la carta del día

La ‘Maravillas’ de Fermín

Por Mikel Arizaleta - Domingo, 25 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Maravillas, Maravillas / florecica de Larraga / amapola del camino / te seguiré donde vayas. /La noche los vio entrar / eran hombres sin luz / venían a todo gritar / eran la muerte azul, la ha cantado Fermín Balentzia por rastrojos, encinares y viñedos. Su Maravillas se ha escuchado en silencio y con una lágrima tierna de emoción y recuerdo en pueblos y ciudades.

Me quedó grabado a fuego cuando leí aquella página 353 del tomo I de la edición 2ª del libro Navarra 1936. De la esperanza al terror, editado por Altaffayla Kultur Taldea en 1984. ¡Qué bestias!

Maravillas Lamberto, de 14 años, niña guapa y alumna aventajada en la escuela del pueblo de Larraga.

“El día 15 de agosto (de 1936) se produjo uno de los hechos más repugnantes de toda la historia de la represión en Navarra: la muerte de Maravillas Lamberto y de su padre Vicente… Fueron una noche a por él y su hija le acompañó voluntariamente. Mientras su padre permanecía encerrado, a ella la violaron repetidamente. Después, en una camioneta abandonaron el pueblo. Dejaron atrás Iruñuela y pararon en el kilómetro doce donde mataron a Vicente en un encinar. A continuación, unos metros más adelante, desnudaron a Maravillas y repitieron la orgía anterior dejándola muerta en un enebro. Los asesinos no dieron cuenta y allí quedaron los cuerpos hasta que uno de Lezáun descubrió el cadáver de Vicentón, dio la voz a unos vecinos y lo enterraron en la huerta de Juan Bizkar. Una semana más tarde, y por el olor, descubrieron el cuerpo de Maravillas, totalmente descompuesto por los calores de agosto y comidos los gordos de las piernas por los perros. Estaba completamente desnuda. Ante la imposibilidad de poder trasladarla, le echaron gasolina y la quemaron allá mismo. Al resto de la familia les quitaron todo dejándoles en tal miseria que obligó a la madre a pedir limosna para comer y abandonar Larraga con sus dos hijas”.

Y el historiador Iñaki Egaña, en la página 239 de su libro Los crímenes de Franco en Euskal Heria 1936-1940 precisa: “Maravillas fue violada y ejecutada… el día grande de la Virgen de agosto de 1936, mientras los fariseos llenaban la iglesia y pedían una intercesión divina que ayudara a la Falange… La detención de Maravillas, tal y como relató su hermana Pilar…, la llevaron a cabo cuatro personas: el falangista Julio Redín Sanz (que murió más tarde en la guerra), el carlista e hijo del churrero de Larraga y dos guardias civiles del puesto de Artajona. Su padre Vicente contempló la perversión antes de ser también ejecutado”.

Escribe Danilo Albin: “Siguiendo la tónica habitual, los autores de este crimen disfrutaron la absoluta impunidad. De nada sirvió que en Larraga todos conocieran sus nombres. En cualquier caso, Josefina se niega a bajar los brazos. No lo hizo cuando era una niña y vio cómo se llevaban a su hermana y a su padre. Tampoco cuando los franquistas, para aumentar el dolor y el daño, les robaron la tierra que trabajaban. Su madre incluso acabó en la cárcel. Tras ser puesta en libertad, se marchó a vivir con sus dos hijas a Pamplona, la ciudad que hoy, por fin, 82 años después, dedica una plaza a Maravillas: la plaza en Lezkairu”.

Su historia es ejemplo claro de hasta dónde puede llegar el nivel de brutalidad de un ser con cerebro y maldad. Hace un tiempo descubrí a la poetisa Hilde Domin y su verso: No te acostumbres/no debes acostumbrarte/una rosa es una rosa/ pero un hogar no es un hogar. Hay libros que te acogen y acarician en la búsqueda, te orientan en la niebla y te señalan el camino como el de Altaffailla y su Navarra 1936 en los años 80, y un buen día con Maravillas te descubren la altura y miseria que un hombre y una mujer pueden alcanzar en la guerra. Y te hacen pensar y… ¿qué es de tu vida?

Fueron muchos los diputados forales y los alcaldes de distinto signo que en Nafarroa y en Iruña conocieron esta historia trágica en estos 82 años y gobernaron a sus gentes, pero ha sido hoy, en el 2018, con el alcalde Joseba Asiron y sus concejales quienes, por fin, con Fermín Balentzia han gritado en una plaza amplia en Lezkairu de Iruña aquellos versos escritos en su honor:

La muerte no fue capaz / de sepultar tu mañana / ni podrá pintar de olvido / la acuarela de tu alma. / Maravillas, Maravillas / florecica de Larraga / amapola del camino / te seguiré donde vayas.

E Iruña, con su plaza en Lezkairu, invita hoy a acercarse con una flor de emoción y recuerdo a la Maravillas de Larraga.

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