Escuelas de música, futuro y presente

Por Tere Sáez - Miércoles, 7 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Emociona escuchar a Amaia Romero, ahora que se le reconoce públicamente su talento musical, agradecer lo mucho que le han enseñado sus profesores del conservatorio y de la Escuela de Música Joaquín Maya. Reconforta que en estos días de locura y gloria la joven estrella recuerde la labor de las escuelas de música municipales.

Sí, de las 50 escuelas municipales de música que existen en Navarra, en las que aprenden 12.000 alumnas/os, con un profesorado que desgraciadamente no siempre ha sido tratado en igualdad de condiciones.

Las escuelas de música han sido una reivindicación constante de quienes trabajan, familias y ayuntamientos, pidiendo siempre estabilidad presupuestaria, condiciones laborales justas e iguales y tasas iguales, independientemente de la parte de la geografía navarra en la que se viva. Lo que no quiere decir iguales en cuanto a distribución equitativa en relación a la declaración de la renta. Algo que, indudablemente, debe de enmarcarse en la nueva ley de régimen local de Navarra, en la cartera de servicios.

Las escuelas municipales de música y danza nacieron en España a mitad de los años ochenta y fueron consolidadas como base de la reforma de la Educación Musical y de la Danza, inscrita en la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), de 3 de octubre de 1990. El principio y fin de estos centros educativos es permitir que todas las personas, sin perjuicio de edad, formación previa o condición económica, disfruten de una formación en música y danza de calidad, para generar así un tejido social y cultural de personas aficionadas a la práctica artística de manera complementaria a la enseñanza que se imparte en los conservatorios. El ministerio de Educación las regula con la orden del 30 de julio del 92. Navarra lo hace con el D. Foral 421/1992, un instrumento ya obsoleto.

El desarrollo y crecimiento en Navarra de las escuelas municipales de música fue de tales proporciones que convirtió este tipo de espacios en uno de los servicios básicos en cualquier municipio en el que se instalaron, siendo percibidos por la ciudadanía como imprescindibles. Fueron uno de los patrimonios culturales vivos con más éxito de nuestra comunidad, orgullo de municipios y de alumnado y, en algunos casos, llegaron a ser referentes a nivel estatal, como se destaca en la guía de la Femo.

Para cumplir su función como servicio público básico por parte de los municipios, se ha venido reivindicando durante años la necesidad de que la responsabilidad de la financiación fuese compartida por las administraciones y por el propio alumnado. Este modelo implicaba que cada agente, Gobierno de Navarra, ayuntamientos y personas usuarias del servicio a través del pago de tasas municipales, se responsabilizaba de hacer frente cada uno de un tercio de los costes del servicio.

La consecuencia de no cumplir este criterio, por parte de UPN, centrados en lo grande (Conservatorio, Ciudad de la Música...), ha sido el desequilibrio de una red que estaba siendo un importante dinamizador de la vida cultural, educativa y social de los municipios. Una importante desigualdad entre los municipios y entre sus vecinos y vecinas, que ha llevado a los ayuntamientos a enfrentarse a la toma de decisiones traumáticas como han sido el deterioro de instalaciones, subida abusiva de tasas, contratos precarios, falta de material, etcétera. Esto, indudablemente, ha repercutido en la calidad y en el acceso a una educación que ponía la enseñanza y la práctica de la música al alcance de todas y todos. De esta forma se ha ido perdiendo el espíritu con el que nacieron estas escuelas.

A esto se une que el marco normativo para las escuelas de música de Navarra (D.F 421/1992) está obsoleto e, incluso, incumplido. Por tanto, esta normativa necesita una revisión enfocada a que desde el respeto a la autonomía de los centros se garantice que todos los municipios de Navarra pudieran contar con unos mínimos de calidad educativa en estas materias, sin desequilibrios territoriales en cuanto al ejercicio de la docencia como a los recursos de las escuelas, y que garantice la financiación de los centros, con el objetivo de que no queden al amparo de la sensibilidad cultural y educativa de cada municipio.

Las escuelas municipales de música son piezas necesarias en una política cultural y educativa porque fomentan el gusto y el placer de la ciudadanía por las artes y la cultura;porque facilitan el acceso a una educación de calidad a todos los sectores de la población, algo fundamental para la socialización, la creación de nuevos públicos y la integración del arte y la cultura en la vida cotidiana de la ciudadanía. Combinan afición con profesión, por tanto crean puestos de trabajo y ayudan al desarrollo de las comunidades. Y es un derecho universal recogido en la declaración de los DDHH y de la convención del niñ@

El Gobierno de Navarra ha de ser garante de su existencia, independientemente de la posibilidad de los municipios, y garante también del acceso para los y las habitantes de la comunidad que quieran participar en ellas. Para ello es necesario un marco estable de financiación que habría de orientarse paulatinamente al modelo europeo de financiación a tercios: 33% gobiernos autónomos, 33% ayuntamientos, 33% matrículas. El objetivo de esta concepción es establecer un modelo económicamente sostenible y profundizar en la corresponsabilidad de todas las y los actores participantes en su funcionamiento.

Por esto, a propuesta a de Podemos Ahal Dugu, se aprobó en el Pleno del Parlamento instar al Gobierno de Navarra a recuperar la financiación autonómica de las escuelas municipales de música, destinada al funcionamiento, equipamiento, instalaciones y compra y arreglo de instrumentos, y que se garantice un marco estable de financiación para todos los municipios.

A revisar y actualizar el marco normativo reglamentario vigente, de manera que cuestiones de acceso, de instalaciones, de requisitos de profesorado y de un mínimo marco pedagógico, adaptado a las especificidades tanto de la música como de la danza, queden regulados mediante normativa.

Y a constituir una mesa de trabajo que cuente con la representación de los ayuntamientos, comunidad educativa, asociaciones de padres/madres y alumnado, así como con expertos/as de la música y danza, con el fin de definir los objetivos y contenidos necesarios para esa revisión del marco normativo actual.

Para que en Navarra puedan seguir estudiando muchas Amaias Romeros, en igualdad de condiciones en toda la comunidad.


Podemos-Ahal Dugu