Mar de fondo

Ofensa en cuerpo ajeno

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 17 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El pasado lunes, en Tolosa, una cuadrilla se disfrazó de comunidad hebrea ortodoxa, ellos con sombreros y gabanes negros, ellas con pañuelos y faldas largas. Hubo hasta niños con kipá. Sin temer a dios ni al cielo, pasearon su tractor tuneado con alegría mientras yo paseaba el vídeo entre amigos judíos, israelíes, con perdón, o no. Todos respondieron con carcajadas y guiños, amazing, nice, lol. Ni uno, y son muchos, se sintió atacado por la pantomima, y ni uno, y los hay de derechas e izquierdas, sefardíes y asquenazíes, envió nada que no fuera un saludo cómplice. Esther, madrileña y telavivian, escribió desde Florentín: “Jajajaja, ¡qué grandes!” Vaya mi enhorabuena a esos bravos tolosarras, ¡shabbat shalom!

Dos colegas aquí me recordaron que ellos ya se vistieron de religiosos hace años, Larri de rabino, Fran de fraile, y esa mañana astelenita solo un mensaje fue antipático: alguien que jamás ha tratado a un jaredí ni pisado Gipuzkoa me recriminó que fuese yo -“¡precisamente tú!”- quien compartiera “esa astracanada sin gracia”, que así pasaba luego lo que pasaba. Sin usar el comodín del público -a algunos judíos les divierte- contesté que eso que luego pasa no pasa por el carnaval, y que basta leer a Etgar Keret y conocer el Purim para enterarse de que el humor a cuenta de uno mismo es algo muy semita. Y muy humano.

Son los tiempos que corren, tanto que van dejando atrás la libertad. Se ha subido a la chepa un censor de guardia que nos iguala y colectiviza, nos representa sin permiso y nos protege de ofensas que no nos ofenden: un defensor del pueblo que jamás pregunta al pueblo. Ya seamos reguetoneros, lectores o televidentes.