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Los socios mayoritarios de la planta de Ultzama pidieron la liquidación del proyecto en 2014

Con el 42% de la empresa, los ganaderos decantaron la balanza en una asamblea extraordinaria. UPN, sin embargo, culpa al actual equipo municipal de un cierre inevitable

Andoni Irisarri | Oskar Montero - Sábado, 24 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Xabier Berruezo, administrador concursal de Bioenergía Ultzama, ayer durante su comparecencia.

Xabier Berruezo, administrador concursal de Bioenergía Ultzama, ayer durante su comparecencia. (OSKAR MONTERO)

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Xabier Berruezo, administrador concursal de Bioenergía Ultzama, ayer durante su comparecencia.

PAMPLONA- Una de las principales armas que ha utilizado UPN para evitar asumir responsabilidades políticas por la gestión y quiebra de la planta de biogás de Ultzama ha sido tratar de hacer ver que la planta podía seguir funcionando (ignorando todos los informes periciales de Comptos) y que el cierre respondió a una especie de venganza política por parte del equipo municipal de EH Bildu que desde 2015 gobierna la localidad. Un extremo que quedó desacreditado ayer, cuando el actual administrador concursal ratificó que la liquidación del proyecto comenzó cuando todavía gobernaba la localidad la sigla local afín a los regionalistas, y que se debió a que la mayoría de accionistas de Bioenergía Ultzama tomó la iniciativa de acelerar la liquidación de un proyecto que ya en septiembre de 2014 “no se podía considerar viable”.

La comparecencia del representante de Elizalde y Berruezo Administradores Concursales fue larga y didáctica. Xabier Berruezo, acompañado por el auditor Iñaki Ilundáin, recordó que su trabajo en la administración concursal comenzó en abril de 2014, y que la labor de liquidación no está siendo la más sencilla debido a la falta de información y documentación de la que ha adolecido el despacho desde el comienzo. Con el modelo de negocio dando problemas desde 2013, Berruezo precisó a preguntas del parlamentario Adolfo Araiz (EH Bildu) que la posibilidad de disolver la mercantil es algo que surge a mediados de 2014. “El 19 de agosto de 2014 hay una reunión del consejo de administración de Bioenergía en la que se trata el tema y se acuerda pedir la disolución”, indicó Berruezo, quien añadió que en ese encuentro se quedó en convocar una asamblea extraordinaria para ratificar el acuerdo con los socios. Ese encuentro tuvo lugar un mes después, el 29 de septiembre, cuando la planta ya quedó prácticamente vista para sentencia. “Al hablar de este punto, el gerente opina que o se hace una gran inversión o, incluso por cuestiones de seguridad, se tenía que cerrar;el abogado de la empresa también abogaba porque no se mantuviese abierta”, indicó.

63% de los votosTal y como se encargó de subrayar, el acta no recoge una lista de asistentes, pero en la votación queda claro que en la sala estuvo el 100% del capital. La ratificación del acuerdo tuvo el 63% de los votos favorables, de los que el 42% correspondían a la sociedad cooperativa Aritzalde, formada por los ganaderos. Sólo votó en contra de acelerar la liquidación y cierre un 37% del capital, capitaneado por el 15% de Levenger, la empresa de Jiri Bezdicek. Es decir, que los mismos ganaderos que en 2007 impulsaron el proyecto, según la tesis de UPN, fueron los que en 2014 se hicieron cargo de que la planta no podía seguir en marcha ni un día más, y que era necesario acelerar la liquidación y el cierre frente a un sector de la empresa, minoritario, que abogaba por la continuidad o que al menos era contrario a acelerar el proceso. Una actitud parecida se puede desprender de la actuación del Ayuntamiento por aquel entonces, gobernado por los afines a los regionalistas, y que en noviembre de ese año secuestró la concesión y prolongó la vida de un proyecto que arrojó unas pérdidas de 70.000 € para las arcas municipales en un año, según Comptos. Quizá, por aquel entonces, el Consistorio ya era consciente de que las últimas subvenciones otorgadas a la planta podían ser ejecutadas por el Gobierno foral si no pasaba un mínimo de cinco años, el plazo previsto, y que por eso era fundamental mantener con vida (aunque fuese de manera artificial) la planta durante todo el tiempo posible. “El Ayuntamiento pedía que no cerrásemos, pero la administración concursal tiene unos plazos que se tienen que cumplir”, concluyó.

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