Cambio climático: de mal en peor

Por Julen Rekondo - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que es el principal órgano internacional para la evaluación del cambio climático, y que fue creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en 1988 para ofrecer al mundo una visión científica clara del estado actual de los conocimientos sobre el cambio climático y sus posibles repercusiones medioambientales y socioeconómicas, ha publicado cinco informes que evidencian los cambios en el clima y su correlación directa con la actividad humana.

El cambio climático y los impactos que se derivan son el reto de carácter global más importante que las sociedades humanas han afrontado jamás. Encarar este reto exige una transformación profunda de los actuales modelos energéticos y productivos y un compromiso mundial al más alto nivel. El calentamiento global no es exclusivamente un problema ambiental. Incide en muchos ámbitos y se convierte en una cuestión primordial que afecta a la biodiversidad, el modelo económico, la movilidad, el comercio, la soberanía alimentaria, el acceso al agua y a los recursos naturales, las infraestructuras y la salud. Por este motivo influirá cada vez más en las políticas mundiales, estatales y locales. La alteración de las variables climáticas -temperatura, precipitación, humedad, velocidad del viento y temperatura del agua del mar, entre otras- y el aumento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos -sequías, inundaciones, olas de calor- ya conllevan un riesgo para los ecosistemas, para la preservación de la biodiversidad y para las personas.

Pues bien, hace unas semanas se filtraba un borrador del sexto informe que el IPCC está elaborando para la próxima Cumbre del Clima (COP24), que se celebrará en la ciudad polaca de Katowice en el presente año. Este borrador plantea claramente que poco o nada se ha avanzado desde la Cumbre de París que se celebró en diciembre de 2015.

Según el informe, para no superar la barrera de los 1,5º C de aumento de temperatura a finales del presente siglo, será necesario una urgente y drástica reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), ya que las emisiones establecidas para 2030 bajo el Acuerdo de París son superiores a los escenarios compatibles con el horizonte de 1,5º C.

El informe rompe con el antiguo umbral de seguridad climática de los 2ºC para finales del siglo XXI y se centra en marcar por un lado las reducciones necesarias para no sobrepasar los 1,5º C y, por otro, cuáles son los diferentes escenarios existentes entre llegar al grado y medio y los dos grados de aumento de temperatura desde la época preindustrial (1850-1900).

Con los datos del informe en la mano, llegar al grado y medio de aumento de temperatura global ya acarrearía de por sí consecuencias como la desaparición del hielo ártico en septiembre, la desaparición de grandes cantidades de corales en las barreras marinas o el desplazamiento de 100 millones de personas, algo que, por otro lado, ya está ocurriendo en la actualidad.

El informe es contundente y plantea la imposibilidad de dilatar más la toma de medidas efectivas, ya que si continuamos con las políticas actuales será imposible reducir las emisiones a tiempo para no superar los 1,5ºC o incluso los 2ºC. De hecho, el borrador del informe ya considera que no nos encontramos en disposición de alcanzar ciertos horizontes: “Incluso con la mitigación de emisiones de CO2 más restrictiva considerada en un escenario de 1,5ºC, si el resto de las emisiones de los elementos responsables del cambio climático no se reducen significativamente, existe una probabilidad mayor del 66% de que la temperatura global supere los 1,5ºC”.

Conseguir el objetivo de no sobrepasar los 1,5ºC requiere un compromiso político mucho más consistente para forzar una descarbonización de la economía a pasos agigantados, que en el Estado español significaría que un tercio de la energía debería ser renovable en 2030;o que debe dejarse de usar el carbón de manera urgente.

Las conclusiones que se pueden extraer del borrador de informe, que se prevé que no cambiará sustancialmente para cuando sea aprobado definitivamente, es que las cosas van de mal en peor. Mientras tanto, el Gobierno español parece no tener ninguna prisa por tomar medidas, y evita por el momento llevar adelante una ley ambiciosa contra el cambio climático, mientras que las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando. Menos mal, que algunas comunidades han cogido la delantera, y ahí tenemos al Gobierno balear que presentó el pasado 11 de febrero una Ley de Cambio Climático. Anteriormente fue Cataluña, que aprobó una Ley de Cambio Climático el 1 de agosto de 2017, y dentro de poco será Navarra.

El Gobierno de Navarra, tras aprobar la Hoja de Ruta del Cambio del Climático, se plantea el desarrollo de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que se prevé que sea aprobada a lo largo del presente año. Esa norma daría soporte jurídico a la Hoja de Ruta del Cambio Climático. El citado documento plantea reducir las emisiones globales de efecto invernadero en un 45% para 2030, con respecto a 2005, con el objetivo de contribuir a que la temperatura no siga aumentando. De la misma manera, aspira a que en 2030 el 50% del consumo energético en la Comunidad Foral proceda de energías renovables, y en 2050, sea el 100%.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente