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Más autogobierno con pacto con el Estado

Si se reconoce al CEO como reflejo del interés general de la ciudadanía catalana, la coyuntura de excepción actual debe rectificarse con prontitud, como urge un Govern para poder articular un diálogo sin líneas rojas

Lunes, 26 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el último estudio del CEO, el equivalente catalán al CIS estatal, concluye que la opción por el Estado propio ha caído más de siete puntos en cuatro meses (del 40,2% al 32,9%), mientras que la preferencia por la autonomía ha aumentado en nueve (del 27,4% al 36,3%). El dato ha generado entre la sensibilidad unionista de Catalunya una satisfacción rayana en el entusiasmo, también porque los encuestados en el último sondeo se decantan como respuesta mayoritaria por la fórmula de la “comunidad autónoma de España” como configuración territorial predilecta. Sin embargo, ese 36% se ve superado por la suma de los formatos de “Estado independiente” (32,9%) y de “Estado dentro de una España federal” (19,4%), para un acumulado del 52,3% para la reivindicación estatalista que se corresponde con la mayoría de encuestados que consideran que Catalunya no ha logrado todavía un “nivel suficiente” de autonomía. La resultante es que el alborozo de las fuerzas españolistas queda más que matizado si se analiza el sondeo en su integridad, más cuando en la estimación por escaños del CEO el independentismo revalidaría la mayoría absoluta con 74 parlamentarios. Al margen de lecturas interesadas de los actuantes, como conclusión incontrovertible queda la apuesta ciudadana por una cuota como mínimo sensiblemente mayor de autogobierno, con expresa apelación a un pacto entre las partes para alumbrar un acuerdo bilateral con el Gobierno central, una demanda explicitada por el 36% de los encuestados, al que agregar otro 21% que insta la participación en la comisión de reforma constitucional y del sistema de financiación. Si se le reconoce al CEO la condición de radiografía del interés general de la sociedad catalana, el estado de excepción vigente, con la suspensión de la autonomía y políticos presos o en el exilio, debe rectificarse con prontitud. Como urgente resulta para empezar la configuración de un Govern que responda al mandato de las urnas para propiciar a continuación un diálogo resolutivo a la búsqueda de puntos de intersección, sin más líneas rojas que el sentido común y asumiendo la mutabilidad de las leyes. Lo que supone desterrar todo afán de unilateralismo, como el del PP impugnando artículos del Estatut calcados de Andalucía o Aragón que por decantación alumbró un procés en bucle del que sólo se puede salir desde la política, ahora suplantada por los tribunales y la Policía para agudizar un problema necrosado. Hora es ya de soluciones.

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