Líneas rojas

Por Juan Luis Ripero Urra - Miércoles, 28 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

desde su toma de posesión, hace casi tres años, el nuevo Gobierno de Navarra ha ido tomando medidas para revertir el erial en que habían convertido Navarra los sucesivos gobiernos de UPN, con la ayuda del PP y PSN, -éste por acción y omisión en función de las necesidades-. Ahora vemos que la mejoría está siendo manifiesta, objetivamente hablando, ahí están los datos, pero sobre todo la clara percepción en la mayoría de la sociedad navarra. Queda mucho por hacer;pero lo más importante que es los objetivos y la forma de conseguirlos están definidos. Lo que realmente falta es tiempo y votos. Sirva esto como una somera introducción.

Porque el verdadero objetivo de esta carta es reflexionar sobre la acción de la oposición, marcado por ese concepto de líneas rojas.

Basta echar una ojeada al currículum de cada uno de los consejeros, presidenta incluida, para comprobar el prominente perfil profesional, de este Gobierno de Navarra. Por ello, la capacidad, conocimiento y profesionalidad son sus signos de identidad;y han marcado en el frontispicio de cada consejería la máxima de “por y para las personas”. Así lo están demostrando en su quehacer diario, sin servidumbres políticas en prácticamente ninguno de ellos, y, si alguno las tiene están en muy segundo lugar.

Antes de conformarse oficialmente el Gobierno, sin embargo, Adanero (UPN) ya lo bautizó como “el Gobierno del rencor y la venganza” del “revanchismo”, augurando, entre otras lindezas, que serán años complicados para el crecimiento de la comunidad”. La ínclita Ana Beltrán decía que a “este Gobierno sólo les une un interés común, alejado de la ideología de cada uno de ellos, y que es desalojar a quien ha gobernado durante muchos años”. Afirmaba además que tenía poco peso y corto recorrido. Por parte del PSN, María Chivite expresó que su partido “practicará una oposición constructiva y alejada de bloques” (un inciso, para estar alejada de bloques, está votando gran parte de las mociones con UPN/PP). Aquellas declaraciones de intenciones no llegan a mínimos fuegos de artificio, con el devenir de la legislatura. En ella UPN/PP (sobre todo), iniciaron una cruzada, -siempre necesitan estar bendecidos-, a base de intentar hacer que la acción política se librara en un lodazal, donde habitan relajados. Auguraron un apocalipsis a todos los niveles, de funestas consecuencias para nuestra comunidad, mintiendo a destajo, desarrollando una política barriobajera del todo vale (la ética era verde y se la comió un burro)… Han utilizado todo tipo de estratagemas para rehuir de su responsabilidad adquirida por los larguísimos años de auténtico desgobierno y auténticos hachazos de todo tipo de políticas (económicas, sociales y de convivencia). Y lo han hecho, además, porque no pueden consentir que los capaces de mejorar la vida de las personas sea un grupo de advenedizos, la mayoría de ellos sin experiencia política (y la de quienes la tienen, muy alejada de la suya tanto en su concepción, como en su aplicación). Pero estos advenedizos lo están logrando, gracias a su capacitación, profesionalidad, sentido común y muy buen hacer, demostrando que no es condición sine qua non, ser político.

Como no pueden rebatir los muy buenos resultados de ésas políticas, -errores al margen, que los hay-, ni son capaces de hacer propuestas medianamente razonables, recurren a la política arriba mencionada. La mezcla habitual: Euskarafobia, gobierno nacionalista o de Bildu, según toque, euskaldunizar y alguno que me dejo seguro. Y como la respuesta del Gobierno a estas afirmaciones es obviarlas y rebatirlas serenamente explicándoles el porqué de las medidas tomadas para revertir todas y cada una de las sus hazañas con acertados planes y buenos resultados… desde las bancadas de la oposición suben el tono. No pueden soportar esas respuestas, y elevan tanto el volumen como la calidad de las descalificaciones, insultando y traspasando la línea roja de lo personal. Para estos menesteres los que están a la sombra y moviendo los hilos utilizan sujetos que se me ocurre catalogar, siendo políticamente correcto, como de escasa sustancia gris, útiles. Acreedor de esta calificación (hay alguno más pero éste es insistente de narices) es, por méritos propios y larga trayectoria, el señor Sayas. Acostumbrado a progresar siempre adecuadamente, aunque sea empleado como cabeza de turco o ariete. Me pregunto cómo alguien que estudió en una universidad cobijada bajo la Obra de Dios, donde seguramente le enseñaron educación y respeto además de conocimientos académicos, puede llegar a ser tan zafio. Seguro que también trataron de inculcarle el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, pero le dejarían por imposible. Lo curioso no es ya su formación universitaria;es que ni siquiera recuerda a declaración programática de su partido, UPN. En el punto 17, el documento habla de “potenciar la moralidad pública”;y, en el 19 dice que hay que “tener presente los valores del humanismo cristiano”. Pues eso.

Parlamentario Sayas: si necesita confesar sus pecados, tenga en cuenta que, sin arrepentimiento y propósito de enmienda, no hay trato. Espero que personas sensatas de su partido, (las hay), le hagan reflexionar y abandonar esta deriva sin sentido y a ninguna parte que, seguro, muchos de sus votantes no aprueban.

Termino con la máxima: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. ¡Uf!, lo entiende, ¿no? Salud y libertad.

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