El Santo de América

Francisco, el papa latinoamericano, canonizará al que ya todos conocen como “el Santo de América”, el arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 mientras celebraba misa. Queda solo por conocer la fecha.

Un reportaje de Cristina Cabrejas - Jueves, 8 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Dos feligreses rezan ante la tumba de monseñor Óscar Arnulfo Romero ayer en San Salvador.

Dos feligreses rezan ante la tumba de monseñor Óscar Arnulfo Romero ayer en San Salvador. (Foto: Rodrigo Sura (Efe))

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Dos feligreses rezan ante la tumba de monseñor Óscar Arnulfo Romero ayer en San Salvador.

francisco podría oficiar la canonización en el Vaticano junto con la del papa Pablo VI al término del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, convocado del 3 al 28 de octubre próximo.

Pero también se baraja la posibilidad de que el pontífice argentino pueda viajar a San Salvador en ocasión del viaje a Panamá en enero de 2019 con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.

“San Romero de América”, como desde hace años llaman a Romero los salvadoreños, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando de ultraderecha mientras oficiaba misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador, en los días previos al estallido del conflicto armado salvadoreño (1980-1992).

En sus mensajes, Romero denunciaba todas la injusticias de aquel entonces y defendía a los más pobres y desprotegidos, lo que le costó la vida. Se han necesitado 24 años de proceso para que monseñor Romero, símbolo de una Iglesia centrada en los pobres de Latinoamérica, sea proclamado santo y solo con la llegada de Francisco se aceleró un proceso que contaba con muchas oposiciones.

Fue el martes cuando el papa se reunió con el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Angelo Amato, para aprobar algunos decretos entre los que también se encontraba el del milagro para la canonización del papa Pablo VI.

En marzo de 1994 se abrió el proceso de beatificación del prelado y tras concluirse su fase diocesana, que redacta el informe sobre la vida, en 1997 pasó a la Congregación de la Doctrina de la Fe para que diese su autorización.

El proceso vivió una fase de estancamiento hasta que en 2005 la Congregación para la Causa de los Santos dio el visto bueno para que continuase, y con la llegada del papa Francisco en marzo de 2013 hubo una aceleración de la beatificación de Romero. El postulador (quien solicita al Vaticano la beatificación y canonización de una persona) de la causa del arzobispo de San Salvador, el obispo Vincenzo Paglia, explicó la enorme oposición contra Romero durante el proceso.

Paglia explicó que durante estos largos años siempre se preguntó el porqué y que hoy llegó a la conclusión de que “tenía que llegar un papa latinoamericano para canonizar a una personalidad como Romero”.

Romero fue beatificado tras aprobarse su condición de “mártir”, que fue además la que encontró más objeciones durante este proceso pues para un sector más conservador de la Iglesia beatificar a Romero habría sido como llevar a los altares a la Teología de la Liberación.

Esta corriente teológica nació en la Iglesia católica en Latinoamérica, de supuestas ideas marxistas, y se caracteriza por poner a los pobres en el centro de la Iglesia.

La “voz de los sin voz”

fue el símbolo de la Teología de la Liberación y de una Iglesia centrada en los pobres de Latinoamérica

Para la canonización, sin embargo, era decisivo reconocer un milagro por su intercesión.

Paglia, también presidente del Pontificio Consejo para la Familia, confirmó que el milagro que ha servido para hacer santo a Romero fue el de una mujer salvadoreña embarazada a la que habían dado pocos días de vida y la practicaron una cesárea para al menos salvar a su hija.

Su marido, que no era muy creyente, encontró una imagen de Romero y comenzó a rezar y no solo se salvó la niña, sino que también su mujer sanó, explicó Paglia.

Romero había sido beatificado en una ceremonia oficiada por el cardenal Angelo Amato el 23 de mayo de 2016 en la capital de El Salvador ante cientos de miles de fieles y presidentes de varios países reunidos en la plaza Salvador del Mundo.

aclamado en vida y muerteLa “voz de los sin voz”, monseñor Óscar Arnulfo Romero, será canonizado cumpliendo así el deseo de los fieles, para los que siempre fue “San Romero de América”.

Romero, aclamado en vida y tras su muerte, es el icono de El Salvador, el que levanta pasiones, el único capaz de reunir a miles de fieles en cualquier evento que se realice en su honor. El papa Francisco no ocultó nunca su admiración hacia Romero.

Romero, desde siempre santo para los salvadoreños, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un francotirador de un comando de ultraderecha mientras oficiaba misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador.

El arzobispo, nacido en el seno de una familia humilde en Ciudad Barrios el 15 de agosto de 1917, siempre destacó por su defensa de los pobres y por su denuncia de los abusos de los Derechos Humanos en los años previos a la guerra civil de El Salvador (1980-1992).

Implacable luchador por los más desfavorecidos, Romero sabía que los asesinarían, según narran personas que lo acompañaron en su lucha, y así lo hacía saber a sus fieles seguidores, aquellos por los que dio la vida. “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, “que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de la esperanza”, “les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”, son algunas de las frases más recordadas del mártir salvadoreño.

Romero dedicó 38 años de su vida a la Iglesia y al pueblo, desde que fuera ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942.

El 24 de marzo de 1990, diez años después de su muerte, se iniciaron oficialmente las gestiones para canonizar al prelado.

El 10 de abril de 2015 monseñor Romero fue declarado por la Asamblea del país “Hijo Meritísimo de El Salvador” y próximamente, “San Romero de América” será una realidad, no solo para los salvadoreños.