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blanca fernández premio berdinna por su contribución al avance de la igualdad

“Los principales cambios sociales del XX y XXI han llegado de la mano de las mujeres;podemos retroceder según quien nos gobierne”

Histórica en la lucha feminista, se implicó en este movimiento que elevó a la universidad en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Una entrevista de Lola Cabasés Hita | Fotografía Javier Bergasa - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Blanca Fernández Viguera en la Vuelta del Castillo de Pamplona.

Blanca Fernández Viguera en la Vuelta del Castillo de Pamplona. (JAVIER BERGASA)

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Blanca Fernández Viguera en la Vuelta del Castillo de Pamplona.

Pamplona- La historia y la evolución del feminismo en Navarra (como en la mayoría de los sitios) se ha escrito a golpe de manifestación, de trabajo y de perseverancia. Detrás de cada paso o zancada, según se mire, hay personas, hay nombres propios, hay formación, esfuerzo y lucha. Se habla de muchos feminismos, es un concepto poliédrico. Feminismo institucional, académico, movimiento feminista... Un nombre propio destaca en Navarra precisamente por su formación, su espíritu académico, su arenga y perseverancia. Más de 40 años lleva la socióloga Blanca Fernández Viguera, de 66 años, aunando su vida y aficiones al avance del feminismo, a empujar para que la mujer ocupe el lugar que le corresponde, a denunciar la desigualdad. Y todo desde la academia, pero también desde la calle y la reivindicación al uso. Ahora este esfuerzo ha tenido una recompensa, seguro que no será la única. Blanca Fernández Viguera, socióloga, feminista y experta en Género ha recibido, en su primera edición, el Premio Berdinna 2018 a la Investigación Social, del Gobierno de Navarra, por “su contribución indudable en el avance por el logro de la Igualdad entre mujeres y hombres”.

Le han dado el premio. Zorionak! ¿Qué destacaría de su aportación en favor de la igualdad entre mujeres y hombres?

-La verdad es que la aportación más importante pueden ser, en realidad, en dos ámbitos. En los inicios de IPES, allá por 1978, empezamos a hacer cursos de historia de las mujeres y de teoría feminista. Constituimos el departamento de estudios de la mujer en el 79 y traemos a Navarra la teoría feminista que se está expresando en ese momento en el Estado e internacionalmente. Son los años 80 y un momento en el que Navarra es un lugar en el que no hay universidad pública, es una sociedad muy cerrada, muy conservadora, y las ideas del feminismo son absolutamente rompedoras. Esos debates constituyen un revulsivo rompedor y revolucionario. Fue como abrir una ventana para que entrara aire fresco. En esos cursos hay un gran nivel de participación de mujeres y del movimiento feminista. Esta línea de trabajo que yo inicie sigue hoy en IPES, en la Escuela de Feminismo en la que sigo participando. En 1985 entro en la universidad, en la Escuela de Trabajo Social que depende de Zaragoza, y allí estoy hasta que arranca la UPNA en 1993. En la Escuela de Trabajo Social empezamos a impartir asignaturas que tienen que ver con las mujeres y en el practicum proponemos líneas de investigación sobre mujeres. En esta escuela y en la UPNA, a partir de 1993, daba métodos de investigación social y enseñaba al alumnado a hacer trabajos en el ámbito de la desigualdad entre hombres y mujeres, y de problemas específicos de las mujeres, pobreza, exclusión, de género, violencia de género. Abordamos el diagnóstico social para la intervención social. He sido profesora de esa asignatura prácticamente siempre hasta que implementamos el posgrado en la UPNA. La desigualdad entre hombres y mujeres, feminización de la pobreza, y violencia de género han sido temas constantes. Mi aportación ha sido desarrollar estudios de género en la universidad.

Bueno, también en aquellos años se implica en otros movimientos feministas fuera de las aulas

-Sí, si claro, Yo siempre he dicho que el movimiento feminista tiene una pata en la universidad y otra en la calle. Para conocer lo que pasa con las mujeres, el contacto universidad y sociedad es fundamental, absolutamente obligado. Además, el grupo con el que yo me encontré en la universidad, Conchita Corera, Mario Gaviria, etc son personas que, como yo, provenían de los movimientos sociales. Hemos estado antes en los movimientos sociales que en la universidad por eso la nuestra era una relación de ambos ámbitos absolutamente natural. Hay gente más del entorno académico que tiene que dar el salto, pero nosotros no lo necesitamos. Mario del movimiento ecologista, Conchita de movimientos sociales de base, yo del movimiento de mujeres...

