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El constructor firmó la obra “fiándose” de los promotores

El contrato se rubricó en enero de 2009, cuando Bioenergía no era ‘nada’ en la planta

Sábado, 24 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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“Desconozco si se funda antes o después, firmo porque me fío de quiénes eran”

pamplona- La comisión que investiga la quiebra de la planta de Ultzama está dejando escenas casi surrealistas, pero que no dejan de ser reflejo de cómo se actuó en momentos determinados. Ayer, la comparecencia del consejero delegado de Construcciones Tornaría fue un ejemplo palmario.

JESÚS TORNARÍA LAJOS

Construcciones Tornaría

Jesús Tornaría Lajos recordó que el 24 de diciembre de 2008 hace llegar un presupuesto a Bioenergía Ultzama a través de Aierdi Ingenieros, el único interlocutor (junto con, después, el gerente de la concesionaria) que aseguró haber tenido en todo ese proceso. El 15 de enero de 2009, la oferta que un mes antes había hecho la constructora se materializa en la firma de un contrato con Bioenergía para hacer una serie de obras en la planta (a modo de “subcontrata”, especificó) por valor de más de un millón de euros, como recogió el parlamentario Adolfo Araiz (EH Bildu). En la firma de ese contrato, por parte de Bioenergía estaban, entre otros, Jiri Bezdicek (el empresario checo administrador de Levenger y presidente del consejo de administración de la nueva empresa) al que conoció “ese mismo día” y Patxi Tornaría, primo carnal del constructor, que aseguró no saber hasta el momento de la firma que su primo y concejal (después sería alcalde, de 2012 a 2015) en el Ayuntamiento estaba metido en el proyecto.

La escena, hasta ahora, podría ser normal. Lo que hace que los acontecimientos den un vuelco es percatarse de que a fecha de 15 de enero de 2009, Bioenergía Ultzama no tenía ninguna responsabilidad sobre la planta. Era una mercantil con participación de ganaderos, pequeños empresarios y la inicialmente adjudicataria, Levenger, pero que a 15 de enero no disponía de la concesión administrativa de explotación de la planta que obtuvo un mes después, cuando el pleno del Ayuntamiento autorizó el cambio. “¿Usted no sabía que, en ese tiempo, Bioenergía no era nadie, no tenía ninguna responsabilidad? ¿No pensó que le podrían estar engañando, que Bioenergía no era el verdadero promotor? ¿Quién le da seguridad de que son el promotor?”, preguntó Araiz. “Me fío de quienes eran”, admitió Tornaría Lajos. “Muy bien, usted firma un contrato de un millón y pico porque se fía”, concluyó Araiz, algo incrédulo.

No fue el único capítulo curioso. Como recordó de nuevo Araiz, cinco días después de la firma del contrato, Bioenergía cedió la obra a Levenger. Tornaría se percató del cambio meses después, en noviembre, cuando le requirieron que dirigiese las facturas a otra empresa. “¿O sea, que de enero a noviembre Bioenergía les oculta que ha cedido su contrato a Levenger?”, volvió a preguntar Araiz. “Pues sí, no teníamos conocimiento hasta que presentamos otra documentación”, zanjó Tornaría. - A.I.R.