José Mari Asín actor

“Ni he sido ni pienso ser políticamente correcto”

Espantado con un momento de juicios y censuras a raperos, escritores y artistas, el actor cree que ‘Misterio Bufo’ está, “desgraciadamente”, más vigente que nunca.

Ana Oliveira Lizarribar Unai Beroiz - Sábado, 24 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Asín, posando ayer en el Teatro Gayarre.

Asín, posando ayer en el Teatro Gayarre.

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Asín, posando ayer en el Teatro Gayarre.

pamplona- ¿En qué piensa cuando ve esa imagen del cartel de ‘Misterio Bufo’?

-Pues en que estoy igual (ríe). ‘Qué bien, José Mari, qué bien te sentó Misterio Bufo’.(Ríe)

Fue, sin duda, una obra que giró muchísimo hace veinte años.

-En aquella época creo que llegamos a setenta funciones, lo cual es una locura para un montaje local. Además de visitar toda Navarra, estuvimos en Aragón, La Rioja, Bilbao... Bajamos a Málaga, estuvimos en el Colegio de España de París... La verdad que lo movimos mucho y yo me lo pasaba muy bien, aunque tengo que reconocer que siempre que me veo en esas fotos me da un poco de pudor, pero a la vez me hace gracia.

¿Por qué decidió hacer ‘Misterio Bufo’ y por qué la ha retomado?

-Yo me tomé Misterio Bufo como un reto más que otra cosa, quería saber si sería capaz de hacerlo. Ahora ya no me interesa eso, ahora quiero disfrutar y hacer disfrutar. Y estar con el público. Esta función me permite mucho notar su presencia. Es una obra que te da mucho. Supongo que pasa con los monólogos. Antes de este solo había hecho otro, Sobre el daño que hace el tabaco, de Chejov, pero en el contexto de un montaje, y en este caso estoy solo todo el tiempo. Y es un disfrute total. A mí me gustaría hacer la función a dos metros de la gente.

Esta solo, pero no tanto.

-Estoy acompañadísimo. Tengo un montón de personajes conmigo con muchas ganas de salir. Se asoman, salen con mucha energía y se lo pasan divinamente. Es un ejercicio muy exigente para el actor, pero a la vez es muy divertido y gratificante.

Tendrá que estar en buena forma física para afrontar cada una de estas funciones.

-Si las enfrentara como un actor, quizá sí que tendría que hacer eso de ir al gimnasio, estar en excelentes condiciones físicas... Pero como he decidido hacerla desde el contador de historias, no tengo que enganchar a la gente tanto desde el movimiento del cuerpo como desde la veracidad de lo que estoy contando. Eso es lo que hay ahora sobre el escenario: un actor que cuenta una historia. Pero sí, efectivamente es muy exigente (ríe).

Se ha reencontrado con Ignacio Aranaz, que ya le dirigió en esta obra hace veinte años. ¿Han tenido que trabajar mucho o ya tenían gran parte de la tarea hecha?

-Hemos dado algunos retoques. Fo también lo hacía. Misterio Bufo iba cambiando conforme lo que ocurría en la sociedad. Integraba cosas que estaban ocurriendo o de pronto hacía una investigación sobre la sociedad medieval italiana y encontraba una anécdota sobre un fraile y la incorporaba al texto. Aunque nosotros apenas hemos cambiado alguna palabra. En esencia está el 98% de lo que estaba hace veinte años. Es que no ha perdido vigencia. Aunque sí es verdad que tenemos un cierto temor.

¿Qué temor?

-Tiene que ver con las referencias religiosas. En la obra salen las bodas de Caná o la resurrección de Lázaro, por ejemplo, y, claro, igual hay parte del público que no sabe de qué le estamos hablando. Nosotros le damos mucha importancia a esto, así que antes de contar cada historia situamos sobre todo a la gente más joven, que quizá en muchos casos no tiene conocimiento de esta clase de cultura que aprendimos quienes tuvimos que estar en colegios religiosos.

¿La figura del bufón es más necesaria que nunca hoy en día?

-Sin duda. Pero el bufón hoy en día corre muchos riesgos. Fíjate, solo hay que ver estos días. Gente que canta y la meten en la cárcel;el chico este que hace un montaje fotográfico con la imagen de Cristo y le juzgan y le multan;estos cuadros que se han retirado de Arco... ¿Estamos locos? Que alguien pare esto. Y encima se muere Forges... Esto es una tragedia. El bufón no tiene pelos en la lengua;en definitiva representa la frustración de la sociedad, que hay que sacarla, si no, enferma. Y más en esta tierra, que parece que si sacas a la Virgen o a Jesucristo hay gente que se pone muy tiesa. ¡No pasa nada, hombre!

¿Vivimos muy cómodos en lo políticamente correcto?

-Mucho. Y eso está bien en determinadas situaciones, pero el que no tiene que ser políticamente correcto es el cómico. Los cómicos no estamos para eso. Yo ni he sido ni pienso ser políticamente correcto. Fo lo tenía claro. Entendía esto de una manera muy radical y yo siempre he sentido una identificación muy genuina con él. No se puede andar con miramientos;con la libertad de expresión no se juega. No podemos transigir ni media, sería el principio del fin. Estamos en 2018 y están ocurriendo cosas jodidas, parece mentira. Por eso aquí estamos con Fo de nuevo en una sociedad en crisis.

¿El humor es la mejor respuesta?

-Es fundamental no perder de vista la crítica social, al poder, pero desde el humor. Ahí es donde los desarmas, porque el poder carece de humor. La risa es muy poderosa, es fantástica. Aunque yo ahora no intento tanto que la gente se ría, que si se ríe fenomenal, como que sonría. La sonrisa es maravillosa y he aprendido a percibirla. Es fantástico mantener ese estado de placidez en el que estás disfrutando y a la vez estás pensando. Es ese humor inteligente que tanto me gusta de Fo.

¿Tuvo ocasión de conocer al maestro hace ocho años cuando visitó Pamplona?

-Fue una suerte conocerle. Yo tengo tres referentes a la hora de entender el teatro: Molière, Brecht y Fo. A Molière no le conocí, Brecht murió cuando yo nací -1956- y a Fo tuve la ocasión de conocerle. Recuerdo que entonces estaba montando una obra de Feydeau con Ignacio (Aranaz) y me contó que él la había hecho con Franca (Rame). Fue un encuentro bonito.

Ha trabajado con Narros, Tambascio, Sanzol... ¿Qué le queda por hacer?

-Muchísimo. Todo. Me gustaría volver a trabajar con directoras y directores con los que he tenido mucho feeling. Esto no lo hago para pasarlo mal. No me interesa para nada trabajar con directores con los que no he conectado en absoluto, por muy famosos que sean. He tenido la suerte de trabajar con los directores que citas, pero no olvidemos a los de casa. Yo no entiendo mi carrera sin Redín o Aranaz. También me gustaría trabajar con gente joven y con nuevos textos.

las claves

“He tenido la oportunidad de trabajar con Narros o Tambascio, pero no entiendo mi carrera sin directores de casa como Valentín Redín e Ignacio Aranaz”

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