La charla

Los talentos de Jesús

Por Álvaro Meoqui - Viernes, 23 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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me dejó pensativo mi compañero J.L. cuando me contó la parábola de los talentos. Parece ser que en la Biblia se cuenta la historia donde Jesús hace una repartición entre tres siervos suyos de unas monedas que en aquella época se llamaban talentos. A la vuelta de algún tiempo pregunta a los susodichos qué hicieron con aquellos talentos para saber cómo les ha ido. Dos de ellos han doblado su ganancia por haber hecho bien las cosas pero un tercero sigue exactamente con la misma cantidad de talentos, porque enterró aquellas monedas hasta ese mismo día. La peinada de Jesús al siervo debió ser de padre y señor mío.

Quitando el significado de moneda y poniendo a la palabra talento su significado actual, creo que la moraleja está bien clara, si tienes talento, úsalo bien.

No creo que tenga que venir Jesús a peinar a ningún chaval que tenga talento para jugar a fútbol, pero igual algún entrenador, de fútbol base sobre todo, debería remojarse el pelo. Por si acaso.

Seguramente un futbolista sénior o profesional ya ha desarrollado su talento y lo muestra cada domingo en el campo como sabe o como puede. Los niños son diferentes. Primero hay que descubrírselo y acto seguido hay que darle de comer para que crezca a la vez que el niño que lleva fuera.

Me llamó a escribir este artículo un entrenador de baloncesto que ordenaba a su equipo como si fuera el ejército coreano y que yo tantas veces he visto en el fútbol. Quizá por ordenar a base de gritos un día no desaparezca el talento en un niño, pero quizá por no dejar que la criatura sea más libre en sus partidos y entrenamientos sí que estamos quitando la comida al canario.

Para jugar a este fútbol base tan asquerosamente competitivo que tenemos, un niño necesita quitar el miedo, ganar confianza, ser como es él, e incluso muchas veces necesita ser libre. Todo esto hará que se divierta, que saque lo mejor de sí mismo y que su talento siga creciendo a la misma velocidad que crecen ellos. Así Jesús no le peinará, ni yo tampoco.

El autor es técnico deportivo superior

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