Un castillo para una ciudad dividida...

Erigida con las piedras de una Navarrería arrasada, la fortaleza de Luis el Hutín tuvo escasa utilidad militar. Acogió la escuela de gramática y en 1513 se habilitó parte de sus muros como cárcel.

Un reportaje de Virginia Urieta/Ana Ibarra - Lunes, 19 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Hipótesis. Este plano de Víctor Echarri se basa en el libro de J.J. Martinena La Pamplona de los burgos y su evolución urbana . Rojo sin edificar. La franja roja dibujada en el mapa estaría sin edificar en el s. XIV A Burgo de Navarrería B Población de Sa

Hipótesis. Este plano de Víctor Echarri se basa en el libro de J.J. Martinena La Pamplona de los burgos y su evolución urbana. Rojo sin edificar. La franja roja dibujada en el mapa estaría sin edificar en el s. XIV. A Burgo de Navarrería. B Población de San Nicolás. C Burgo de San Cernin 1. Puerta de la Tejería 2. Monasterio de Santiago 3. Castillo de Luis el Hutín 4. Iglesia de San Nicolás 5. Torre Redonda 6. Puerta de la Zapatería 7. Puerta de la Belena (San Nicolás) 8. Puerta de las Salinerías 9. Puerta del Chapitel (San Nicolás) 10. Torre del Rey 11. Puerta de Santa Engracia 12. Postigo de las Carnicerías 13. Torre de la Rocha 14. Torre de la Galea 15. Puerta de la Belena (San Cernin) 16. Puerta del Chapitel (Navarrería) 17. Palacio Real 18. Portal del Abrevador o de Francia 19. Torre de la Tesorería 20. Portal del Río (Judería) * 21. Castillo Santiago (siglo XVI)

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Hipótesis. Este plano de Víctor Echarri se basa en el libro de J.J. Martinena La Pamplona de los burgos y su evolución urbana . Rojo sin edificar. La franja roja dibujada en el mapa estaría sin edificar en el s. XIV A Burgo de Navarrería B Población de SaEl edificio en la plaza del Castillo.Asiron y Abaurrea, frente al torreón del castillo de Luis de Hutín aparecido en los trabajos en la antigua Tropicana.El alcalde de Pamplona ha visitado los restos arqueológicos aparecidos en las obras que se están realizando en la Plaza del Castillo.El alcalde de Pamplona ha visitado los restos arqueológicos aparecidos en las obras que se están realizando en la Plaza del Castillo.
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El primer castillo que se edificó en Pamplona no fue concebido, al parecer, como un punto defensivo militar ni de gran utilidad estratégica, aunque sí se erigió para proteger una ciudad que por aquél entonces -en los primeros años del siglo XIV- no se hallaba demasiado bien fortificada. Al menos de eso da cuenta parte del testimonio que recoge el historiador navarro Juan José Martinena, que ofrece en Historias del viejo Pamplonauna estampa de la Iruña de aquella época. Una ciudad dividida (tres núcleos de población de diferentes orígenes) en la que se celebraban justas entre caballeros, las mujeres participaban también en las grandes edificaciones -aunque se les pagaba menor salario- y los fortines se adornaban para acoger fiestas de coronación.

No fue hasta 1423 cuando Carlos III de Navarra dictó el Privilegio de la Unión que unió a los tres burgos formando la ciudad de Pamplona. Cada uno de los barrios tenía su alcalde. El cierre defensivo de cada uno de los tres barrios permaneció geográficamente separado al menos hasta 1512.

Resulta difícil pasear por la Plaza del Castillo, completamente integrada ya en el imaginario de cualquier pamplonés -y de buena parte de los guiris que se dejan caer por la ciudad en verano dispuestos a darlo todo en Sanfermines- y concebir esos imponentes muros, flanqueados por torres circulares, albergando todo tipo de vida a su alrededor. Y en el interior, crónicas de coronas y tronos, de fiestas y familias reales, de una ciudad que, poco a poco, iba labrando su propia historia en esas mismas piedras.

Cuenta Martinena que para el emplazamiento del Castillo, Luis Hutín señaló los terrenos “junto al chapitel, fuera de la muralla de la población de San Nicolás y hacia la parte donde aún se podían ver las ruinas de la Navarrería, que había sido destruida años atrás, a raíz de la guerra civil de 1276”. Y precisamente con las piedras de esa ciudad demolida -y con las de las canteras de Ansoáin, Ezcaba, Zizur, Ezpilce y Guenduláin- se construyeron los muros de esta fortaleza, después de que el rey diera orden al Cabildo de la Catedral para que permitiese a los canteros tomar y aprovechar esos restos.

