Ainara Vera directora de cine

“Nunca imaginé que algún día una película mía iba a inaugurar Punto de Vista”

Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ainara Vera, directora de cine.

Ainara Vera, directora de cine.

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Ainara Vera, directora de cine.

Pamplona

¿Qué significa inaugurar un festival como Punto de Vista con su ópera prima?

Recuerdo que cuando estaba en la universidad estudiando Comunicación Audiovisual, Punto de Vista era para mí y para amigas el festival de referencia porque nos abrió la mirada muchísimo a cines que ni sabían que existían. Y el otro día pensaba que si me llegan a decir hace once años, cuando terminé la carrera, que algún día iba ya no a inaugurarlo, sino a proyectar una película mía en su programación, no me lo hubiera creído. Ni siquiera es un sueño cumplido porque nunca imaginé la posibilidad.

Ya estuvo con otra película, más bien un proyecto, Mira, mi rey, compartido con Victor Kossakovsky, hace un par de años.

-Sí, pero ese proyecto no está terminado;tiene segunda y tercera parte y, aunque está pensado para proyectarse en sala de cine o de exposiciones, es diferente. Hasta mañana, si Dios quiere lo siento más mío. Me ha llevado dos años de trabajo, le he dedicado muchas más horas y les tengo mucho cariño a las protagonistas. El otro es una idea más conceptual y este es distinto;estoy emocionalmente mucho más involucrada.

¿Por qué enfocó su mirada hacia esta comunidad de capuchinas de Burlada?

-Empecé la película por pura casualidad. Con mi anterior cortometraje (Sertres) gané un premio en Pamplona los Encuentros de Arte Joven 2014 y tenía que destinar la dotación a otro proyecto. Entonces tenía una idea que me parecía genial, me encantaba;se trataba de algo muy conceptual y tenía que encontrar el pueblo adecuado para hacerla. Así que cogí el coche y en diez días me recorrí casi todo el norte de España y, como suele suceder muchas veces en el mundo del documental, me di cuenta de que, llevada a la realidad, esa idea no tenía nada que ver con lo que me había imaginado. Me desilusioné, me gasté todo el dinero y todos los días libres que tenía... Me encontré sin dinero, sin ideas y tenía que volverme a Berlín para trabajar en otra película que no era mía y me di cuenta de que o encontraba algo o no iba a poder hacer un proyecto mío hasta pasado bastante tiempo.

¿Y cómo se cruzó esta comunidad en su camino?

-Pues decidí abrirme. A veces intentamos encontrar lo maravilloso fuera, a 10.000 kilómetros, cuando quizá está mucho más cerca. Y empecé a mirar cosas que tenía alrededor y de las que no podía decir absolutamente nada porque desconocía por completo qué había en esos universos. Uno de ellos era este convento, que conocía, pero que nunca había visitado. Una tía mía vive allí y le propuse que me dejara ir a hacerle un retrato. Ella lleva viviendo décadas allí y yo nunca había cruzado la puerta de ese edificio. Cuando entré empecé a hablar con ellas y me di cuenta de que había tenido muchos prejuicios, de que no tenía ni idea de quiénes eran esas mujeres y de cómo se relacionan. Todo lo que me decían y lo que me contaban me rompía esquemas. He comprendido que ir a investigar un lugar o una situación que te genera prejuicios es muy interesante.

Al principio va con la idea de hacer un retrato de una persona, su tía, pero la comunidad acaba siendo la protagonista de la experiencia.

- Claro, es que una vez que entré me di cuenta de que el concepto de individualidad que manejan ellas no tenía nada que ver con el mío. Y vi que era absurdo intentar hacer un retrato de mi tía sin retratar su comunidad. Lo que es mío, lo que es tuyo, la familia... El yo es muy diferente allí.

¿Cómo se ganó su confianza para que le permitieran grabar sus conversaciones, sus llamadas telefónicas, sus fotografías personales...?

-Ellas son muy generosas. Son unas mujeres muy valientes porque abrirse de la manera en la que se han abierto ante mi cámara, mostrándose como seres humanos totalmente distintos entre sí ha sido un regalo por su parte. Esto es más mérito suyo que mío, pero sí que es verdad que me gané su confianza poco a poco. También hay que decir que al principio me dijeron que sí a todo y que luego recularon un poco y prefirieron no grabar algunas cosas, pero en general se abrieron mucho. Acabé hasta durmiendo allí para que vieran que yo también me estaba abriendo a ellas. Desde el principio conectamos mucho, había algo muy auténtico en ellas que me encantó nada más conocerlas y allí no puedes ir si no te abres. Son unas personas muy sensibles y perciben al instante hasta las más pequeñas sutilezas. Cuando estás con ellas debes ser transparente y mostrarse en cuerpo y alma;en ese punto es donde nos encontramos.

¿Cómo fue el rodaje? ¿Cuándo se sumó la productora navarra Arena Comunicación Audiovisual?

-La mayor parte de la grabación la hice yo sola. Empecé un verano para hacer un teaser y poder desarrollar el proyecto y luego iba y venía y en cada visita me encargaba de la cámara, la luz y el sonido, precisamente para que hubiera cuanta más intimidad mejor. Sí que es verdad que al final del rodaje, cuando ya tenía la historia clara y la estructura montada, hicimos un rodaje más grande, con más iluminación y una steadycamm, pero nunca estuvimos más de tres personas porque queríamos ser muy respetuosos y, sobre todo, preservar esa intimidad.

La película nos muestra sus rutinas. Sus rezos, sus charlas, sus opiniones;cuando se cortan el pelo, sus labores de costura... Seguramente momentos que ni nos imaginamos.