Usted estudia Sociología en Bilbao, en la Universidad de Deusto, y peleará por modernizar la enseñanza ¿no?

-Sí. Me licencié en 1975 y fue también una escuela de feminismo: de mis profesores solo una era mujer y nunca había referencias bibliográficas de mujeres. Ya de profesora, durante 8 años, en colaboración con IPES, implantamos en la UPNA el programa de Género que estaba al margen de la academia pero tenía reconocidos créditos de libre configuración. Esta actividad arranca cuando el Instituto de la Mujer de Madrid comienza a dar ayudas a las universidades para desarrollar estudios feministas, estudios que tengan que ver con las mujeres. A iniciativa de IPES se proponen estos cursos en 1999-2000 y hacemos ocho ediciones, hasta 2007-08, en los que trabajamos los temas de Igualdad, Violencia de Género y Prostitución. Traemos invitados de todo el Estado. El curso se llena todos años, en colaboración con el Instituto Mujer de Madrid, el de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona. Nos piden que puedan cursarlo personal de sus respectivas instituciones para formarse. Así hemos tenido técnicos formándose en Igualdad, en Violencia de Género, a agentes de la Policía Municipal, que luego fueron las UPAS, alumnado que obtenía créditos de libre configuración en el programa de Género. Teníamos tanta gente que había que seleccionar. La verdad es que fueron cursos que despertaban mucho interés. Las primeras técnicas de Igualdad también lo hicieron. Con ello, configuramos una red de contactos de profesorado asiduo a este curso y el departamento de Trabajo Social de la UPNA en el momento del diseño de los posgrados nos anima a que hagamos un posgrado. Así se fragua.

¿Cuándo comienza a tener reconocimiento académico la formación sobre Género?

-Tras esta experiencia, se me propone transformar esto en un módulo de especialización del posgrado de Trabajo Social, había uno de Exclusión Social, otro de Juventud y otro de Género. Me parece buena idea tener reconocimiento académico de los conocimientos de Género. En el año 2007-08 creamos el módulo de un posgrado y sale la gente especializada en Género. En 2010-11 se reconoce como título propio de la UPNA y ha sido elegido por muchas y muchos profesionales de Navarra en el campo del Derecho, Bellas Artes, Psicología. Es un curso entero con cuatro asignaturas. Se habrán formado más de 500 personas, profesionales que van a intervenir en sus trabajos y van a ver las cosas con esa perspectiva de género, gente bien instalada e influyente en sus ámbitos.

¿Cree que las nuevas generaciones, que nacen con la formación tecnológica en sus venas, tienen asumido también que somos iguales?

-Yo siempre digo que hay de todo, no me creo que haya unas generaciones que vienen con o sin... pero se puede decir que hay una tendencia, porque se ha reconocido la Igualdad a nivel democrático, de leyes los derechos al trabajo, a la educación, etc. Recuerdo que al principio en los cursos de Género había alumnado que decía somos iguales, hay igualdad;yo he elegido estos estudios porque he querido. El mito de la libre elección funciona mucho y tiene mucho que ver con el velo de la igualdad. Si hago esto es porque lo he elegido, si soy desigual es porque lo he elegido no porque la sociedad, la estructura me hace ser desigual... y yo les devolvía la pregunta y les decía pues es curioso que el 90% de esta clase las que habéis elegido hacer Trabajo Social sois mujeres. El reconocimiento en las leyes de la igualdad está claro pero cuando quitamos el velo y rascamos un poco vemos que hay una desigualdad tremenda. Hemos pasado del patriarcado autoritario al patriarcado democrático. En tiempos de nuestros padres, de nuestras abuelas todo estaba prohibido y ahora parece que no, pero ahora cuando te sales de la norma lo vas a pasar mal. Hay unos mandatos de género que te hacen seguir unas serie de pautas porque sino no lo vas a pasar bien.

¿Dónde están los grandes cambios? ¿Ha sido fundamental la aportación feminista?

