la carta del día

Las armas de Guta

Por Jaime Aznar Auzmendi - Martes, 27 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Nueve localidades situadas en Guta Oriental, próxima a Damasco, sufrieron uno de los castigos más atroces de la guerra civil siria. El insoportable recuento de víctimas empaña todavía más la imagen de Bashar al Asad, cuya permanencia en el poder parece irreversible. A pesar de la controversia, de los movimientos diplomáticos y del rumor sobre una posible tregua, la principal pregunta sigue sin formularse: ¿de dónde salen las armas de éste y otros conflictos?

Según el informe anual realizado por Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), Estados Unidos, Rusia y China son los mayores exportadores del sector. El volumen de negocio de estas tres potencias representa el 62,2% de las ventas mundiales, consolidando una tendencia alcista que se originó hace aproximadamente diez años. Sin embargo, la falta de transparencia de los actores implicados empaña el rigor de los datos. Ni siquiera el Registro de Armas Convencionales de la ONU (UNROCA) puede garantizar un conteo fiable. En este negocio los productores europeos están escalando posiciones, espoleados además por la crisis surgida en el seno de la OTAN. Desde la invasión rusa de Crimea, Washington ha presionado a Bruselas para que eleve su gasto militar. A finales del año pasado 25 países de la UE firmaron la Cooperación Estructurada Permanente de Defensa (PESCO), un embrión de ejército continental que también trata de afianzar su posición en el mercado. Y no es para menos, ya que el volumen anual de beneficios ronda los 100.000 millones de dólares. Medio centenar de conflictos activos garantizan una demanda tan antigua como el fuego o la rueda.

Sí, las armas que fabricamos se acaban usando. Siria, Yemen, Sudán del Sur, República Centroafricana, Nigeria, Afganistán, Pakistán... La lista es abultada. De uno u otro modo, nuestro producto termina en manos de la gente más pobre y desdichada del planeta. Cuesta creer que haya una solución definitiva, pero iniciativas como el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) de 2013 son la mejor opción. Los 130 países que firmaron el texto se comprometieron a paralizar cualquier envío si sospechaban que con él iban a cometerse crímenes de guerra o lesa humanidad. Hablamos de armas ligeras, carros de combate, aviones y buques artillados. Pese a la buena voluntad solo 83 estados han ratificado el acuerdo, dando una idea del nivel de cumplimiento que podemos esperar. En consecuencia masacres como la de Guta seguirán teniendo lugar. ¿Y qué podemos hacer? Empecemos por no mirar para otro lado.

El autor es historiador