Arte

2018 y Arco

Por Alfonso Ascunce - Jueves, 1 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Dejada atrás la última edición de Arco, feria de galerías de arte, en la que el protagonismo absoluto ha sido acaparado por Santiago Sierra, su galerista, el despropósito de Ifema ejerciendo de censor, la pared vacía despojada de su pieza política, el revuelo mediático, el marketing, o el supuesto compromiso del autor, todo sigue.

Santiago Sierra es un artista contemporáneo neoliberal (como parecería que no puede ser de otro modo) y a río revuelto ganancia de pescadores. También es cierto que el evidente oportunismo del autor y la torpeza de la dirección de Ifema (que sospecho que efectivamente no es otra cosa que torpeza y arrogancia, y que ya antes ejercieron su censura) en nada resta validez a su propuesta y a la presencia de su obra que tantas ampollas ha levantado, que tanto ha permitido que se hable, (no se sabe si para algo) de las barbaridades que estamos sufriendo en el duro momento que vivimos.

En las disecciones y autopsias que se hacen del arte contemporáneo, el denominado arte político ocupa ahora mismo un lugar relevante y así se demuestra con la incorporación de tantos artistas al género (por así decirlo). Son muchas las obras inscritas en este capítulo que abundan en lo retórico, que desparraman inteligencia, quizás queja, pocas veces que propongan algo. En la ya histórica y leve obra censurada de Sierra no pasa nada de todo esto. Sin duda Sierra es un artista inteligente, otro esclavo más, aunque lo sepa, aunque pueda jugar y lo haga.

Resulta sorprendente que en un mundo que se cae a pedazos, y con la capacidad de los artistas para adelantarse, sean tan pocos los que propongan nuevas formas de organización.

Vivimos un mundo en el que los viejos van a los asilos, los niños a las guarderías, y mientras, arrastrados por unos tiempos y supuestos que ya acabaron, los demás a producir.

Mientras, aquí, en parte todavía del primer mundo, en Inglaterra y Alemania, la obra de Egon Schiele, que desarrolló su trabajo hace cien años en Viena y murió sin cumplir los treinta en la miseria, ha sido también censurada calificándola de pornográfica y demasiado avanzada para esta época. Vamos bien.

De veinte años a ahora mismo, los niveles de represión han aumentado de manera alarmante al tiempo que el miedo se ha instaurado. La promesa de libertad (de belleza) que se prometía ha desaparecido. Ha aumentado de modo salvaje la autocensura, lo conveniente, lo políticamente correcto. No se trata de luchar contra la censura, el éxito es que ésta se ha instalado. Afortunada la pieza de Santiago Sierra, que ha conseguido vehicular hacia ella y su propia figura, ríos de tinta, de imágenes. Que ha conseguido poner en el ridículo más bochornoso a la dirección de Ifema y sus tramas, que ha mostrado como un estado débil arrastrado por la corrupción es capaz de actuar una vez mas.

Como decía Groucho Marx, que paren el mundo que me bajo.

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