-Como grandes cambios del final del siglo XX y principios del XXI se dice que ha habido una revolución silenciosa que ha ido de la mano de las mujeres y es la que ha producido grandes cambios sociales. Yo creo que hay algunos rasgos que son claros. La crisis familiar y el surgimiento de nuevos modelos de familias, el cambio de modelos de familias ha venido de la mano de las mujeres, hemos hecho cambiar el modelo. Hubo una época que las feministas defendíamos que había que destruir la institución familiar, porque pensábamos que era la pieza clave del patriarcado, y ese esquema de ganador de pan y trabajo en casa ha cambiado. Yo no se si la hemos destruido pero es evidente que el modelo o los modelos de familia son otros y que ha habido cambios interesantes. El tema de la incorporación masiva de las mujeres a la enseñanza superior ha sido un fenómeno social sin precedentes. Cuando yo estudié éramos una minoría y ahora las aulas las llenan mujeres. Ahora bien, si corremos el velo de la igualdad vemos que se produce una segregación dentro de la enseñanza, tanto universitaria como en la FP: las mujeres seguimos eligiendo en lo público lo que hemos hecho tradicionalmente en el campo de lo privado que es cuidar, sanar, educar y, normalmente, son carreras, son formaciones que tienen menos prestigio social, menor valoración. En las ingenierías sigue habiendo un 20% o menos mujeres que hombres. La incorporación masiva de las mujeres al empleo también ha sido un cambio sustancial. Ahora muy pocas jóvenes se plantea formarse para quedarse haciendo trabajos domésticos y de cuidados, aunque hay casos. La idea de formarse es con miras a lograr un buen empleo y la idea es familias con dos empleos, lo que hace que hombres y mujeres afronten sus relaciones de forma diferente. Poner en la agenda pública de los gobiernos los derechos de las mujeres como parte de los derechos humanos (se aprobó en Beijing) también ha sido importante aportación feminista. Los derechos sexuales y reproductivos han posibilitado decidir si queremos tener hijos, elegir cuántos y cuando, un cambio importante para la vida de las mujeres, poder decidir sobre el cuerpo de las mujeres., Y como consecuencia de todo, el salto de la mujer a la esfera pública. Todo ello han ampliado la democracia.

¿Qué retos considera que quedan por delante?

-Esta revolución se ha dado. Son cambios importantes pero quedan retos tan poderosos que nos hacen dudar de si, efectivamente, los cambios han sido de tanto calado y la revolución tan importante. Algunos retos que cuestionan estos cambios, el tema de la violencia de género, que es sangrante y parece que los poderes públicos no se explican y para mi es porque hay desigualdad. El sistema patriarcal y todo sistema desigual tiene dosis de violencia para mantenerlo. Todo lo que sea proteger a la mujer está bien, pero no está ahí el quid de la cuestión y hay que ir a las causas que son estructurales. Mientras haya desigualdad, las dosis de violencia estarán ahí para mantenerla. La violencia es como un pájaro que nos sobrevuela porque aunque no experimentemos la violencia de género, sabemos nos puede pasar. Muchas mujeres no hacen cosas por temor a que se ejerza la violencia. Luego, se expresa con la muerte de una mujer por semana.

¿Se considera feminista? ¿Qué es para usted ser feminista?

-Por supuesto, claro, siempre me he considerado, es parte de mi identidad.

¿Cómo y desde cuándo está comprometida con la causa feminista? ¿Desde pequeña?

-No desde pequeña no. Yo creo que voy con la misma trayectoria que hemos tenido todas las mujeres en este país. Yo empecé comprometiéndome políticamente empecé en la lucha antifranquista en la LKI. En unos primeros momentos anteponíamos la lucha antifranquista a los derechos de las mujeres pero enseguida nos dimos cuenta de que había que defenderlos. En la carrera, tomé conciencia de la desigualdad, que nunca nos citaran bibliografía de una mujer es una barbaridad. Tuve una profesora en toda la carrera. En la militancia política, que la mayoría de las direcciones fueran hombres, nos llevó a que en todos los partidos hiciéramos comisiones de Mujer. En el sindicalismo también creamos comisiones de mujeres.

Familia, municipio, sindicato... y la cárcel, cuente cuente.

-También fui detenida y estuve dos veces en la cárcel de Basauri, por mi militancia política estando en Bilbao (1972), fui juzgada por el TOP. En la cárcel compartí espacios con presas comunes y conocí una realidad que me hizo tomar conciencia. Estaban todas por delitos propios de mujeres. Había mujeres por aborto, clandestinos claro, enfermeras y otras mujeres de a pie que usaban esos métodos tremendos. Me enseñaron todos, meterte la aguja, el jabón Chimbo con la pera... estuve un mes. Había prostitutas, había mujeres encarceladas por abandono de hogar, con tres días era suficiente para ser juzgadas y condenadas. Conocí la desigualdad y la exclusión. Fue una escuela que también me hizo tomar conciencia de los derechos de las mujeres.

