Celebración de la vejez

El Auditorio Barañáin acoge este viernes (20.00 horas) ‘El Baile de los años’ proyecto de Ados Teatroa que conecta en un escenario a tres generaciones a través de la danza. Con indiscutible protagonismo de las personas mayores

Un reportaje de Mikel Bernués Fotografía Unai Beroiz - Miércoles, 28 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Daniel, Mari Cruz, Elena, Mila, Txori, Mari Luz, Conchi, Miguel Ángel, Goyo, Delia, Marian, Isabel, Montse, Ion y Bixente, durante uno de los ensayos en el Auditorio Barañáin.

Daniel, Mari Cruz, Elena, Mila, Txori, Mari Luz, Conchi, Miguel Ángel, Goyo, Delia, Marian, Isabel, Montse, Ion y Bixente, durante uno de los ensayos en el Auditorio Barañáin.

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Daniel, Mari Cruz, Elena, Mila, Txori, Mari Luz, Conchi, Miguel Ángel, Goyo, Delia, Marian, Isabel, Montse, Ion y Bixente, durante uno de los ensayos en el Auditorio Barañáin.

“Cuando Becky me ofreció venir aquí me hizo una ilusión terrible. Pero el primer día me hundí totalmente, pensé en dejarlo. Me recordó de buenas a primeras que tengo 77 años, principios de Parkinson, el corazón como una patata y todas las goteras que os podáis imaginar”, les cuenta Daniel de la Fuente a los alumnos de la Escuela Navarra de Teatro que fueron a verle ensayar. Comparte escenario con 11 mayores más con muchas ganas de danza. Señoras y señores metidos en un work in progress.

“Tuve la suerte de dar con estos compañeros y dije, ‘voy a seguir hasta donde pueda’. Y empecé a descubrir todo lo que me aporta. No voy a recuperar mi juventud. Eso ya pasó y es historia. Pero he descubierto que lo que puedo hacer en esta situación de limitación me va a servir para disfrutar de lo que me queda de vida, de mi ilusión, de lo que tengo dentro”, sigue Daniel. “Ha sido descubrir el auténtico baile, la expresión corporal”, dice.

Después de un mes de trabajo, el Auditorio Barañáin acoge este viernes El baile de los años (20.00 horas), un proyecto en el que distintas generaciones se mezclan, se tocan, se miran... y bailan. Sting, Tchaikovsky, Juan Luis Guerra, Mozart o Aretha Franklin. Les da igual. Ellos se mezclan, se tocan, se miran y bailan. Una niña de 10 años, tres adolescentes, tres adultos profesionales de las artes escénicas y las 12 personas mayores, protagonistas de la función por goleada.

La propuesta de Ados Teatroa va de eso, de dar voz a los que generalmente no la tienen con Derechos Humanos a Escena, un proceso de transformación social a través de las artes escénicas que impulsó en 2016. Este año el foco está en los mayores como colectivo en riesgo de exclusión social. “Nuestra premisa es que juntos estamos mejor”, explica la directora Garbiñe Losada. Y el productor José Antonio Vitoria insiste siempre que puede en esa reflexión sobre la vejez y su encaje en la sociedad, tan importante como el espectáculo que culmina el proceso. Ahí queda y algo deja.

“A mí de repente me dicen: vas a bailar. Y yo acojonadica. Pero acepté porque es una oportunidad que me ofrece la vida”, relata Elena Úriz, de 73 años. “Es cierto que tenemos la edad que tenemos. Pero cuando la gente se plantea qué es la vejez, nosotros somos la demostración de que la vejez tiene vida. No es estar a expensas de hijos ni nietos. En este proyecto me siento joven y contenta. Y soy yo”, dice. “Mi abuela decía que viejas son las cosas, no las personas”, apunta por su parte Isabel de Diego, de 79 años. En casa le llaman la abuela yeyé “porque estoy siempre de aquí para allá. Y esto no va a ser lo último, vendrán más cosas. Me encuentro muy a gusto, feliz y contenta de participar en este evento”, cuenta tan feliz y contenta. “Lo más bonito es esa unión entre tres generaciones. Bailo con los que podrían ser mis nietos”, expresa.

