Trinh T. Minh-ha directora de cine, docente, compositora, escritora

“Es importante que el movimiento feminista cree alianzas con otras luchas”

Con un cine claramente político, la realizadora vietnamita afincada en EEUU defiende un discurso en torno a dos frentes: el feminismo y la desigualdad sociocultural

Ana Oliveira Lizarribar Unai B. Nieto - Jueves, 8 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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pamplona- Cineasta, compositora musical, escritora, poeta, crítica literaria, docente, Trinh T. Minh-ha es, ante todo, una artista rompedora que ha revolucionado el discurso tradicional y ha transformado la manera de hacer cine documental. Defensora de un feminismo que no se apoye exclusivamente en el discurso binario hombre/mujer, esta creadora ha provocado con sus trabajos “un profundo cuestionamiento acerca del sentido de la mirada antropológica y las formas clásicas de representación visual de otras culturas”, en palabras de Antonio Zirión, profesor de antropología, fotógrafo y documentalista.

¿Cómo está siendo su estancia en Pamplona?

-Está siendo una experiencia muy buena. Normalmente, cuando vas a un festival que es grande siempre estás sola, un poco perdida, y aquí, al ser un formato más reducido, al final nos acabamos conociendo todos. Y lo que más me gusta es que se da la posibilidad y el tiempo de debatir sobre las películas una vez proyectadas.

Es una suerte tenerla aquí estos días tan relacionados con la lucha de las mujeres. Para hoy se ha convocado una gran movilización en todo el mundo, ¿qué opinión le merece, servirá de algo?

-Precisamente, hace unos años escribí sobre este tema en un libro que es casi más relevante hoy que entonces. En ese trabajo hablaba del concepto de caminar. Me refería a caminar físicamente y también virtualmente y a lo que supone caminar colectivamente y lo que supone caminar sola o solo. Esta acción puede generar un camino transformador y no tiene nada que ver con el momento en que se practica de manera automática y sin prestar atención. En el caminar al que yo me refiero hay un cambio de conciencia que es lo que pienso que podemos conseguir en la lucha feminista internacional, en todos los países. Cuando una camina sola es muy difícil experimentar esta conciencia, pero no tanto cuando caminamos en conjunto.

Hay quienes estos días están afirmando que el 8-M de este año será histórico, ¿le parece que llegará a tanto, que será el principio de un cambio real?

-No pienso en términos de momentos históricos;de hecho no creo que lo de mañana (por hoy) vaya a ser un momento histórico. Sí que nos puede conducir a iniciar una fase diferente, porque hasta ahora estábamos hablando de colectivos pequeños y casi siempre desconectados que trabajaban por crear conciencia y ahora la escala es mucho mayor, internacional. Y lo maravilloso de esta dimensión no son los números, sino las alianzas que estamos construyendo. Esta marcha mundial ha sido iniciada por las mujeres, pero comprende todo tipo de luchas y esa alianza es la que es nueva, la que queremos continuar y la que va a cambiar el paisaje del activismo.

En los últimos años había muchas mujeres que no se declaraban feministas, ¿por qué cree que esto también está cambiando?

-Esto está totalmente relacionado con lo que acabo de comentar. La razón por la que algunas personas rechazaban el término feminista es porque eran conservadoras y creían que estaba relacionado con el movimiento de los años 70 y 80, que, a su juicio, ya había terminado. Y eso simplemente es ignorancia. A la vez, también hay personas que se resisten a este término porque en ocasiones ha sido un movimiento que ha causado más daño que bien, sobre todo porque al principio estaba muy centrado en la mujer exclusivamente. Y yo siempre señalo a la mujer como un punto de partida, no de llegada. De esta manera ampliados el foco y por eso digo que las alianzas son tan importantes para la lucha feminista.

¿El feminismo también debe repensar algunos planteamientos?

-El feminismo debería volver a algo que para mí es muy radical, que es romper con un enfoque binario de la vida. Con pensar en términos de hombre y mujer, masculino y femenino. En ese sentido, estoy en sintonía total con la lucha LGTBIQ, que también quiere romper con esos términos para abrir paso a un pensamiento más amplio y variado en el que podemos establecer muchas alianzas en las que no haya una lucha por la sexualidad separada de la lucha femenina. También por esto la gente prefiere la palabra género al término feminismo, porque el género abarca mucho más. Aunque, para mí, lo más importante es cómo se pone en práctica ese concepto de género.

¿A qué se refiere?

-Recuerdo que, en Nigeria, una feminista me explicó que todos los hombres que quieren conseguir fondos añaden frases sobre el género en sus propuestas, de manera que se ha convertido en una moneda de cambio. En definitiva, podría llegar a convertirse en una mercancía, y, en ese sentido, diría que el género es un proyecto. Es un proceso transformativo y no algo que deberíamos dar por sentado o naturalizar. Por ejemplo, en el entorno LGTBIQ utilizan el concepto assemblage. Se usa también en arqueología y en el mundo del arte y viene a decir que todos somos una especie de ensamblaje de diferentes piezas y diferentes personalidades. Es decir, que el género es un assemblage y la sexualidad también.

