Femeninas y sensatas revueltas

Ilia Galán

Miércoles, 7 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 11:07h

Vino a quejarse, en confianza, de la brutalidad de los varones, no ya porque le digan piropos, sino por las groserías que algunos le arrojaron, pues los hay que parecen más bestias que los hombres de las cavernas. Nuevo problema es que en el teléfono móvil hasta los niños, con internet, contemplan como normal la pornografía y cuando ven a una joven tienden a filtrarla según las imágenes en la pantalla vividas. "Aquel niño de cinco años, un renacuajo, fíjate lo que me dijo, papá, es increíble." Ya va a cumplir diecinueve, es bellísima y, sin embargo, teme que ya está deteriorándose por la edad. El ambiente que la rodea de jóvenes, me dice, es cada vez más brutalmente machista y la cáscara corporal es lo que más importa, por eso se operan algunas amigas. El acoso de machos incontrolados resulta repulsivo y es natural que se busque como contenerlo, aunque si hay normas han de ser adecuadas y justas, para evitar otros excesos: no es lo mismo una galantería que un perseguidor obsesivo. Como varón, también yo he sufrido acoso de algunas señoras pero aprendí a desembarazarme con arte de quien no era conveniente, sin necesidad de daños colaterales.

Como es despierta, mi hija, pese a las torpezas que nos impregnan, no hace caso a los extremos de las feministas de las que deshacen el lenguaje o quieren prohibirlo todo, pero sí que reclama justicia y en eso cualquier persona sensata la apoyaría.

Hay mujeres molestas por convocar una huelga para el día que las representa, pues dejar de trabajar no ayuda y hay otros modos de señalar los problemas más productivamente. Las leyes no permiten ya, afortunadamente, que por el mismo trabajo distinto sueldo cobre el varón que la dama, pero en ocupaciones similares sigue habiendo una gran brecha entre lo que ellos ganan y lo que ganan ellas. El feminismo tal vez sería más convincente si fuera a solucionar en su raíz los problemas. Si la diferencia salarial o la de las pensiones se debe a la maternidad hay que buscar una compensación a esa gran tarea de gestar una persona y que el gobierno proteja con leyes esta fundamental actividad para la sociedad. El futuro es oscuro porque no hay hijos que nos reemplacen y puedan entonces cuidar de sus mayores;las máquinas no son suficientes para suplir tales carencias. Entonces hay que dotar de apoyos estatales a quienes están engendrando y criando nuevos ciudadanos, sin cargar a las empresas o a quienes las contraten. Se trata de ser justos con quienes contribuyen a construir nuestro mundo y sin ellas no hay futuro.