Ciáurriz persiste en su lucha contra una vía insegura

El Gobierno de Navarra ha instado al concejo a eliminar tres badenes porque no cumplen la normativa, y los vecinos demandan alternativas

Un reportaje de Virginia Urieta. Fotografía Unai Beroiz - Domingo, 25 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La carretera de la discordia, con los reductores de velocidad instalados, hace semanas, y sin ellos en la actualidad.

La carretera de la discordia, con los reductores de velocidad instalados, hace semanas, y sin ellos en la actualidad. (Unai Beroiz)

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La carretera de la discordia, con los reductores de velocidad instalados, hace semanas, y sin ellos en la actualidad.

Ziaurritz/Ciáurriz goza, además de un entorno tranquilo y envidiable, de tres polideportivos, según señalan sus propios vecinos: el frontón, junto al atrio de la iglesia;las pistas que les ofrece el monte que les rodea para hacer “salto de altura” -bromean- y la piscina, que viene a contener el agua cortante del río. Para ir a cualquiera de estas zonas de ocio hay que cruzar la carretera que atraviesa este pequeño pueblo de Ultzamaldea, que cuenta con 70 habitantes -22 de ellos niños y niñas en edad escolar-. Una vía comarcal, la NA-4241, de poco más de 200 metros que, más que una carretera, “para nosotros es nuestra calle”.

El problema es que los vehículos que circulan por ella “lo hacen a toda velocidad, y es un peligro”, a pesar de que señales sobre el paso escolar y otra de restricción de la velocidad a 40 kilómetros por hora advierten al visitante. Basta dar un paseo por la zona para comprobar que, a pesar de condensar su núcleo urbano en 4,1 hectáreas, es una vía de paso muy demandada, que va hacia Anocíbar y Anoz, en la que el tráfico es intermitente. Y la carretera, estrecha, sinuosa y con una pendiente reseñable, por la que circulan desde el autobús escolar -del que desembarcan todos los txikis a diario- hasta tractores, coches o quads. Pero también por la que pasan para hacer cualquier recado o, simplemente para jugar, los habitantes de una población que se “triplica” los fines de semana.

Fue la necesidad de salvaguardar la seguridad de los vecinos la que llevó a los miembros de la junta del concejo a instalar, ya en 2012, tres resaltos con el objetivo de reducir el riesgo de accidentes, pasos sobreelevados que no cumplen los requisitos que exige la normativa foral, por lo que el Gobierno de Navarra les instó a retirarlos bajo pena de multa.

Tenían de plazo hasta hoy aunque se adelantaron y ya la semana pasada eliminaron la que consideraban como mejor solución a su problema, pero demandan alternativas. “Ha sido una amenaza, nos hemos visto obligados a hacerlo, y no es justo. No nos negamos a quitar los badenes, pero al menos que nos ofrezcan una solución”, reclama la presidenta del concejo, Nuria Azcárate.

La ordenanza foral exige que los limitadores de velocidad se coloquen en tramos rectos o curvos con radio superior a 200 metros y al menos a 40 metros de la curva, separados como mínimo por 50 metros entre ellos y en tramos con pendiente que no supere el 5%. “Pero no se corresponde con la realidad, al menos no con la de los pueblos de montaña, la mayoría de los cuales carecemos de aceras y arcenes y no tenemos la posibilidad de colocar pasos de cebra”, lamentan.

Por eso se ampararon en la normativa estatal, “algo más permisiva”, pero a pesar de que desembolsaron un presupuesto de unos 9.000 euros en construir estos tres pasos -al principio, en el medio y al final de la carretera que atraviesa el concejo-, han tenido que volver a realizar una inversión para eliminarlos. “Y lo teníamos que hacer porque la multa ascendía a seis mil euros por badén. No nos podemos permitir pagar 18.000 euros, somos un pueblo pequeño y supondría por lo menos cuatro años sin poder realizar inversiones ni ejecutar ninguna acción”, denuncia Juan Peñalber, vecino y concejal.

Tratan de encontrar un punto intermedio entre ambas normativas, “pero sabemos que cambiar la ley es imposible. No puede ser que la única solución que nos ofrezcan sea retirarlos y que concienciemos a los chavales, que ya están bien educados”. A pesar de ello, los niños no son los únicos afectados. “Yo estoy preocupada como madre, pero también como hija y como sobrina -confiesa Mariví Larraya, concejala-. Aquí también tenemos mayores, y es un peligro también para ellos”.

apoyos Ya en enero, después de haber recogido firmas entre los vecinos, decidieron escribir cartas solicitando ayuda a otros municipios que comparten esta problemática con el objetivo de adecuar la orden foral que regula la utilización de dichos reductores, “intentando en todo momento que sea acorde con la convivencia de vehículos y vecinos del municipio”. Y son muchos, señalan, los que sufren la misma inseguridad. Recibieron más de 40 misivas como respuesta.

“Lo agradecemos mucho, sumando sus habitantes son muchos navarros los que están preocupados por el mismo motivo. También acudimos a la Federación Navarra de Municipios y Concejos, desde la que han intentado mediar, pero no pueden hacer nada”, lamentan.

Aseguran que no van a rendirse, de hecho, están buscando posibles alternativas. “Propusimos poner una señalización. Semáforos como en Olave pero que incorporen radares, que obligan a frenar o cambian de color según la velocidad. Estamos hablando con empresas instaladoras para ver qué opciones tenemos”, relatan. Quieren ir al Parlamento, aunque es algo que no está en sus manos. “Nuestra intención es llegar hasta el final, no hemos hecho todo esto para nada”.

en corto

Resaltos. El concejo instaló en 2012 tres reductores de velocidad, pero el Gobierno de Navarra les instó a retirarlos porque no cumplen la normativa foral.

La NA-4241. A pesar de no ser una vía muy extensa, condensa buena parte del tráfico de los que se dirigen a Anocíbar y Anoz.

la frase

nuria azcárate “Sabemos que no se puede cambiar la ley pero necesitamos una solución”

La presidenta del concejo avanza que están estudiando instalar semáforos.

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