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Osasuna no encuentra el camino en su casa

decepción en el sadar el equipo de diego martínez completa otro partido muy discreto en su estadio, se queda sin marcar y pierde dos puntos ante el reus

Javier Saldise | Javier Bergasa/Mikel Saiz - Domingo, 18 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Edgard Badía quita el balón de la cabeza a David Rodríguez.

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pamplona- Osasuna no encuentra su camino en los partidos en El Sadar y, más allá de la fácil dicotomía que habla de excelencia fuera de casa y problemas como local, el hecho principal es que el equipo crea dudas, no acaba de coger el ritmo de quien se espera sea uno de los candidatos al ascenso.

En otro partido decepcionante, el mayor en cuanto a cotas de frustración en la grada, que ayer no se calló, el equipo de Diego Martínez quiso pero no supo como ganar a un rival de la zona media baja que, como todos los que asoman la cabeza por aquí, hizo menguar la altura de los rojillos, un conjunto ramplón y primario frente al Reus. El Sadar no está para fiestas porque Osasuna transmite a partes iguales bríos y falta de fuelle, poco poderío para uno de los grandes del torneo.

Osasuna sufre otro traspié como local que, por encima de todo -es lo único que importa-, afecta a su marcha en pos de los primeros puestos, donde el ascenso directo ya se debe considerar una posibilidad remota y la entrada en la promoción, incluso, genera algunas dudas como premio. Con toda la temporada apostada al ascenso, el desenlace de los acontecimientos pondrá nota a un campeonato que, en estos momentos, no deja de ofrecer dudas. Muchas.

No ofreció sorpresas el primer tiempo en El Sadar porque, otro día más, Osasuna se desplegó con esa imagen de equipo abnegado, laborioso y esforzado al máximo, que anda sin embargo muy espeso a la hora de divisar la portería contraria y rematar. Ante esta concesión inicial -la de pinturas de combate sin guantazo-, fue el Reus el que ofreció las mejores maneras y también el que se mostró con un juego más dinámico, aprovechando la velocidad y habilidades de alguno de los suyos -Yoda es un futbolista fino y chupón-, que no encontraban finalizador.

Los dos equipos habían entrado en el partido a la carrera, a toda velocidad yendo de un lado a otro, pero esa fogosidad tempranera se fue enfriando a pesar de que los catalanes fueron más listos a la hora de crear algunas dudas. En el otro lado del campo, a donde a Osasuna le costaba llegar porque se enredaba por el camino, sólo hubo un disparo entre los tres palos y lo firmó Quique, sin problemas para el portero del Reus. Los catalanes sí avisaron que con huecos estaban dispuestos a buscarle las cosquillas a la zaga y Yoda, el mejor de los suyos, se aplicó a ese papel y Máyor incluso se fabricó un centro chut ante Sergio Herrera, que remedió un defensa rojillo. El mensaje del primer acto fue el de casi siempre: lo primero que quería Osasuna era no perder y, después, había andarse con ojo.

También Osasuna suele guardar lo mejor en un recipiente más pequeño y, por eso, la esperanza de un segundo tiempo tradicionalmente habitual, los 45 minutos a toda marcha con las esencias del equipo a pleno rendimiento, retumbaban en la memoria.

Hubo que esperar para que un par de gotas del Osasuna añorado cayeran sobre El Sadar, porque en los cinco primeros minutos Yoda casi la organiza tras dos acciones individuales, también individualistas.

Las ocasiones rojillas llegaron cinco minutos más tarde, todo ello en el primer cuarto de hora de partido. Fue primero un gol anulado a Quique, tras una buena acción de ataque, con claridad y acierto por fin en las combinaciones;y después, un remate al poste del mismo delantero que se buscó el hueco para el disparo tras una excelente cesión de David Rodríguez. A Osasuna no le sonrió la fortuna en la acción porque no hubo opción para el rechace, ya que la pelota llegó mansa tras el rebote a las manos del meta.

Se podía soñar con un Osasuna a la heroica, en plan ataque total en los últimos 25 minutos, pero todo resultó menos épico, más tibio. Los chicos de Diego Martínez se aplicaron a la pelea, al dominio del partido, pero poco hubo que registrar en la estadística de tentativas entre los tres palos, en otra tarde famélica en la faceta rematadora.

Osasuna continuó trabajando en su factoría, ofreciendo centros y laborando sin estridencias ni sorpresas. Tras la inclusión a los quince minutos de la reanudación de Roberto Torres por Borja Lasso, a Rober Ibáñez, el otro fichaje de invierno, le toco saltar al césped con una decena de minutos por delante para ofrecer alguna variante. No hubo agitación en Osasuna que, caminando otra tarde en el alambre de su estadio, casi se queda sin los tres puntos con un remate en el tiempo de descuento de Querol que se marchó rozando el poste. El fiasco estuvo a punto de ser mucho mayor, aunque la decepción no se calma.