Dos años La dirección de las obras se encomendó a Belenguer Cruzat y a Martín de Roncal, explica el experto, que indica que los trabajos dieron comienzo en 1308 -en el 1309 se gastaron 2.641 libras- y se alargaron más de dos años. En la cantera de Zizur trabajaban 17 maestros martilleando la piedra, mientras que 13 hombres se ocupaban de aparejar el camino para las carretas que transportaban los sillares. “En los períodos de mayor actividad llegaron a trabajar hasta 250 hombres entre carreteros, zaborradores y peones, que percibían un jornal de 7 y 8 dineros. A las mujeres, que en algún momento llegaron a ser unas 290, se les pagaban 5 dineros. La mano de obra que hoy llamaríamos cualificada, es decir los maestros canteros que marteaban la peyra y los carpinteros, que alcanzaron el número de 130, cobraban 20 dineros”, relata Martinena en su libro.

Uno de los pagos se hizo “a los franceses que mesuraron lo castel”, un dato curioso teniendo en cuenta, apunta, que “por la fecha y por el rey que la mandó construir, se puede pensar que la traza de la fortaleza habría seguido modelos franceses”, aunque reconoce que dada la poca documentación existente no resulta una hipótesis fiable.

Eso sí, las instalaciones responderían sin duda a la tipología del castillo gótico urbano -parece ser que se construyó de planta cuadrangular, con torres de planta circular en los ángulos- y que, “según las cuentas de su construcción”, tenía tres puertas.

Una daba hacia el convento de Predicadores -es decir, hacia la parte del actual Banco Central Hispano y el inicio de la avenida Carlos III-. “La puerta mediana se abría frente a la puerta de San Tirso, que estuvo situada en la actual calle Estafeta. La puerta principal, el portal mayor, saldría supuestamente a la explanada del Chapitel -la actual Plaza del Castillo-, que le serviría en cierto modo de plaza de armas. Sabemos que dentro del recinto del castillo había varias casas habitadas por oficiales reales, y una capilla dedicada a San Miguel”.

En 1363, reinado de Carlos II, se mandó construir una brícola, máquina de guerra que lanzaba grandes proyectiles de piedra . “Se trajo con bueyes madera de los montes de Olagüe”, aunque una vez hecha se guardó primero en el patio de armas, y tres años después dentro de la iglesia para que no se pudriese con las lluvias.

lance de honorEl castillo, a lo largo de sus más de dos siglos de vida -pasan 231 años desde que se comenzara a construir hasta que, según datos del historiador, sólo ya una parte se mantenía en pie en 1539- albergó también la escuela de gramática de la ciudad, se reconvirtió en cárcel poco antes de ser sustituido por una fortaleza mejor a partir de 1513, y vivió su época de gloria como escenario de justas, torneos, fiestas y otros regocijos populares.

“Ya en 1344 Martín Motza, al frente de 32 hombres, mantuvo el orden en la explanada que había en lo que hoy es el espacio central de la plaza, cuando lidiaron Juan Sánchez de Luqín y Lope de Eraso. En 1379 fueron los propios espectadores quienes impidieron que llegaran a batirse los caballeros Fillot de Agramont y Ramiro de Asiáin por un lance de honor. El rey los mandó encarcelar a los dos”, recuerda Martinena.

El privilegio de 1324 del rey Carlos el Calvo para la reedificación de la Navarrería, relata en su trabajo el autor, “nos ayuda a precisar la localización de la fortaleza, cuando establece que el mercado debería tener lugar en la plaza que existía delante de su puerta. El mismo documento se refiere en otro pasaje a lo que hoy es la Plaza del Castillo como la plaza situada entre el castillo y el muro de la población de San Nicolás”.

Cuando hacia 1320 se hizo el plan para la reconstrucción de la Navarrería, se trazó una calle recta “desde la puerta media del castillo hasta la casa del arcediano de la tabla”, una de las dignidades de la Catedral. Como la identificación de esa calle con la actual bajada de Javier no ofrece ninguna duda, explica Martinena, parece deducirse de este texto que la puerta mediana del castillo vendría a estar situada aproximadamente por donde hoy están las escaleras que comunican la plaza del castillo con la calle Estafeta.

a retaguardia No parece, por otra parte, que aquel castillo hubiera tenido una gran importancia desde el punto de vista estratégico. “Ni siquiera consta que hubiera contado con alcaides. A raíz de la conquista de Pamplona por el duque de Alba en 1512, se pudo comprobar que la vieja fortaleza quedaba a retaguardia de la línea exterior de las murallas y resultaba por eso de escasa utilidad militar”. En vista de ello, en agosto del año siguiente, cumpliendo las órdenes de Fernando el Católico, comenzó la construcción del segundo castillo, en cuya defensa caería herido Iñigo de Loyola en 1521.

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