Mar de fondo

El desodorante

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 24 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Anna Gabriel se ha largado porque cree que en España no le espera un juicio justo, pleonasmo que a menudo se convierte en oxímoron. Y ha hallado refugio donde más posibilidades tiene de residir sin ser extraditada, léase encarcelada, cumpliendo así con el deber de fuga que se le supone a todo preso o casi preso. Y probablemente ha cambiado de imagen porque de ese modo la mejora a ojos de quienes en su nueva casa decidirán sobre su vida, ya sea su libertad o su currículum. Porque no sólo quiere evitar la prisión. También tiene que ganarse el pan. Su puerta giratoria no acaba en Endesa, sino en Herrera de la Mancha.

Resulta muy atractivo un país donde, en vez de debatir con calma si es correcto encerrar a una política por alentar un referéndum, las estrellas mediáticas afirman que por fin usa desodorante. Donde, en lugar de preguntarse por qué una ciudadana desconfía tanto de la independencia judicial que, dejando familia, amigos, hogar y sueldo, prefiere escaparse, la tachan de cobarde por abrazar el chollo del exilio. Donde, sin aclarar que está en Suiza porque allí es difícil comprar al árbitro, no por su chocolate o sus bancos, afean su elección de destino. Donde, lejos de discutir el desmedido valor de la estética a la hora de ofrecer propuestas ideológicas o buscar un empleo, de destacar el don de lenguas mostrado por la huida, sin duda muy común aquí, de gastar un gramo de empatía tras su destierro, la mayoría subraya su peinado.

Es la carcajada irreflexiva del abusón de clase, que cuenta con todo un Hermano de Zumosol institucional y social detrás. Gran país, sí, pero Marta Sánchez sólo vuelve de visita.