Mesa de Redacción

Hay voracidades inagotables

Por Joseba Santamaria - Sábado, 17 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Desde que esta crisis se instaló entre nosotros hace ya 10 años, una idea ha sido santo y seña de la causa original: la especulación financiera, la explotación avariciosa de los mercados. La especulación, se supone, la ejercitan los especuladores: grandes fondos de inversión de todo tipo y bancos, incluso los rescatados con miles de millones de euros públicos, y entidades financieras de cualquier condición. Su único objetivo es traspasar la riqueza común a los bolsillos privados. De todos ellos, se ha sabido poco o nada. Decía el pasado lunes en DIARIO DE NOTICIAS el economista José María Gay de Liébana que “la deuda española es impagable, el Estado está en bancarrota”. Y menos pagable será aún si, como firmaba también en la misma entrevista, “en España se ha consolidado una economía low cost. Una economía sin futuro. En 2017, la deuda del Estado volvió a batir récords. Navarra ha terminado el año con superávit y ha recuperado vía Convenio pagos atrasados del Estado, pero la ley le obliga a destinar una parte de esos fondos propios a amortizar deuda en lugar de invertir en necesidades de interés general para los navarros y navarras. O al menos es una batalla política y social a librar. Los especuladores han originado un desastre financiero y una deuda en buena parte ilegítima que están pagando millones de ciudadanos de a pie, ya sea vía desempleo, ya desregulaciones fiscales y fraude de impuestos, ya recortes de los sistemas de protección social y de las pensiones. Pero nadie ha puesto nombre y apellidos a los tales especuladores, son como fantasmas sin sábana que deambulan de mercado en mercado, de divisa en divisa, de deuda pública en deuda pública... Los mismos que nos llevaron a la debacle están urdiendo nuevas estrategias de especulación. Su voracidad es inagotable. Y otros que están laboralmente blindados sólo piensan en pillar para lo suyo, sin pensar en quienes están al lado ni en las nuevas generaciones que vendrán. Hasta la reivindicación es a veces sólo negocio. La falta de reacción política y social nos lleva a la indefensión.

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