¿Es su cine una forma de resistencia, de reivindicación de estos conceptos?

-Sí, podríamos decir que es un cine feminista porque tomo a la mujer como punto de partida y porque mis películas están hechas desde el punto de vista feminista. Pero no solo me centro en el sujeto, sino también en el destinatario, en las personas a las que va dirigidas, tanto al público femenino como a la parte femenina de los espectadores, sean hombres o mujeres. Así que no diría tanto que mi cine es reivindicativo, sino que tiene la intención de construir para el futuro. Incluso aun sabiendo que el público de hoy tiene mayoritariamente un sesgo sexista, hago las películas pensando que la audiencia del futuro será feminista.

Dentro su trabajo hay un componente muy interesante que se refiere a destapar las mentiras o las medias verdades que nos han hecho llegar muchos estudios e investigaciones pretendidamente etnográficas.

-Cuando hice mi primer largometraje en 16 mm en Senegal, vi que ese discurso era dominante y tuve que enfrentarme al tema de la etnografía no solo en lo referido a la estética de la película, sino también al discurso. Pero la antropología no es el único campo que critico. De hecho, creo que hay una clara relación entre la antropología y el colonialismo. La antropología siempre será un campo muy vulnerable y, por tanto, tiene que reconocer que se ha apoyado en bases muy endebles. Si lo hace, podría evolucionar para ser un campo de investigación fantástico, pero si no lo reconoce, seguirá subordinada a la mentalidad colonialista. Así que mi obra cinematográfica sí que critica esa práctica de la etnografía, pero no me limito a ella.

También denuncia la imagen que han trasladado algunos documentales.

-Eso es, también critico el mundo del documental y las herramientas que ha utilizado muchas veces. Y critico el arte por el arte. La gente me pregunta que si no me gustan las películas etnográficas por qué sigo introduciendo comentarios en mis películas;y yo contesto que no quiero que mis proyectos sean solo artísticos, sino que planteen preguntas, que cuestionen al espectador. Por ejemplo, la lucha feminista no está a favor de la industria cinematográfica y solo acepta las películas de vanguardia, y creo que mis películas son un término medio que aúna el feminismo con el arte y con otras disciplinas. Este hecho de estar en medio, entre la industria y las obras experimentales, para mí siempre implica tener contenido y forma, aspectos que creo que son inseparables, y crear proyectos que estén relacionados con la política de género.

En su último libro, Lovecidal. Walking with the Disappeared, apuesta por el amor y la resistencia pacífica, pero contundente, como factores auténticamente revolucionarios.

-Sí, en este libro señalo muchas formas de resistencia y la que me parece más interesante es una que se ha manifestado a lo largo del tiempo y de las distintas luchas de las mujeres y tiene que ver con cómo resisten en su día a día. No todo lo personal es político, sino que todo lo que es personal puede politizarse. Hasta las cosas más pequeñas. Esta lucha es muy diferente porque no requiere intervenciones masivas, ni líderes específicas, sino cambios transformadores en cada persona en primer lugar. En el libro reflejo cómo la sociedad moderna tiende a negar el corazón. Toda nuestra educación se centra en educar el cerebro y no se hace nada para educar el corazón. Y alguien como el Dalai Lama ha subrayado esto. Él sugiere que el problema más importante de nuestra era no es la tecnología nuclear, sino el corazón. Lo apartamos.

O se muestra como algo propio de las mujeres.

-Eso es. En los medios de comunicación se suele mostrar como un órgano femenino. Ya sabes, eso que dicen que somos las mujeres las que tenemos sentimientos. Así que cuando manifestamos nuestra lucha se nos suele considerar emocionales, sentimentales y se nos rechaza. Pero si retomamos la radicalidad y subrayamos la crueldad de la mente, que se manifiesta en ámbitos como la guerras y la violencia en general, por ejemplo, y nos dirigimos hacia el espacio del corazón, existe la posibilidad de cuestionar todo esto. Por supuesto que no es una lucha que se pueda completar de hoy para mañana, requiere una transformación constante que estoy segura de que va a salir adelante.

¿Al final, la lucha más importante está en el ámbito de lo cotidiano?

-Absolutamente. Nadie puede controlar eso. Se pueden censurar muchas cosas, pero la lucha en lo cotidiano no. Por ejemplo, cada una de nosotras se comporta de maneras diferentes en los distintos aspectos de nuestras vidas. Podemos ser revolucionarias incluso cuando educamos a nuestros hijos, algo muy importante.