Jubilados en la barricada

Miles de pensionistas se han movilizado en Navarra en defensa del sistema público. Más de 55.000 no llegan a 708 euros al mes. A muchos les cuesta vivir, sobre todo a mujeres con carreras laborales reconocidas cortas

Un reportaje de Juan Ángel Monreal. Fotografía Oskar Montero - Lunes, 19 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Juanjo Martínez, Mari Cruz Izquierdo, Elena Goñi, Ana María Nacimiento, Coral Areche Clemente y Manuel Vázquez.

Juanjo Martínez, Mari Cruz Izquierdo, Elena Goñi, Ana María Nacimiento, Coral Areche Clemente y Manuel Vázquez. (Oskar Montero)

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Juanjo Martínez, Mari Cruz Izquierdo, Elena Goñi, Ana María Nacimiento, Coral Areche Clemente y Manuel Vázquez.

“Empecé a trabajar a los 14 años y al ir a solicitar la pensión me dijeron que me faltaban 11 días” - “Nos movilizamos porque es mentira que el PP vaya a mantener las pensiones” - “Cuando se cobra una pensión de 600 o 700 euros no hay milagros, dependes de otros” - “La brecha salarial llega a la jubilación: la pensión de ellas es un 33% más baja” - “A los 12 años dejé la escuela para empezar a trabajar, era lo normal en aquella época” - “Con 59 años me vi en el paro después de 40 años trabajando: me quitaron un 24%”

Elena Goñi Soto, de 69 años, el pelo corto y de colores, trabajó durante más de cuatro décadas: de recadista, en el comercio, por cuenta propia y como autónoma. Y, al hablar, aplica las tres ces que aprendió en sus años como publicista. Es clara, concisa y concreta. No se muerde la lengua para denunciar lo que cree injusto. En las últimas semanas se ha movilizado, como decenas de miles de pensionistas en todo el país para denunciar una subida del 0,25% que los más mayores han recibido en muchos casos como una afrenta. “La ministra Báñez se ríe de nosotros”, dice en referencia a la carta que envió el 2 de enero para comunicar un incremento que millones de personas no sentirán. “A mí me suben 2,28 euros al mes”, resume.

Como ella, más de 55.000 personas en Navarra perciben una pensión que no rebasa los 707 euros al mes. Casi 30.000 son jubilados y otras 18.000, viudas. “También en las pensiones la brecha salarial hay que buscarla en las mujeres”, explica Manuel Vázquez, extrabajador de Volkswagen Navarra y secretario de la Federación de Pensionistas de Comisiones Obreras de Navarra. Las mujeres cobran, de media, una pensión un 33% inferior a la de los hombres: 1.012,68 euros frente a 1.525. “La brecha salarial, la brecha en precariedad y la brecha en parcialidad se perpetúa a lo largo de la vida laboral de la mujer e incluso llega a la jubilación”, dice.

Esa brecha, que ocupa informes y titulares en los medios, adquiere a veces la forma de la discriminación. Y la voz de Mari Cruz Izquierdo Gómez, de 65 años, que nació en Segovia y llegó a Berriozar hace 53, habla de ello. “Yo en 1969 tenía claro que quería trabajar fuera de casa, algo por lo que tuve que pelear. Tenía apenas 16 años, pero ya estaba metida en el movimiento feminista, en el movimiento obrero. Y entré en Sarrio Papel, que tenía en Berrioplano un almacén”. Las 3.000 pesetas de su primer salario eran el reflejo de una época, de una Navarra que despertaba a la industrialización, que comenzaba a agitarse en los últimos años del franquismo y en la que, pese a no faltar el empleo, costaba llegar a fin de mes.

Sarrio Papel resistió la crisis de los años 80, una década entera con tasas de desempleo insoportables en muchas zonas, pero en 1995 decidió cerrar el almacén de Berrioplano. Y más de un cuarto de siglo de trabajo en la misma empresa terminaron para Mari Cruz, que se ocupaba en el departamento de ventas y expediciones de Sarrio y a quien no dieron la oportunidad de ir a trabajar a Leitza. “Allí se recolocaron unos diez como operarios, pero a mí me discriminaron por mujer”, recuerda. Después, empleos precarios. Y desde los 52 años, el subsidio para trabajadores mayores, que le permitió cotizar por encima del salario mínimo y le ha permitido mantener al menos una pensión de 600 euros al mes. “A mí la subida me supone apenas as 1,21 euros netos al mes. Con una pensión como la mía no se puede vivir, yo tengo la suerte de contar con un compañero, que hoy está, pero mañana puede no estar. Y yo siempre he sido una persona que ha trabajado para forjarse un futuro por mí misma. Tengo 39 años cotizados”, dice.

