Mi querida Olivetti

Literatura: arte, dudas y persecución

Por Santiago J. Navarro - Domingo, 18 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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El madrileño Juan Benet sufrió los envites de quienes le consideraron como un autor oscuro durante un buen número de años pero, todavía en los 80 del pasado siglo, sus obras interesaban a otro buen número de lectores gracias, entre otras, a las ediciones de bolsillode esos libros, presentes en colecciones que los hermanaban con los de otros creadores en castellano como Carmen Martín Gaite o Miguel Delibes. Y el 5 de enero de 2018 se cumplen los 25 años de su desaparición, todo un cuarto de siglo sin el autor de una obra que perdería, según algunos especialistas, su hermetismo inicial de manera paulatina. DeBolsillo, el sello que en 2016 reeditó novelas suyas tan importantes como Volverás a Región (1968, precisamente hace ahora medio siglo) o El aire de un crimen (1980) y otros libros bien diferentes, como Ensayos de incertidumbre, también presentó el pasado año La otra cara de Mazón (1973), Una meditación (1971) y Un viaje de invierno (1972), novelas que añadir a una lista de libros que incluye Saúl ante Samuel, pieza narrativa fechada en 1980.

Este enero, además, nos permite recordar otra figura, la del vallisoletano Jorge Guillén, figura de la poesía española de nervio clásico en las primeras décadas del siglo XX. Aire nuestro (1968) y Obra Poética (1972) recogen parte de la obra de uno de los miembros destacados de la Generación del 27 pero la capacidad creativa del autor de Cántico es lo suficientemente rica como para encargarse de otras tareas destacadas, como la traducción de libros importantes en verdad, caso de El cementerio marino, de Paul Valéry, obra de 1920 reeditada hace pocos meses por Alianza que responde a las consecuencias creativas de la amistad y la colaboración existentes entre ambos escritores en el París de los años 20 del siglo pasado. Guillén, por cierto, nació un 18 de enero, hace 125 años y, finalmente, algunas personalidades literarias probablemente nunca consiguieron alcanzar la paz en vida y, en este sentido, Bertolt Brecht destaca de un modo especial, pues su ideología le llevaría a sufrir persecuciones no solo en Alemania, ya que la llegada del nazismo a otros lugares en los que se refugiaría le obligaría a seguir huyendo e incluso en Estados Unidos de América sería machacado por sicarios y responsables de ideologías muy similares. Su obra narrativa, sin embargo, terminaría imponiéndose como una de las más sugestivas de la primera mitad del siglo XX.

El 10 de febrero de 1898, hace ahora 120 años, llegó al mundo en Augsburgo el poeta y dramaturgo que vería estructurada su obra en distintas etapas, la del período inicial alemán y la de su teatro épico, esencialmente. Alianza editorial presentó el año pasado, de entre los volúmenes de su Teatro completo, el octavo, que recoge El interrogatorio de Lúculo, El alma buena de Sezuán y la citada El señor Puntilla y su criado Matti, obras escritas entre 1939 y 1949. Y Funambulista hizo lo propio ese 2017 con Territorio, obra personal de quien fuera su destacado traductor, Miguel Sáenz, que ya contaba a principios de año con nuevas ediciones.