‘Alonsomanía’ sin límites

Una veintena de aficionados se colocó en una loma cercana al trazado para ver rodar al asturiano

Un reportaje de Iñigo Munárriz. Fotografía Iñaki Porto - Sábado, 24 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Cuando se habla de una pasión hay gente que no acepta un no por respuesta. Tras la locura desatada el jueves con el desembarco de McLaren en Navarra la cosa se puso seria y, aras de proteger la intimidad de la firma de Woking, el Circuito de Navarra echó el cerrojo.

Un Policía Foral y un miembro de seguridad prohibían el paso en una rotonda de acceso a la instalación, pero, como suele decirse en estos casos, hecha la ley, hecha la trampa.

Los aficionados de Alonso optaron por subirse una loma cercana al circuito y armarse de paciencia hasta que el asturiano saliera a rodar. Dos curvas a derecha y una a la izquierda es lo que se aprecia desde esa pequeña colina. Suficiente para que varios de ellos, combatiendo las bajas temperaturas y el fuerte viento, hicieran varias horas de espera.

“Llevo aquí desde las siete, ayer y hoy. Los dos días levantándome a las 5.40”, afirma Miguel Villar, de Miranda de Ebro. Miguel es uno de los fans más acérrimos del piloto. “En las carreras me pinto la cara, voy con un megáfono, voy con pancartas de tres metros que me tardan siete días en pintarlas. Fui el primer visitante de su museo y le he conocido unas cuantas veces”, afirma para después confesar que por tener, tiene hasta las sábanas de Alonso. “Me gusta vivir con las cosas con la máxima pasión”, aclara. No hace falta que lo jure.

Respecto a la temporada. Miguel considera que el cambio de motor Honda a Renault será beneficioso: “Renault siempre ha sabido hacer bien las cosas. Sabe hacer buenos motores, son fiables. Además dicen que el chasis es bueno”.

A su lado había otro grupo de aficionados con una mochila con latas de cerveza, para llenar el depósito durante la espera y separados del grupo principal varios fotógrafos aficionados tratan de dar con el mejor encuadre.

“Hemos pasado bastante frío pero ha merecido la pena”, comentaba Unai Iriarte, de Estella. Unai fue otro de los madrugadores a los que Alonso saludó cariñosamente a su llegada al circuito. “Estábamos cinco personas en la entrada y se ha parado, muy majo y muy amable. Estábamos con unas pancartas, nos ha firmado unos autógrafos, nos ha saludado y se ha ido para dentro”, cuenta el joven que confiesa ser un amante de los karts y trabajar de mecánico. “La afición al motor no te hace pasar tanto frío”, resume con simpatía. “Espero que este año vuelva a ser él otra vez”, concluye el estellés.

Otro de los presente, éste llegado desde Pamplona, hacía cálculos de las vueltas que daría el monoplaza, teniendo en cuenta que en un filming day como el de ayer solo se puede rodar 100 kilómetros. “Al menos aquí conoces gente con tus mismos gustos”, declaraba sobre la espera en la loma.

Entonces se oye el ruido de un motor a lo lejos. Todos giran la cabeza y centran la atención en el trazado. El MCL33 naranja papaya se acerca. Curva, otra curva y otra más. Completa unas pocas vueltas y vuelve a parar.

No es mucho, pero suficiente para los entusiastas aficionados. “Ya puedes decir en el cole que has visto a Alonso”, comenta un padre ataviado con una cámara a su hijo pequeño.

Entre los presentes el naranja papaya -que pretende volver a los orígenes de la escudería- goza de apoyo y consideran este nuevo McLaren de 2018 como un coche que puede marcar un antes y un después en la carrera de Alonso tras la decepción de Honda. Entre los críticos estaba Eduardo Díaz, de Logroño, que declaraba que el bólido es “un poco sosote” y que el de la campaña anterior le gustaba más porque tenía “más colores”.

Cuatro grados, fuertes rachas de viento, un sol que calienta poco y varias horas de espera. Solo hay algo que la climatología adversa no puede frenar: la Alonsomanía desatada.

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