movilización

Defensa del sistema público

2.000 cartas devueltas

Hace apenas diez días, alrededor de un millar de pensionistas recorrió las calles de Pamplona en una manifestación convocada por la plataforma Mayores frente a la crisis. En una mañana heladora, marcharon desde la plaza del Castillo hasta la plaza de las Merindades, a la sede de la delegación del Gobierno. Allí, en una muestra de dignidad, devolvieron unas 2.000 cartas de la ministra Fátima Báñez, cuya vida laboral ha estado ligada en exclusiva a la política y al Partido Popular. “Estábamos bastante gente, pero más teníamos que estar, porque lo que está pasando es muy grave”, dice Elena Goñi, concisa, clara, concreta y también contundente, la cuarta ce de la expublicista.

Elena pertenece a Sasoia, la asociación de jubilados cercana a la izquierda abertzale. Y el viernes se sentaba en una mesa del Café Iruña junto a Mari Cruz Izquierdo, de la asociación Lacarra;Manuel Vázquez y Ana María Nacimiento (CCOO), Coral Areche y Juanjo Martínez (UGT). Su presencia en la misma mesa representa la unidad de colectivos diferentes con un mismo objetivo: la defensa del sistema público de pensiones, amenazado por la demografía, por los bajos salarios y por unas políticas “interesadas”, dice Juanjo Martínez.

Esta misma semana lo explicaba la máxima responsable de pensiones de su sindicato en una conferencia en Pamplona. Mari Carmen Barrera, secretaria confederal de UGT en Empleo, Políticas Sociales y Seguridad Social, cifra en 26.000 millones de euros al año el coste de decisiones al menos cuestionables. Y dentro de ello incluye “el pago de sistemas deficitarios como el marino o el agrícola”, el de los gastos de funcionamiento de la Seguridad Social, “las subvenciones a la contratación de trabajadores o que exista un 8% de altos asalariados que no coticen todo lo que deben”, recuerda.

“Lo que se está haciendo es mantener el déficit de forma interesada, para no tener que subir más las pensiones y evitar que se recuperen”, dice Juanjo Martínez, que es socialista y de la UGT, critica al PP y defiende la revalorización que experimentaron las pensiones más bajas durante los años de José Luis Rodríguez Zapatero. “Nos dicen que se van a mantener las pensiones, pero eso es mentira, desde el año que viene empiezan a bajar con el factor de sostenibilidad, por eso nos movilizamos”.

Años 60

La historia de muchas mujeres

Décadas de trabajo sin pensión a cambio

Juanjo ha reclutado para la causa de las movilizaciones a Coral Areche, que tiene 75 años, “y una vida que, mi chico, te da para escribir una novela”. Hoy está jubilada, pero no cobra pensión, y cuenta su historia , que arranca en Tudela cuando tenía 12 años y dejó el colegio para trabajar como camisera con su madre y su tía. A mediados de los años 50, la vida seguía siendo muy dura para miles de personas en Navarra y desde La Ribera cientos de personas salieron rumbo a América o incluso a Australia. “Yo era la mayor, mi hermano fue a estudiar a Madrid, pero entonces lo normal era que las mujeres nos quedásemos en casa”, dice.

Coral se casó a los 20 años y tuvo seis hijos con un marido que sumaba tipos de interés en la Caja de Ahorros de Navarra, donde ganaba un buen sueldo. Pero ella siempre quiso trabajar fuera de casa, ganar su propio dinero y no depender de nadie. “Nos trasladamos primero a Tafalla, comencé a dar clases en el Ayuntamiento, y posteriormente a Pamplona. Di clases de esmalte en Cizur y también en la Casa de Cultura de Noáin”, donde estuvo un año. En aquellos años logró llevar a casa su primer sueldo. “Fue un orgullo tremendo poder presentárselo a mi marido”, recuerda.

Coral se separó en 1987. “Me dejó con los seis hijos, a los que tuve que sacar adelante, y sin un duro. Trabajé unos cuantos años como profesora interina en el Gobierno de Navarra en temas de artes plásticas y manualidades”. Hasta que aquello terminó y, sin años suficientes cotizados, la única pensión fue la no contributiva. “Era de 328 euros y al vender el piso me la han quitado, hasta por las medicinas tengo que pagar en la farmacia”, dice Coral, lleva de vitalidad. “Yo lo que tengo, a mis 75 años, son ganas de trabajar”, concluye.

