La casa de las muñecas de Caparroso

Eugenia Celaya y Francisco Echeverri, vecinos de Caparroso, tienen una colección de 6.000 muñecas
Han construido un museo en el que exhiben 4.500 de estas figuras, la más antigua del año 1909

ainara izko - Miércoles, 21 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 08:30h

Eugenia Celaya y Francisco Echeverri posan en Caparroso con parte de su colección de muñecas de porcelana.

Eugenia Celaya y Francisco Echeverri posan en Caparroso con parte de su colección de muñecas de porcelana. (AINARA IZKO)

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Eugenia Celaya y Francisco Echeverri posan en Caparroso con parte de su colección de muñecas de porcelana.

CAPARROSO. Compuesta por más de 6.000 muñecas de porcelana, 4.500 de las cuales están expuestas en un pequeño museo construido a medida en un garaje de su propiedad, es muy probable que la colección de Eugenia Celaya Moriones y Francisco Echeverri Pascual sea una de las mayores del Estado. Lo más sorprendente es, sin embargo, que la mayoría de ellas las adquirieron en tan solo cinco años, "entre los 65 y 70 años.

Ahora nos hemos relajado", admite este matrimonio residente en Caparroso al que, si bien el gusanillo del coleccionismo le picó tras la jubilación, ya en su juventud ambos, mucho antes de conocerse, recopilaban sellos, "algo que era bastante habitual en la época", explica Celaya. La afición por las muñecas vino mucho después. Posiblemente para suplir la falta de juguetes que tuvieron en su juventud. "En mi casa éramos cinco hermanos y aunque nunca pasamos necesidad, lo cierto es que en aquella época tener muñecas era un lujo y no daba para eso. Así que cuando ya de jubilados nos fuimos a Cádiz de viaje, no me pude resistir a la hora de comprar tres muñecas en un mercadillo, y eso que una no tenía ropa, estaba desnuda, y a otra le faltaba un brazo", recuerda la mujer. Fue, precisamente, buscando recambios para rearmar aquella muñeca cuando la pareja se aficionó a coleccionarlas. "Al tratar de restaurarlas nos dimos cuenta de lo complicado que era comprar muñecas de porcelana porque la mayoría de fábricas que las hacían se arruinaron y cerraron cuando se empezó a utilizar el plástico", lamenta Echeverri, quien desvela que "en China todavía queda alguna fábrica, que se llevó moldes de Europa, pero la mayoría de las muñecas que se comercializan hoy en día son de segunda mano. Y esas son las que más valen".

De hecho, según la antigüedad, su valor puede dispararse. "Cuantos más años tengan, más valen y hay auténticas barbaridades. Por una muñeca de 1865, sin ir más lejos, se pueden llegar a pagar 24.000 euros y si es de entre 1900 y 1910, por menos de 3.000 euros no encuentras ninguna", expone. En su caso, la pasión por el coleccionismo les ha llevado a viajar y a conocer a gente de lo más interesante, hechos que sin duda han enriquecido su vida. "Antes de empezar con esta afición estábamos un poco aburridos y mira, gracias a ella, hemos llegado hasta el Gran Bazar de Estambul. Yo no quería tener un huerto porque he estado toda la vida trabajando en el campo. Prefería viajar y con la excusa hemos estado en 200 ferias", señala Echeverri, quien reconoce que le gusta mucho "regatear y hacer tratos". Antes de construir el museo que tienen ahora exponían las muñecas en su propia casa, "en las habitaciones que no usábamos y en el garaje", pero la falta de espacio era un inconveniente. "Todavía hoy tenemos el mismo problema porque no tenemos sitio suficiente para exponer todas. De hecho, guardamos unas 1.500 en casa en arcones", indican.

MUSEO POR SECCIONES

En concreto, la colección de la pareja está dividida por secciones. Una de ellas está formada por personajes famosos como Charles Chaplin, María I de Inglaterra (conocida como María Tudor), María Antonieta o Donald Trump. En este sentido explican que "ahora existe una moda en la que llevas varias fotos a una empresa y hacen una muñeca con tu cara". En otra están representados todos los países del mundo a través de sus trajes típicos;otra está dedicada a cuentos tan universales como Caperucita Roja, Peter Pan, Blancanieves y los siete enanitos o El gato con botas;otra hace un recorrido cronológico por la historia de las muñecas y su estructura, etc. "La más antigua que tenemos es de 1909. Las de esa época son más blanquecinas y sus rasgos son diferentes, no tan bonitos.

Los trajes, en cambio, son espectaculares", señala Celaya, quien desvela que tras quitarles el polvo con un trapo les da crema Nivea para conservarlas. "En la mayoría de los casos hay que arreglar la ropa que traen cuando las compramos y tenemos que limpiarlas bien con alcohol, porque al ser de segunda mano, ya se sabe", comenta la mujer, natural de Peralta. Preguntados sobre qué opinan sus hijos y demás familiares de su curiosa afición, admiten que les dicen que están "locos. Al principio a mi hija (tienen tres hijos) no le gustaba nada. Decía que le daban yuyu, pero ahora están todos encantados y suelen traer a sus amigos y a los críos a visitar la colección y la verdad es que la gente que la ve, alucina. Tenemos las puertas abiertas para el que quiera verla", invita Celaya.

EXPOSICIÓN PERMANENTE

En este sentido, Echeverri confiesa que lo que verdaderamente les gustaría es ceder parte de su colección a un Ayuntamiento importante, como el de Pamplona, para que pueda ser visitada, aunque no es algo que les quite el sueño porque "siempre podemos esperar 100 años a que se revaloricen", señalan pensando en sus nietos y bisnietos. "Si hicieran una exposición permanente en Pamplona, por ejemplo, podrían visitarla los jubilados. Nosotros las tenemos amontonadas y para realzar su belleza hace falta que estén solas, en una vitrina o colocarlas con alguna escenografía", propone Echeverri. Por último destacar que el museo contiene también otras colecciones, por ejemplo de fuelles, cuadros, sombreros, abanicos, ajedreces, juguetes antiguos, campanas, calentadores, sartenes, trípticos religiosos (encontrados en casas de Francia) o jarras de cerveza alemanas y austriacas para "descansar la vista de tanta muñeca", concluye el matrimonio.


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