Editorial de diario de noticias

El órdago de Putin

A dos semanas de las presidenciales rusas, en las que es el favorito tras dos décadas en el poder, amenaza a Occidente con un programa de rearme que le sirve para aglutinar el fervor patriótico pero poner en riesgo el equilibrio mundial

Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Vladimir Putin acaba de dar un golpe encima de la mesa anunciando a bombo y platillo un programa de rearme que amenaza con mandar al garete el actual equilibrio estratégico mundial. Entre las novedades está el misil balístico Sarmat y la plataforma Avangard, con alcance prácticamente ilimitado y que -de ser ciertas las afirmaciones del presidente ruso- convierte en inútil el escudo antimisiles de Estados Unidos y son capaces de hacer frente a cualquier ataque a Rusia procedente del exterior. No hay pruebas fehacientes de que este sofisticado armamento sea una realidad o esté operativo a corto plazo pero en cualquier caso la sombra de una nueva Guerra Fría o una descontrolada carrera armamentística ha planeado sobre las cancillerías occidentales, que dudan de la veracidad del anuncio o el estado real de desarrollo de estos programas. Putin nunca a renegado de su idea megalómana de la Gran Rusia a la manera del Pedro I el Grande o del tándem Lenin/Stalin. Las tensiones que ha ido generando a lo largo de sus mandatos el nuevo zar ruso se agudizan ahora en un momento crucial a falta de dos semanas para las elecciones presidenciales rusas. El inquietante anuncio puede tratarse de una nueva o de un nuevo golpe propagandístico para perpetuarse en el poder tras casi dos décadas instalado en el Kremlin. O las dos cosas. Putin, favorito de nuevo en las elecciones del día 18, no renuncia a nada para sucederse a sí mismo y perpetuarse en el poder. Mantiene un inaceptable asedio a cualquier opositor político que ose cuestionarle, ejerce un férreo control sobre los medios públicos y una asfixiante presión sobre los privados y cercena sistemáticamente los derechos políticos de la ciudadanía. Su régimen, de todo menos democrático, lleva camino de convertirse en una nueva Unión Soviética tras imbuirse de su trasnochado militarismo y la pugna permanente con Occidente y la línea dura con EEUU. Putin, de 65 años, concurre a las elecciones con la victoria garantizada y la única duda de si ese será o no su último mandato. No tiene ganas de jubilarse y aspira a seguir al frente de Rusia al menos durante otros seis años. Por eso lo mejor que podría pasar es que el anuncio de los nuevos sistemas armamentísticos infaliblessea un órdago para arengar a las masas y sembrar de dudas a los estrategas occidentales. Lo contrario supondría una escalada de imprevisibles consecuencias.

Más sobre Editorial

ir a Editorial »