- Lo que más me interesaba mostrar es que estas mujeres han sido muy activas, pero mucho, durante toda su vida, y ahora están en una etapa en la que esa actividad se ha reducido. Y lo curioso era mostrar cómo 17 mujeres que habían pasado toda la vida cuidando se dejaban cuidar, que para ellas es una situación rara. Cómo asumen este nuevo momento y cómo se acostumbran a vivir y a pasar juntas todo el día;cómo podían compartir todas esas horas sin perder la personalidad de cada una y mantener la armonía. Ellas mismas dicen que la convivencia es lo más difícil de la vida religiosa.

Son muy curiosas las reflexiones que hacen, incluidas las referidas a temas religiosos
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- Es que son mujeres que han estado toda la vida mirando hacia dentro y hacia fuera y cada una ha llegado a sus propias conclusiones. Y no son nada dogmáticas. Hay que tener en cuenta que muchas han trabajado con alcohólicos, drogadictos y personas en rehabilitación. Alguna me contaba que cuando el Proyecto Hombre rechazaba a alguna persona acudía a ellas como último recurso. Así que no es que se hayan quedado en casa rezando, han tenido que enfrentarse mucho a la realidad y toda la parte religiosa la han tenido que ir adaptando a las vivencias y problemas que veían. Llevan toda la vida analizando, hablando, haciendo introspección y retiros y los conceptos de bien y mal los tienen muy elaborados, así que llegan a conclusiones muy auténticas y cada una de manera diferente dependiendo del país o el lugar donde les haya tocado vivir. Por ejemplo, me llamaba mucho la atención que no querían ir en coche a ninguna parte, hasta que un día escuché que una decía que el autobús es el transporte del pueblo. A mí me quedan años luz para alcanzar la consciencia que tienen ellas de las cosas.

También está muy presente el humor en sus vidas.
-Eso es lo que me gustó de la comunidad. Son mujeres muy alegres, se ríen mucho y esa fue la clave, ahí es donde vi el documental. Personas mayores con humor es una combinación increíble. Me daba miedo alguna de las cosas que salen en la película, como, por ejemplo, lo que una de ellas dice de Caín y de Abel, pero ellas no le dieron mayor importancia porque asumen sus opiniones. Ven como una virtud no tomarse las cosas muy en serio.

¿Por qué escogió la música de Granados para la película?
-Tenía muy claro que la música tenía que estar en su contexto. Por eso no podía usar jazz o contemporánea porque rompía la atmósfera en la que ellas viven. Son casi como de otro siglo y les pegaba música así, y una vez estando en el convento estaban viendo la televisión, sonó Granados y comentaron que les encantaba. Yo me quedé con el cuento y, meses después lo recordé y empecé a escuchar a Granados. Me fascinó, me puse a investigar sobre la vida del compositor y justamente el día en que estaba mirando la información se cumplía el centenario de su muerte. Y como en mi película una de las hermanas cumple 100 años, estaba claro que esa pieza tenía que estar. Ellas se merecen tener una música de este nivel.
¿Han visto la película?
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Sí, en noviembre pasado hicimos un pase privado en Golem y para ellas fue toda una experiencia. Hay que tener en cuenta que algunas hacía más de 40 años que no iban al cine. Alquilamos un autobús y coches adaptados, en Golem se portaron muy bien y pusieron la calefacción la noche anterior, estuvieron solas en el cine... Estuvieron encantadas y la película les gustó mucho. Creo que este lunes también van a ir varias a Baluarte.

La película estuvo seleccionada en el IDFA (Internacional Documentary Festivalfilm Amsterdam), una de las citas de cine de no ficción más importantes del mundo.
¿Cómo fue la experiencia?
- Recuerdo que antes del pase tenía miedo porque no sabía si iría gente a verla y resulta que tres días antes se habían vendido todas las entradas. Fue súper especial porque yo pensaba que la película iba a gustar más a gente mayor y vi que llegó mucho a la gente joven. Y al coloquio se quedó casi toda la sala.

¿Qué camino seguirá ahora?

-Pues hoy (jueves 1 de marzo) se proyecta en el Festival de Cartagena de Indias, la semana que viene estará en París y ya hay otros festivales interesados, pero como todavía no han publicado su programa no lo podemos decir. La película va a tener vida, sí.
¿Y ya trabaja en nuevos proyectos?
-Sí, pero no míos. Estoy trabajando en proyectos de otros y ya tengo algunas ideas propias que quiero empezar a desarrollar.
¿Qué ha aprendido haciendo Hasta mañana, si Dios quiere?
- Uff... Sería mejor preguntar qué es lo que no he aprendido. He aprendido muchas cosas. Que me hayan dejado filmarlas ha sido el mejor máster. He podido equivocarme y he tenido tiempo de rectificar, y eso no suele suceder. Me han dado el tiempo suficiente para hacer la película que quería hacer. He aprendido a escuchar mejor, porque ellas saben escuchar muy bien, y mucho más. Creo que ahora soy diferente de cuando empecé a hacer el documental. Todo lo que te dan es desde la humildad y desde la templanza. Yo soy acelerada, emocional y me encanta todo lo que yo no soy y ellas son;ojalá que me hayan contagiado algo.

"Que estas mujeres me hayan dejado filmarlas ha sido el mejor máster que podía llegar a hacer" "El humor que percibí en la comunidad fue la clave que me decidió a hacer el documental" "Cuando estaba en la universidad, Punto de Vista me abrió la mirada hacia cines que ni sabía que existían" "Ir a investigar un lugar o una situación que te genera prejuicios es muy interesante" La realizadora navarra abrirá mañana, a las 19.30 horas, el Festival Punto de Vista con Hasta mañana, si Dios quiere , un retrato de 17 monjas capuchinas de Burlada