionado las duras consecuencias del “derecho a poseer y portar armas” reconocido en la Constitución, tras una nueva masacre en la escuela de Parkland, Florida, que ha dejado 17 estudiantes asesinados

Viernes, 16 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

la nueva matanza en una escuela de EEUU -al menos 17 estudiantes asesinados a tiros por un exalumno de 19 años-, ha vuelto a conmocionar a la sociedad americana por suponer una de las mayores masacres registradas en el ámbito escolar, pero que cuenta con demasiados antecedentes. Chicos que toman un fusil y se presentan en el instituto para matar. La lista de tiroteos masivos sucedidos en Estados Unidos está llena de atrocidades de este tipo, desde la famosa matanza de Columbine (Colorado), en 1990, cuando dos adolescentes asesinaron a 13 personas, hasta el horror de 2012 en Newton (Connecticut), en la que un joven asesinó a 20 niños y seis adultos en una escuela infantil. Además, los hechos en una escuela en Parkland, Floridad -que se atribuyen a un joven con problemas mentales, pero con acceso libre a la compra de armas-, no han sido los primeros de este 2018, en el que en apenas dos meses ha habido media docena de sucesos similares en centros escolares. Y en los diferentes estados norteamericanos han muerto tiroteados más de un millón de ciudadanos durante los últimos cuarenta años, casi 10.000 de ellos sólo el pasado 2017. Se calcula que en el conjunto del país, de 309 millones de habitantes, hay 310 millones de armas de todo tipo (rifles, escopetas, fusiles, pistolas) y, solo en 2016, 16,8 millones de estadounidenses solicitaron la compra de un arma, de forma legal y al amparo de la Segunda Enmienda, que afirma que “el derecho del pueblo a poseer y portar armas de fuego no será infringido”. Ese “derecho a defenderse” que abrazan con gozo en la Asociación Nacional del Rifle Americana (NRA), un poderosísimo lobby de cuatro millones de ciudadanos provoca miles de muertos cada año, pero ni la mayoría de la opinión pública estadounidense ni sus políticos tienen previsto ningún cambio legal. Cierto es que Obama, con el apoyo de destacados senadores y congresistas demócratas, intentó endurecer la ley para adquirir armas y que el gobernador de Florida, Rick Scott, ha exigido un debate real sobre este problema de violencia. Sin embargo, ni la Casa Blanca ni el Congreso han entrado nunca a fondo en el asunto. La posesión de armas arraiga en lo más profundo de los principios republicanos, y los demócratas pasan de puntillas sobre la cuestión porque la presión electoral les resta votos. Mientras, cientos de niños y niñas y de adolescentes son asesinados cada año en centros escolares o en las calles de EEUU.

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