Carta al vértigo

Daniel Ezpeleta - Sábado, 24 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Vértigo es la levedad de una mujer en el cuerpo de un hombre. El vértigo es una sensación personal de caer en un vacío sin fin como la que sienten las personas transexuales o las que trabajan ocho o más horas y no pueden dar de comer a sus hijos o no los pueden tener y tienen que pedir ayuda;o las que no trabajan porque tienen más de cuarenta años y ya se les considera viejas y no pueden engañar como a los primerizos con contratos basura.

Y vértigo da ver desfilar al presidente del Gobierno animando a los trabajadores agotados a ahorrar en una cuenta de pensiones cuando les llega justo para vivir.

Vértigo da pensar que vivimos en un mundo irreal pero cierto, maravilloso, como si no pasara nada, copiando a un personaje inmoral que pasa olímpicamente de todo lo que no le interesa con una desfachatez sublime ninguneando al que sufre necesidad.

Vértigo da ver a viejos jubilados enrollados en una manta sin calefacción, con un brasero, en una sociedad para la que han trabajado toda la vida y en la que se pasean impunes gentes importantes que han robado millones y millones.

Da vértigo y náuseas la impunidad, ver y oír invocar la ley y la ley y más ley a los que mandan cuando no se cumplen las más elementales leyes de supervivencia.

Da vértigo vivir rodeado de muchas cosas así y muchos no lo soportan y se suicidan, cosa de la que en esta maravillosa sociedad se hace caso omiso en noticias y preguntas.

Vértigo da la justicia de las instancias más altas que juzga a políticos no afines al gobierno de una manera;y a los afines de otra, y muchas de las bajas instancias. Vértigo y nauseas.