Quizá ese sea el futuro. Seguir trabajando más allá de los 67 años hacia los que se encamina la edad de jubilación para quienes no tengan cotizados a la Seguridad Social 38 años y seis meses. Con la última reforma, ese umbral se alcanzará en el año 2027. “Pero es que hoy no tiene sentido considerar mayor a una persona de 65 años”, justifica Rafael Pujol, catedrático de Demografía y que defiende que resultará inevitable retrasar la edad de jubilación. Porque si la ratio de entre trabajadores y pensionista no se mantiene al menos en 2,5 ocupados por cada perceptor (hoy está ya en 2,3), el sistema está abocado a la quiebra. “Hoy nacen, unas 400.000 personas al año y en los años del baby boom se llegó a los 670.000. Esa generación está a punto de empezar a jubilarse”, incide.

Ana María Nacimiento Rodríguez también sabe de números. “11 son los días que dice la Seguridad Social que me faltan para cobrar una pensión. Soy jubilada, pero no me puedo llamar pensionista”, concluye. La suya es también una vida de trabajo desde los 14 años. Hoy tiene 69 y recuerda como si fuera ayer el 24 de julio que entró a trabajar en la Algodonera Iruñesa de la avenida de Guipúzcoa. “Había cumplido 14 años el 7 de julio y el víspera de Santiago entré a trabajar por primera vez para ayudar a la economía de mi casa. Mi padre trabajaba en Zubiri en Magnesitas. Entonces no había autobús y cuando la moto se estropeaba tenía que ir a trabajar en bici”. Arrancaban los años 60, Berriozar crecía de la mano de la emigración y su primer salario, todavía lo recuerda, fue de 202 pesetas mensuales. “Trabajábamos a dos turnos, a las mujeres no nos dejaban hacer noches, cuando se cobraba más”.

Sin con 14 años entró en la fábrica, con 16 Ana María ya viajaba los veranos en Francia, a la campaña de la fruta. “Pasábamos cuatro o cinco meses en barracones, pedíamos licencia en fábrica y perdíamos la antigüedad, aunque desde Francia seguíamos cotizando.,Trabajar 12 y 14 horas al día era la forma de hacer algo de dinero”, recuerda. Con su marido empleado, Ana María alternó después diferentes trabajos, pero no en todos cotizó. “Pasé por Unzué, por Huici e incluso por Oposa, que era de la Diputación. En empresas de limpiezas para la fábrica de coches”. Casi cinco décadas que no dan derecho a una pensión. “Al ir a solicitarla me dijeron que me faltaban 11 días cotizados, así que estoy viviendo de la pensión de mi marido. Al menos, que me devuelvan todo lo que he cotizado”, dice con rabia.

la crisis

Vidas laborales cortadas

En paro a los 59 años

La mala suerte, un accidente o un despido a deshora suponen un golpe irrecuperable para la pensión. Elena Goñi había dejado la publicidad y trabajaba de nuevo en el comercio hace una década, justo al inicio de la crisis. Llegaron los recortes y perdió su puesto de trabajo en una tienda de deportes de un centro comercial. Tenía 59 años. “Me sustituyeron por gente más joven. Me vi en el paro y con 62 años me jubilé de forma anticipada con un 24% menos de pensión: 639,28 euros. Y vivo sola, siempre he sido independiente”, reivindica.

Su biografía es una prueba de ello. Y también un paseo por la historia reciente de Pamplona. Recadista en Calzados Errea entre 1964 y 1968, trabajó después en La Madrileña, en la calle Chapitela. “Allí ya le hicimos un plante al dueño en 1971. Quería abrir el domingo para vender a los feriantes que llegaban para San Fermín. Nos negamos y nos largamos”. Trabajó en Euskal Piel, en Electrodomésticos Noáin, se recicló en publicidad y marketing con un curso de UGT;fue comercial para el periódico Mercado, autónoma en Elso Publicidad y después en Publiruña. Hasta que la crisis le obligó a volver al comercio.

A su lado en el café, Mari Cruz Izquierdo la escucha. Y recuerda la frustración que produce abrir la carta con el 0,25% de la subida. “Te da un yu-yu”, dice. Fue una pionera. Como Elena, como Ana María, como Coral, como miles y y miles de mujeres que derribaron barreras. “Hubo que peleárselo -relata-, las mujeres trabajábamos en casa y trabajábamos fuera. Yo he tenido dos hijos, he cuidado a mi madre. Y como yo muchas mujeres que han hecho un trabajo que no se ha reconocido”.

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