Amores de ópera en el MUN

LAS ÓPERAS DE CÁMARA ? |

Un reportaje de Paula Etxeberria. Fotografía Iñaki Porto - Jueves, 1 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La soprano Susana Cordón, como Cayetana bailando con su ‘pelele’ en una escena de la ópera de cámara de Julio Gómez.

La soprano Susana Cordón, como Cayetana bailando con su ‘pelele’ en una escena de la ópera de cámara de Julio Gómez.

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La soprano Susana Cordón, como Cayetana bailando con su ‘pelele’ en una escena de la ópera de cámara de Julio Gómez.

Dos historias de amores, o mejor, de búsquedas y anhelos de amores, en dos tonos muy diferentes, uno más melancólico y otro cómico y grotesco, propone el teatro del Museo Universidad de Navarra (MUN) para esta tarde. Un programa doble -con el que la ópera de cámara se estrena como novedad en este escenario- que, con la dirección de escena del pamplonés Tomás Muñoz, acercará al público dos títulos que son buen ejemplo de la renovación musical de los años 20, y que llegan a Pamplona en una coproducción del Teatro de la Zarzuela y la Fundación Juan March: El Pelele, de Julio Gómez;y Mavra, de Igor Stravinsky.

El Pelele es una tonadilla a solo cuya producción se basa en la versión original para canto y piano de Julio Gómez y en un libreto de Cipriano Rivas Cherif. Para escribir esta obra se inspiró en las tonadillas del siglo XVIII y no había sido representada desde 1968 hasta la actualidad. Con ambientación costumbrista, pero situada en un presente atemporal, aborda uno de los problemas tradicionalmente asociados a la mujer: permanecer soltera. Su protagonista, Cayetana, mira por la ventana mientras espera a un pretendiente que no aparece. La nostalgia por un tiempo que se esfuma la consume y, así, entre el rumor del cortejo a sus vecinas y la indiferencia de un capitán, decide buscar una solución a su problema cosiendo un muñeco de trapo.

En el caso de Mavra, Stravinsky tomó un librero de Borís Kojnó basado en un cuento de Aleksandr Pushkin (La Casita de Kolomna) para componer esta obra cómica en un acto, que se estrenó en 1922, con la versión que se representa en este montaje. La protagonista es Parasha, quien lamenta la ausencia del joven del que está enamorada. Entonces aparece el amado, con quien concierta una cita antes de que aparezca la madre de la joven...

Este programa doble se puso en escena hace dos años, a propuesta del Teatro de la Zarzuela, y llega ahora al MUN uniendo “dos óperas cortas diferentes pero con una trama argumental que permite relacionarlas”, destacaba ayer por la tarde Tomás Muñoz, tras el pase gráfico que se realizó para la prensa en el auditorio del museo universitario y que descubrió una escenografía de sugerentes transparencias enmarcando unas voces y unas músicas privilegiadas. El mayor reto y “el más bonito” de este proyecto ha sido para el director de escena navarro “dar unidad a este programa, lograr que resulte atractivo por su contraste y a la vez por su nexo en común. Que se vea que son dos obras compuestas en los mismos años, con una mirada al pasado y a la tradición, y cómo desde ahí se da pie a dos obras muy diferentes. Porque El Pelele es una tonadilla melancólica, sentimental, un poco tristona, pero al mismo tiempo con una música muy alegre y bonita, popular;y Mavra es más grotesca y musicalmente más exigente”.

Lo que tienen en común estas dos óperas de cámara es la búsqueda del amor como temática argumental y que ambas reflejan lo mal visto que estaba socialmente en el siglo XIX que la mujer se quedase soltera. “Aunque son obras de los años 20, las dos están ambientadas en el siglo anterior, en el XIX;y, claro, hablan de un mundo un poco tópico, ruso en el caso de Stravinsky y español en el caso de Gómez, en el que la mujer tiene que evitar quedarse soltera, y ambas protagonistas se las ingenian cada una a su manera para intentar evitarlo. Los propios compositores recurren a un cliché, haciendo versiones de mundos que incluso son del siglo XIX, como el de las costureras que buscan novio, un cliché que se ve mucho en las zarzuelas, en las tonadillas, y que forman parte de la cultura popular”, explica Tomás Muñoz, quien cree que ese estigma en la mujer soltera ya no es tan grande hoy -aunque sigue siendo mayor en la mujer que en el hombre-. “Esa consideración social ha cambiado mucho”, opina Muñoz.

En cuanto a la renovación musical que supusieron en su momento Mavra y El Pelele, el director de escena destaca que es evidente “sobre todo en el caso de Stravinsky, porque él odiaba la ópera, de pequeño le habían obligado a escucharla y la odiaba, y decidió parodiar el género, exagerándolo todo, con personajes grotescos, y esa libertad le permite el inventar mucho musicalmente. En el caso de Julio Gómez lo que hay es un deseo de recuperar una forma escénica, la tonadilla, del siglo XVIII, en el marco de ese renacimiento de los años 20 en España, esta cosa culta de mirar un poco al pasado”.

relevo generacional en el público Tomás Muñoz recupera estas obras con la ilusión de que el público de hoy conecte con ellas, o, por lo menos, acuda al teatro con esa intención. “Me gustaría que el público accediese sin prejuicios a poder disfrutar de esta música, algo que a veces creo que es complicado”, reconoce. En especial, en el caso de Mavra, que es, dice, “más exigente”. “Es una obra que forma parte del patrimonio universal, es Stravinsky, estamos hablando de una de las primeras figuras de la música del siglo XX. Poder escuchar una ópera de Stravinsky en versión original, porque él la compuso primero para piano, es un privilegio”.

Esta tarde la oportunidad de conexión con un público joven es inmejorable: “Es muy interesante que una universidad esté vinculada a un museo, y ese museo a su vez a un auditorio. Esta fórmula habría que explotarla para que desde el principio la música, el teatro y las artes plásticas estuvieran vinculados a la formación. Es algo necesario para que haya un relevo generacional en el público y un público formado, no solo académicamente sino en contacto directo con la cultura”, destaca Muñoz.

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