El sitio de mi recreo

El himno del patrioterismo

Por Víctor Goñi - Miércoles, 21 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

vuelvo a casa, a mi amada tierra, la que vio nacer un corazón aquí. Hoy te canto, para decirte cuanto orgullo hay en mí, por eso resistí. Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no sé vivir. Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón. Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí, honrarte hasta el fin. Como tu hija llevaré ese honor, llenar cada rincón con tus rayos de sol. Y si algún día no puedo volver, guárdame un sitio para descansar al fin. Disculpen la deformación profesional, pero estas estrofas ñoñas y semejante pobredumbre estilística reportarían un suspenso a la señora Marta Sánchez López si se tratara de una bachiller. Sin embargo, la estupenda cantante y a lo que se ve mediocre compositora se ha atrevido con tanto desparpajo como afán promocional a ponerle esa letra al himno de España, tornando la marcha militar en una balada inverosímil para verdadero deleite de los paladines del populismo patriotero en su vertiente más hortera. A cualquiera con un mínimo sentido estético, más allá de ideologías y sentimientos de pertenencia, le pitarán los oídos e incluso las orejas con la libérrima interpretación de Sánchez, que aconseja dejar el himno tal cual y que pueda seguir entonándose al ritmo del lolololoo el chundachunda. Desde la premisa de que los símbolos tienen sentido si sirven para aglutinar y no para generar más controversia en beneficio de parte, como ha vuelto a suceder con una ocurrencia de Sánchez que el PP y Ciudadanos se han apresurado a instrumentalizar en su frenética carrera por la españolidad genuina, hasta el absurdo de proponer la versión para la final de la Copa del Rey de fútbol. La insoportable simpleza de la política española alcanza literalmente niveles de canción ligera, mientras se persiste en el manoseo irresponsable de la simbología común para tapar miserias propias o como arma arrojadiza contra el discrepante. Lo malo es que cuela y lo peor, que demasiado votante mutó en hooligan para los restos.