De frente

Censura y más

Por Félix Monreal - Jueves, 1 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El hecho es algo remoto. Un relevante entrenador de fútbol accedió a concederme una entrevista. El tipo ni tenía ni tiene pelos en la lengua;al contrario, dice lo que piensa aunque en ocasiones no se detenga a pensar lo que dice. De reconocida militancia política y enemigo de cualquier posicionamiento equidistante, había abrazado entonces la causa de uno de los bandos (y de uno de los líderes) en un litigio que fragmentaba al partido en su más grave crisis interna tras la Transición. En sus respuestas no ahorró ni en comentarios ni en críticas a la actualidad política. Sus palabras sonaban fuerte en la cinta de cassette, pero estallaban puestas negro sobre blanco en el folio. “Esto no te lo van a publicar”, me advirtieron en la redacción tras una primera lectura. Y la entrevista nunca vio la luz. El periódico que desechó la entrevista amparaba la postura que entonces, a mediados de los ochenta, cuestionaba con acritud el entrevistado lenguaraz.

La censura no es una epidemia reciente. La retirada de una obra en la feria de arte Arco, el secuestro de un libro, las condenas a raperos solo han venido a recordar que cuando algo molesta a los bienpensantes, al integrismo religioso o a los poderes fácticos utilizan toda su influencia para bajar el volumen de la crítica cuando no la acallan directamente. Los secuestros de revistas o impedir la actuación de grupos musicales comprometidos en sus letras tampoco son de tiempos de la dictadura. Son de esta dictadura sumergida.

Con ruido de sentencia judicial, aplauso de aparatos mediáticos o al amparo de libro de estilo, la censura defiende el viejo legado de la Inquisición. Pero debemos asumir también la existencia de una autocensura que, en el caso de una prensa debilitada por la crisis, obliga a poner un ojo en el teclado y otro en quienes con sus aportaciones contribuyen a sostener el proyecto, la empresa y el pago de las nóminas. Y de esto no escapan ni los adalides más ruidosos de la objetividad. Tengo la sensación de que caminamos hacia atrás. ¿Qué opinará Javier Clemente de esto?