Mesa de Redacción

En política, ser pelma es tan malo como ser gafe

Por Joseba Santamaria - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

no esperaba mucho de la presencia de Esparza en el Foro de la Ser y en ese sentido no me defraudó. Fue un compendió apretado por los rigores del tiempo radiofónico del mismo discurso negativista y falsario sobre la Navarra actual que lleva tres años repitiendo como un mantra. Habla de lo que no ocurre ahora en Navarra para tratar de ocultar en el olvido social lo que sí ocurrió en los años anteriores con UPN en el Gobierno, incluso con su propia participación como consejero. Y para intentar colgarse alguna supuesta medalla que está muy lejos de poseer. Pero lo que hace tres años podía pretender ser una estrategia de lluvia fina para calar su discurso en la opinión pública navarra, el paso del tiempo ha convertido ese discurso catastrofista en un mundo imaginario en el que apenas habitan Esparza y sus acólitos más fieles, pero no la mayoría de la sociedad navarra. En definitiva, la lluvia fina ha derivado en una pelmada política cada vez más difícil de soportar dos minutos seguidos. Y Esparza debe saber que para un político con intenciones de liderazgo aparecer ante la sociedad como un pelma que repite siempre las mismas monsergas -cuando no dice auténticas memeces irreales y competir con Ana Beltrán en ese mundo se antoja muy difícil para ganar-, es tan malo como ser tenido por gafe. Pero su paso por la Ser sí dejó dos detalles para analizar. Esparza lleva arrastrando tres años ese rictus amargo que se le quedó en el rostro desde el primer momento tras la pérdida electoral de 2015. Transmite, por ello, la misma sensación de derrota que entonces. Sus asesores de comunicación deberían mirar esto antes que hacerle repetir en cualquier tribuna, institucional o mediática, las mismas ocurrencias y manipulaciones una y otra vez. Y, sobre todo, su desesperada oferta de pacto con Ciudadanos, PP y PSN. Que un partido como UPN, que nació en 1979 supuestamente para defender los restos del régimen foral -su historia posterior ha dejado esa pretensión, más allá de la parafernalia simbólica, en entredicho en infinidad de ocasiones-, se aferre a una alianza con Ciudadanos, cuyo principal mensaje político hoy es la supresión del Convenio Económico y la eliminación precisamente del autogobierno foral para equiparar a Navarra con el resto de los territorios del régimen común en el Estado, sólo es una evidencia de su incapacidad política. Posiblemente, porque las encuestas, una tras otra, insisten en el estancamiento, cuando no retroceso, electoral de UPN en sus previsiones para la cita de 2019. Al margen de las consecuencias que la crisis actual de Podemos, a la que difícilmente se le ve un fin cercano, pueda tener en la consolidación de la actual mayoría política en Navarra. Una oferta sobre la que además Esparza recibió un duro desplante político de Chivite, quien afirmó que el PSN no entrará en ese acuerdo ni en ese juego porque supone, a su juicio, la vuelta un pasado ya caduco en la sociedad navarra. No salió bien parado Esparza, pero al menos contribuyó a resituar al PSN de Chivite en el escenario político habitual de los socialistas navarros: ¿Qué hará el PSN en 2019? Sabemos lo que dice ahora Chivite, pero no lo que hará el PSN en 2019. Quedan los recuerdos de los pasados recientes y la duda de si habrá una nueva renuncia a los compromisos públicos y si Chivite volverá a la práctica de la histórica política socialista en Navarra del cangrejo.