OPINIÓN

Arte que cuenta lo que pasa

Por Alicia Ezker - Jueves, 22 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Alicia Ezker.

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Arrancó Arco, llegó la polémica. Pero no artística, que es lo que se espera de una feria que habla del arte de nuestro tiempo, tiempo convulso para la libertad de expresión, sino política por la decisión de la dirección de Ifema (entidad organizadora de la feria de galerías de arte) de censurar, en contra de la voluntad del director artístico, la obra Políticos en la España Contemporánea, del artista Santiago Sierra. La pieza, un collage de 24 imágenes pixeladas en las que aparecen entre otros Oriol Junqueras o los jóvenes de Altsasu encarcelados, ya está vendida a pesar de que no llegó siquiera a exponerse al público en el stand de la galería Helga de Alvear porque fue retirada antes de la apertura de la feria. Objetivo cumplido por tanto, pensarán algunos, obra vendida y polémica servida. Pero algo así nunca había ocurrido en la historia de esta cita cultural y es un triste indicador de la persecución que están padeciendo los creadores en los últimos tiempos en los que se censuran obras de arte, se enjuicia a músicos, se retiran libros y hay personas encarceladas por sus ideas. De eso habla Santiago Sierra. La obra objeto de la polémica se completa con un vídeo en el que deja claro que no trata de convencer a nadie de lo que ese material artístico refleja, pero esa es su verdad. El arte no adoctrina, muestra, trata de abrir ventanas, genera preguntas pero no da las respuestas. Si algo se puede esperar del arte de vanguardia es que cada vez que te enfrentes a él sea diferente, motivador, cuestionable, polémico, comprometido, si así es la voluntad del artista. Así que cada vez que se acerca la feria de Arco una tiene la esperanza de entrar en ese gran escaparate para salir con la sensación de que el arte no se detiene ante la crisis ni ante nada. Pero no lo tiene fácil. El discurso de artistas como Santiago Sierra es incómodo, no se mueve en la zona de confort y nos impulsa a salir de ella. No es complaciente porque no nació para serlo, pero no ataca, no impone, no agrede, solo expresa. Y ese es el riesgo que algunos políticos no asumen, todos aquellos que quieren silenciar la libertad de expresión, los que tienen miedo a que las personas piensen por si mismas y se salgan de la masa con su propio criterio. Arco es una feria para vender obras de arte pero no para que compres el discurso de cada artista, eso no está en venta, por suerte, está por encima del mercado. Es una invitación a que seas capaz de acercarte, ver, mirar, oír, tocar y después decidir con toda la información hasta donde esa obra de arte te llega o no, con el espíritu crítico activo y las ideas claras sobre el devenir del arte que nos rodea. Arte que es y debe ser reflejo de lo que pasa y hoy lo que pasa es que falta tolerancia, formación y madurez democrática para no tener miedo a las ideas aunque choquen con las de cada uno. Una obra muestra lo que el artista ve, pero no te obliga a mirar igual. El arte no es la realidad, ni pretende serlo, pero ocurre en el contexto real y habla sobre lo que pasa. Eso es lo que ha quedado en evidencia con la retirada de la obra de Santiago Sierra, una acción de censura que ha sido interpretada como un ataque más a la libertad de expresión. Porque no se trata de debatir sobre si hay o no presos políticos, es evitar el debate y que alguien diga libremente que los hay. El arte es un reflejo de la sociedad y toda sociedad tiene una parte crítica por mucho que otra viva perfectamente acomodada. Si el arte se censura, es la propia sociedad la que es censurada. Igual que si se encarcelan las ideas es la democracia la que acaba encarcelada. El propio Sierra hizo publico ayer un comunicado en el que expresaba que actos así son los que “dan sentido y razón” a la pieza censurada. Tema aparte es el viejo debate de si eso es arte o no lo es, clásico ya en la feria de Arco. Y no es cuestión de gustos. El arte necesita sus códigos y sus espacios y una galería de la talla de Helga de Alvear, fundadora de la feria, y un artista del nivel internacional de Santiago Sierra no admite dudas: estamos hablando de arte. Un arte que en el caso de Sierra está siempre cargado de reivindicaciones sociales y políticas porque es un arte de denuncia social. Es el mismo artista que ideó para el Pabellón de España de la Bienal de Arte de Venecia 2003 la obra Palabra tapada, en la que se exigía tener DNI español para entrar al espacio expositivo y causó una gran polémica. Y es el que contrató a 30 personas desempleadas, con el salario mínimo, para que participaran durante nueve días en una de sus performances, El trabajo es la Dictadura, en la que las treinta personas rellenaron a mano mil ejemplares de un libro que se publicó con esa única frase. Y es también el artista que renunció en 2010 al Premio Nacional de Arte alegando que “el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio”. Ese es el artista al que ahora censura Arco. Uno más que entra en la lista negra como ya ocurrió con Eugenio Merino en 2012 y su obraFranco congelado en la máquina de Coca Cola, la pieza no fue retirada pero la Fundación Nacional Francisco Franco le denunció. O años antes cuando en un museo valenciano el PP censuró una exposición de fotografía de prensa que mostraba imágenes referidas al caso Gürtel. O lo que vivió Clemente Bernard cuando expusoCada uno a su gusto, en el Guggenheim Bilbao, donde el fotoperiodista reflexionaba sobre atentados terroristas y que fue criticada por la AVT, pero no retirada como pretendían. O persecuciones de carácter religioso como las que ha padecido el navarro Abel Azcona. Hay muchos más y seguirá habiéndolos. Porque no se trata de que el arte sea políticamente correcto, solo que le dejen ser.

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