A Bixente, de 72 años, su neuróloga le pregunta que qué ha hecho. Le encuentra “anormalmente bien”. Incluso le ha quitado una pastilla de dopamina. Cuando era jefe de un grupo grande de personas, era el señor Apeztegia. “Ahora soy Bixente. Y no hay color. El párkinson me ha quitado el sentido del ridículo y el control de las emociones”, reconoce doblemente desinhibido: “En esta historia de la farándula se pierden complejos. Te abrazas, te besas…”. Al señor Apeztegia no le iba el baile. Pero Bixente probó a hacer danza con Becky Siegel “y me dijo que bailaba muy bien. ¿Yo bailar? En la puñetera vida. No era lo mío y ahora sí. Es la actividad que más me beneficia”. Tanto es así que le llama danza curativa. “Vengo por puro egoísmo. Y además estás con gente encantadora”, confiesa.

Por su parte, a Marian Yunta (71 años), antigua campeona de España de esquí, no le frenan ni una placa de titanio ni la fisura que se hizo una semana antes de los ensayos. Esquí, senderismo, montaña, bici, danza... “Las únicas barreras las pones tú”, argumenta con una seguridad que asusta. Y María Luz Yunta (77 años), fichada después de bailarse un rock and roll con bastón en las bodas de oro de su prima Marian, tenía tres ilusiones en la vida: montar una peluquería, dar clases de cocina y “el mundo de la farándula”. Está cumpliendo todas. “Me pueden surgir más cosas, pero este era el tercer evento. Y aquí estoy. No sé si lo hago bien o mal, pero disfruto horrores”.

becky siegel

La coreógrafa

Con los sinvergüenzas

La coreógrafa de Denver Becky Siegel emplea desde hace tiempo la danza como herramienta terapéutica para personas con esclerosis múltiple, párkinson, etc... Y ha encontrado en El Baile de los Años “un proceso muy rico y emocionante. ¡Ha sido tan fácil conectar!”. Este viaje también es el suyo, desde los recuerdos de su niñez a la edad adulta. “Me considero ya del club. La cuestión es perderle el miedo a envejecer, algo que ojalá nos toque a todos. Mirarlo de frente y decir, ¿qué voy a hacer con esta etapa?”. Siegel, que ha trabajado estructuras coreográficas sobre las que improvisar, se ha querido rodear de sinvergüenzas. “Es el privilegio de estar con gente mayor. La maravilla de llegar a un momento en que se empieza a perder la vergüenza, el qué dirán. Es una gozada. Podemos trabajar cosas sin romper esas barreras”.

También alude al poder transformador de las artes y asegura que “cada vez la sociedad reclama una vida así, más bailada”.

la reivindicación

“Estamos aquí”

Fomentar esa conexión

“Debería haber más relación entre jóvenes y mayores. Porque si no fuera por estos momentos puntuales no nos juntamos. Ves pasar a un joven, un joven ve pasar a un mayor, y ahí nos quedamos. Los mayores también tenemos culpa de eso”, explica Conchi Astiz, de 67 años. “Estoy encantada con eso de juntarte con gente joven, niños... Estoy pendiente de que llegue el día de ensayar porque me lo paso bomba. Es un proyecto muy bonito, y debería haber más cosas de estas. Que pudiéramos vivir más cosas juntos”, opina María Cruz Irurtzun (66 años).

“Lo que quiere transmitir el proyecto hacia afuera es que estamos aquí. Somos personas mayores, no una cosa que se deja ahí arrinconada y ya está. A las personas mayores nos dejan un poco de lado. Ya has vivido lo que querías o lo que te han permitido, y ahora ya como que te quedas un poco fuera de lugar. Eso cuesta asimilarlo”, añade Delia Bermejo, de 67 años. No debió de pensar igual el alumnado de Bachiller Artístico de Alaitz y de Atención a Personas en Situación de Dependencia de la Escuela Politécnica, presente ayer en el Auditorio. “Me están dando ganas hasta de envejecer”, dijo una joven al finalizar el ensayo.

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