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Republicanismo

Jubilados en las calles

Por Santiago Cervera - Domingo, 25 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Tuve el honor de recibir en estas mismas páginas contestación a uno de mis artículos por parte de Jesús Santos, secretario general de UGT en Navarra. Tampoco se salió mucho de los topicazos, y llamándome “matamoros” creyó hacer gracieta, pero al menos no abundó en la descalificación personal, tan habitual por estos lares. Si en otra ocasión es capaz de escribir un poco mejor, poniendo las comas en su sitio y haciendo frases de esas que tienen sujeto, verbo y predicado, y además aporta algún argumento consistente, mejor. Pero se agradece su opinión, cómo no. Y además creo que hay que reconocer la parte de éxito que corresponde al sindicato a la vista de lo nunca visto, las nutridas manifestaciones de jubilados que esta semana pedían en las calles mejoras en sus pagas. La estrategia de movilización ha funcionado, y aunque no toda es de la UGT, ahí quedan las imágenes, inéditas e incluso inimaginables hace poco tiempo. La reivindicación es explícita y sin doblez: quieren recibir más dinero y se lo exigen al Estado, el que les manda la nómina cada mes. Son diez millones, con casuística diversa, pero lo que quedará en la pantalla es la imagen de aquellos que tienen una faz más castigada por los años y hablan de la insultante subida de pocos céntimos que han recibido en enero. Para ellos es una mierda, difícil rebatirlo. Como también difícil es explicarles que incluso esos céntimos adicionales se están consiguiendo en parte a crédito, emitiendo deuda pública que pagarán dentro de unas décadas justo aquellos que al jubilarse tendrán pensiones aun menores que las de los que se manifiestan hoy.

El sistema entero necesita una reforma radical, aligerar lo que le cuesta vivir a cualquier jubilado y quitar muchos mamoneos

No falta razón a quienes contraponen la paupérrima perspectiva del sistema de pensiones con lo que ha ocurrido recientemente en el rescate de las cajas y las radiales. O lo del almacén Castor de Florentino, añado. Indecente la perspectiva en la que esos jubilados a los que no se les mejora la nómina serán, junto con todo el resto de españoles, quienes paguen los desmanes de Bankia o Caixa Catalunya, el juego especulativo de las autopistas -si sale bien, gano yo;si sale mal, pierde el Estado- o las trapacerías de Pérez que transitan desde el palco hasta el BOE. Lo dramático es la obscena comparación de las cantidades respectivas. Lo que costó el rescate de las cajas es casi la misma cantidad (60.000 millones de euros) que todo lo que se llegó a ahorrar en el Fondo de Reserva;lo que cuestan las radiales equivale al préstamo que este año hace el Estado a la Seguridad Social;y lo del Castor, un pico equivalente al 10% del déficit anual del sistema. Cada vez se hace más difícil rebatir la idea de que vivimos en una plutocracia, el poder político organizado por el poder económico. Honestamente creo que a día de hoy es imposible subir más las pensiones, y que el sistema entero necesita una reforma radical. Pero también hay que reformar otros muchos espacios de la economía para quitar mamoneos. Si el jubilado se queja de su indudable pérdida de poder adquisitivo, lo que habría que contemplar es no sólo el dinero que le llega a fin de mes, sino el que injustificadamente tiene que gastar durante todos sus días. Sería perfectamente posible tomar medidas para que la energía resultara más barata, para que los precios regulados bajaran o para que se eliminaran impuestos y regalías en favor del Estado. Aligerar, en definitiva, lo que le cuesta vivir a cualquier jubilado. Aunque para ello haya que acabar con las gabelas concedidas a algunas empresas y las de la propia administración pública. Pero falta capacidad y coraje, y la consecuencia es el indefectible empobrecimiento de quienes no pueden hacer otra cosa que esperar a cobrar la pensión y asumir las cargas que hay que apoquinar simplemente por existir, algunas de ellas notoriamente injustas.

Apesadumbrados y silenciosos, una mayoría de cargos del PP miran a Moncloa buscando algún tipo de reacción ante el desastre que se anticipa. El consenso demoscópico es inapelable, la descoordinación del Gobierno -casilla sí, casilla no- cotidiana, y el calendario judicial de los próximos meses, terrorífico. Hemos mandado a un incompetente a ocupar despacho en el BCE, y el problema catalán se dirá terminado en cuanto el Parlament tenga a bien nombrar a otro independentista como president. Y por si faltaba algo, los jubilados ya se dejan ver tras la pancarta.

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