RECORRIDO POR EL PATRIMONIO DE NAVARRA

Torre de Santacara Lienzo de una historia cierta

Los 300 m2 de la pared sureste de la torre, que dispondrán de iluminación en unas semanas, son la mejor muestra del patrimonio defensivo del Reino de Navarra

Un reportaje de Manuel Mª Sagüés Lacasa
Fotografía Fermín Sagüés G.

Domingo, 25 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La resistencia y equilibrio de más de 500 años se reforzó en 2010.

La resistencia y equilibrio de más de 500 años se reforzó en 2010.

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La resistencia y equilibrio de más de 500 años se reforzó en 2010.Silueta de la torre desde Santacara entre la neblina el pasado viernes.

La recuperación de la memoria y verdad histórica, y del patrimonio de Navarra tienen buenos valedores en Santacara, localidad asentada desde tiempos inmemoriales en las fértiles tierras serpenteadas por los meandros que el almadiero Aragón dibuja entre las villas de Carcastillo y Caparroso. Allí por donde las tierras medias de Navarra van dando paso a las norteñas y reales de las Bardenas.

El propio ayuntamiento, encabezado por su alcalde, Jesús Luis Caparroso Ruiz, José Antonio Villalba y otros siguen luchando por poner en valor las riquezas patrimoniales de Santacara;en especial, los restos del antiguo asentamiento romano de Cara y los restos de la torre homenaje de su castillo medieval. En esta ocasión tratamos de dar a conocer un poco más a esta torre del siglo XIII, que pasa por ser el mejor y uno de los pocos vestigios que del Medievo del Reino de Navarra queda en pie. También se quiere pedir que en este importante hito y símbolo, como lo son también el castillo de Amaiur, el de Lakidain... se siga actuando para su preservación y para ser elevado en todos los ámbitos de la cultura y de la interpretación histórica.

En el año 2010 se llevó a cabo una segunda intervención (114.000 €) de consolidación en la torre con una importante ayuda (55%) del Gobierno de Navarra y del Consorcio de la Zona Media. Trabajo que sacó a la luz otros restos que ayudaron a terminar de descifrar las dimensiones y la forma del castillo original del siglo XIII. Aunque se desvió parte del montante económico para los trabajos arqueológicos, se pudo acometer el acceso al paraje donde se levanta la torre mediante unas escaleras y la construcción de una pasarela. Las obras la realizó la constructora Leache y los trabajos arqueológicos corrieron a cargo del gabinete Trama. Queda pendiente una tercera fase en la que, además de otras intervenciones de excavación arqueológica, se afrontará la adecuación de los accesos para personas de movilidad reducida y la construcción de una estructura metálica para subir a la torre para conocerla más de cerca y para poder disfrutar de una extraordinaria vista panorámica.

LA HISTORIA EN DOS VISTAZOS. No puede conocerse la historia de Navarra en el siglo XVI de forma más pedagógica, visual, inefable, sencilla, clara e inolvidable que participando como alumno en una clase práctica por la ruta que va de Caparroso, y pasando la muga con Aragón, hasta Sádaba, la primera de las grandes cinco villas de la actual provincia de Zaragoza.

La clase práctica tiene dos paradas. La primera será en este municipio navarro de Santacara para conocer las ruinas de su castillo. Primero, disfrutando desde lejos de la esbelta silueta de su torre y, luego, pisando la tierra donde se encuentra y donde se ubicaron sus otras torres, murallas, fosos, patio de armas y demás dependencias. Otra vez en ruta, el profesor explica a los alumnos que la práctica finaliza con otra parada, visita y respuesta a una sencilla pregunta. La segunda parada de esta enseñanza será a pocos kilómetros, en Sádaba, para ver su hermoso, completo y robusto castillo. Al final de la clase se pregunta ¿por qué el castillo de Santacara está en ruina y el de Sádaba es tan bonito y está intacto? La incógnita se resuelve con una amplitud de respuesta que acota por un lado la mera sorpresa y, por el otro, un sentimiento vestido con un terno estupor y coraje con cabos negros.

Un sentimiento que hace levitar, más que apuntalar, ese bellísimo lienzo de la torre vigía santacaresa. Un resto almenado que no se cae y que ni siquiera se inclina al modo de la italiana torre de Pisa. Mágico equilibrio. Vestigio enigmático. Parece como que si el alma de este castillo, que fue muerto a sangre y fuego, salvara el último honor de no ser reducido por completo a polvo. Y aunque toda tullida, también toda bella y chula, esta torre sigue diciendo ¡navarros, aquí sigo!;como si fuera un mástil de inverosímil equilibrio y merecido homenaje que airea las enseñas de un viejo reino. Aunque antes que sentimientos de fábula, se necesita aumentar la puesta en valor de esta torre en la memoria de una historia cierta y como lugar de visita e, incluso, de culto. Es una singular y riquísima joya patrimonial que cita a ser intenso en el conocer y el sentir histórico.

FORMA Y ORIGENLa torre del castillo presenta lo que fue una estructura de dos plantas y conserva una buharda y una puerta de comunicación en alto. Su gran envergadura (30 metros de alto por 10 de lado) parece retar a la gravedad y también ha delatado a los arqueólogos e historiadores el enorme tamaño y forma de todo el complejo fortificado de Santacara. Este castillo se levantó en el siglo XIII, aunque ya hay constancia de un recinto defensivo en esta localidad en el siglo XI. Fue en el XIV cuando se añadieron los otros lienzos de muralla, cuatro torres que anudaban otras tantas esquinas del recinto y buhardas, macatanes, ménsulas de apoyo, almenas, troneras, saeteras… La conquista de Navarra por parte de Castilla durante los lustros 3º, 4º y 5º del XVI fue el final de la independencia del estado y de la vida de muchos y de sus defensas: Cisneros mandó reducir todo a polvo.

Los restos de este legendario castillo componen un colosal monumento que seduce y da gozo a la vista, a los sentidos y al arte de la fotografía. La esbelta y singular silueta de su torre principal es un hito que viaja mucho más lejos: observa y amplía el horizonte geográfico por la vega del Aragón;y permite compartir su don de poder retroceder en el tiempo hasta 800 años y, luego, regresar al presente con un esportón lleno de testimonios veraces y esenciales acerca de nuestra procedencia: la de Navarra, nuestro antiguo reino.

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