En las primeras movilizaciones feministas, primeros 8 de marzo que por cierto cumplen 40 años, se reivindica el derecho al trabajo y los derechos sexuales y reproductivos... ya ha llovido desde entonces, siempre las mismas ¿Parece que llega relevo?

-Yo creo que ha habido años de feminismo más institucional, Institutos de la Mujer, del acceso de feministas a los órganos de decisión. También hubo un momento en el que parecía que siempre estábamos las mismas en todo, concentración de violencia de género, 8 de marzo, lunes lilas, etc pero realmente el movimiento siempre ha estado ahí, ha mantenido organizaciones y se ha ido renovando. Ahora estamos en otro momento. La crisis lleva a reinvindicar la pérdida de derechos y yo creo que hay un cambio también a nivel internacional, por ejemplo ante el triunfo de Trump, es espectacular lo que ha generado, o todo el movimiento Me too para denunciar los abusos sexuales. Las organizaciones han permanecido siempre y ahora estoy admirada por la incorporación de estas generaciones jóvenes que han enlazado muy bien con el movimiento. Aquí vemos una importante respuesta contra las agresiones en las fiestas, por ejemplo.

Sí, si hablamos de mujeres jóvenes pero ¿que pasa con los chicos, se implican?

-Bueno yo tengo mis dudas. Me alegro mucho de que salgan a la calle con nosotras, y de hecho hay que convocarles también y tienen que oír nuestras consignas. Vemos que se movilizan ante las agresiones sexistas, ante las violaciones, ante la violencia pero yo a muchos les preguntaría ¿cuánto hacen en casa? ¿Cuánto valor dan a los cuidados? ¿Cuánto al sostenimiento de la vida? Está pasando en la juventud en general, el desprecio al trabajo doméstico y al de cuidados, y es un trabajo para la vida. Además, dándole valor estamos dando valor a lo que hemos hecho las mujeres y en muchos casos es más importante que el empleo es saber alimentarnos, saber cuidarnos... Dicen no me interesa aprender a cocinar, ya comeré de bares... hay una no comprensión del trabajo para la vida. El tema de las madres es sangrante, chicas y chicos dejan todo en manos de las madres, la igualdad está en decir yo no hago esto, ya me lo harán. El papel de los abuelos y abuelas con los nietos...Todos los miembros de la familia tienen que participar, desde la corresponsabilidad, en los trabajos del sostenimiento de la vida, hay que darle valor a esta realidad.

¿Hacia dónde va el feminismo?

-Que pregunta más fácil (ríe). Espero que vaya a responder a los retos que tenemos y que son muy profundos. El feminismo está en la calle, está respondiendo y está exigiendo. Creo que hay menos ocultación, menos miedo. Por ejemplo, en el tema del acoso sexual me parece muy importante que esté saliendo la denuncia y eso dice algo del movimiento feminista. Pienso que mucha gente está tomando un compromiso individual y es bueno.

¿Hacia dónde debería ir?

-El deber no lo voy a decir. No hay un feminismo, hay feminismos y espero que vayan a resolver retos, porque hay un sistema patriarcal, jerárquico, excluyente, heteropatriarcal, dominante y ahora hay que ver como se le debilita. Me parece que no nos tomamos en serio que hay un sistema patriarcal, un sistema capitalista que genera desigualdad, que genera exclusión, explotación de las mujeres, muchas veces del cuerpo de las mujeres, y me parece que hay tomárselo en serio. No es tan fácil. Podemos establecer nuevas leyes y derechos que mejoren nuestra situación pero nos tenemos que plantear hasta que punto todo ello está quitando fuerza al patriarcado o se le está reforzando bajo otras formas... Es un debate que hay que hacer.

¿Qué le diría a una joven, un consejo de vida?

-A una chica joven... En primer lugar es importante que tome conciencia de su situación, que es una situación objetiva de desigualdad, de posible acosos, agresiones, violencia porque todo eso se sustenta en la desigualdad. Luego le diría actúa libremente después de saber lo que hay. Eso tiene que ver con el empoderamiento, que es una toma de conciencia un conocimiento de la situación, de los derechos que tienes y tomar partido en esa situación, saber que vas a hacer con todo eso.

Y a los padres y madres de adolescentes. ¿Qué les decimos?

-Que vean su propia situación de desigualdad y transmitan ese saber y conocimiento y la importancia de la lucha por conseguir nuevos derechos, nuevas leyes que garanticen la igualdad. Hay que mantener esos movimientos porque gracias a ello hemos conseguido una sociedad bastante más amable que la que tenían nuestras madres y abuelas, más vivible. Hay que tener una visión positiva de lo que se ha conseguido, las cuotas de libertad que hemos conseguido y esperemos que no vaya para atrás.

¿Hay riesgos de retroceso? ¿Alertas?

-Yo si que creo que hay cosas que pueden ir para atrás, depende de quienes nos gobiernen, de cómo y cuanto la Iglesia pueda influir en los Estados, en los poderes públicos de ahí la importancia de que la Iglesia, bueno las religiones, que hay muchas, estén al margen de los poderes públicos. Es tal la influencia que por ejemplo después de Beijing (2015) no se ha vuelto a celebrar una Conferencia Internacional porque se piensa que puede haber un retroceso. Los fundamentalismos han crecido. Hay que estar siempre en alerta porque con los retrocesos siempre se va contra las mujeres.

Todo este trabajo suyo personal en pro de la igualdad ¿le ha merecido la pena?

-A mi sí. Está claro. Me ha mantenido activa en el conocimiento de la desigualdad que vivo, de las contradicciones que tiene esta sociedad, de las exclusiones. Me ha hecho ser consciente y he podido tomar partido, ser más comprometida te hace ser más feliz. Suelo decir que he tenido suerte en la vida porque me he dedicado a lo que realmente me gustaba, a enseñar, a veces a arengar, a investigar y por eso a estudiar cada día. La vida política, social, profesional y personal han estado fundidas y es una suerte y la militancia está ahí. Todo ha estado encadenado y hace que todo eso sea una vida. Para mi ha sido apasionante.

Vayamos al 8 de marzo. ¿Qué opina de la huelga feminista convocada este año?

-La huelga es una demostración de que si las mujeres paramos, paramos el mundo porque realizamos el trabajo productivo y el trabajo doméstico y de cuidados. En el trabajo productivo estamos en el sector servicios las 3/4 partes de las mujeres trabajadoras. Podemos parar la educación, la salud, el comercio, la hostelería... Si paramos el trabajo doméstico y de cuidados ¿quién va a cuidar a los ancianos, las criaturas, los enfermos? Quién va a cocinar, lavar...? Se puede producir un gran caos social. Considero muy importante demostrar la necesidad social y el valor del trabajo de las mujeres y visibilizar el trabajo doméstico y de cuidados. Esta cambiando la convocatoria porque convoca gente más joven. La idea de demostrar que si las mujeres paramos se puede parar el mundo, me parece fantástica. Hay que empezar a hacerlo. Este año saldrá de una manera y el que viene, mejor.

“El mito de la libre elección funciona mucho y tiene mucho que ver con el velo de la igualdad”

“Elegimos en lo público lo que hemos hecho en lo privado, cuidar, sanar y educar, que tienen menos prestigio”

“La violencia sobrevuela;muchas mujeres no hacen cosas por temor a que se ejerza la violencia”

“Estamos en un sistema patriarcal, capitalista que crea exclusión, desigualdad y explotación de las mujeres”

datos personales

Aficiones. Pintura con profesoras como Isabel Ibañez y Carmen Salgado. Cine, “cada vez más me gusta más, es una ventana al mundo”, literatura, viajar, las plantas además de pilates y nadar.

Familia. Tiene pareja y una hija psicóloga de 28 años. Nacida en Pamplona hace 66 años, jubilada de la UPNA.

Curriculum. Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Deusto (1975), su experiencia laboral arranca en 1975 en la Librería Gómez. Su actividad principal la ha desarrollado como docente en IPES (1978-85), Escuela Universitaria de Trabajo Social (1985-93) y UPNA (1993-2012). Amplia labor investigadora sobre Género, Feminización de la Pobreza, Exclusión, Violencia de Género, Igualdad, Exclusión Social, Transverasalidad o Discriminación. Participó en el Tribunal Europeo de Lucha contra la Pobreza Femenina (1988) y en la Comision de Derechos de la Mujer del mismo parlamento (1993), en el Foro alternativo de las ONG con motivo de la IV Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre Mujeres en Beijing (1995) y fue asesora del Libro Blanco de los Estudios de Género en las Universidades Españolas (1975-91).

“Mi paso por la cárcel en 1972 me hizo tomar conciencia de los derechos que no tenían las mujeres”

8 de marzo: “La idea de demostrar que si las mujeres paramos se puede parar el mundo me parece fantástica”

“Hemos logrado una sociedad más amable, pero en cuanto te sales de la norma lo vas a pasar mal”

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