Jandilla, toros con solera

Jandilla es el nombre de la finca donde comenzó Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio su andadura como ganadero allá por 1930, en el paraje de la Laguna de la Janda, maravilloso lugar perteneciente a Vejer de la Frontera, en Cádiz.

Un reportaje de Patxi Arrizabalaga

Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Las reses descansan en una de las laderas de la finca. Fotos: Patxi Arrizabalaga

Las reses descansan en una de las laderas de la finca. Fotos: Patxi Arrizabalaga

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Las reses descansan en una de las laderas de la finca. Fotos: Patxi ArrizabalagaJandilla presume de no fabricar toros iguales.Uno de los ejemplares que pasta en la finca de Don Tello.

El nombre de Jandilla está ligado a su nieto Borja Domecq Solís, cuya vacada pasta desde el año 2000 en la finca Don Tello, sita en Mérida, capital de la hermosa Extremadura.

Amanece con sol y una docena de grados en Emérita Augusta, y eso, viniendo del febrero nevado y frío norteño, es de agradecer. No han dado las ocho y poco cuando nos ponemos en marcha camino de la finca Don Tello porque Borja Domecq es hombre madrugador y nos reserva el día. Una vez que nos acoge quitándose de sus quehaceres, lo hace por entero. Y eso es un privilegio que unos cuántos hemos podido saborear, y el dúo que me acompaña ni se lo imagina. Avisados están que oído cocina, el gran chef nos espera. Así que camino de Alange les voy contando lo espectacular de esta finca agropecuaria, con sus hermosas laderas, sus cientos de hectáreas dedicadas al cultivo productor de sus propios alimentos para el animal rey, además, su propio molino donde se produce ese pienso auto abastecedor. Y más cultivos, que van eliminando el cereal, de capa caída en los mercados, cambiados por el olivo intensivo, que poco a poco, y con sistema de goteo, va ganando miles de hectáreas en toda la Iberia. Y tras un desayuno rápido de camino, estamos a las puertas del caserón del antiguo señorío, y sin saltar del coche, el ganadero pamplonés ya se acerca hacia nosotros. Los saludos sinceros, pues nos conoce a los tres, ya que se tiene por navarro y bien nacido en la capital del antiguo Reyno, hijo de madre navarra, y eso hace que venga mucho por esta tierra y hayamos podido comer en variadas ocasiones con él, al igual que mucha gente de esta tierra, que simplemente respeta a este hombre, todo un señor con mayúsculas, además de un gran ganadero.

Borja al volante prepara la visita para los dos nuevos, porque sabe que nunca han estado en su casa, y son horas de visita para verla por completo. Las charlas y confidencias quedan ahí. Supongo que en el recuerdo de los tres. Yo procuro meter mucho de lo que me dice este hombre en mi disco duro. Todo no me cabe. Entramos por los erales, y damos un paseo por el centenar y medio, casi dos como si visitáramos el corral de Pamplona. Tras ello, los utreros, el embarcadero, y de ahí comenzamos con las corridas de saca de este año. Doce festejos que nos enseña uno a uno, cada uno con sus características y exigencias de cada plaza. Pasamos los corrales de menos a más. El último será Pamplona, y por el camino va contando los porqués de cada ganado a cada sitio. Él tiene claro que cada plaza exige un tipo de ganado porque no fábrica toros iguales. Unos salen a Gasol y otros a tí Patxi. Y así es. Ósea, que unos grandes y nobles y otros pequeños, fieros y con mala uva, le replico yo, mientras subo y bajo de cancela en cancela. A este hombre le gusta el toro bajo, lomo recto, fino de cabos, sin estridencia ninguna, pero entiende a la perfección aquello que en los sesenta y setenta le decía el genial Ignacio Usechi Ocón, que el encierro lo ven muchísimas personas y tienen que ver el toro, por eso tenía que ser espectacularmente grande. Y para lo que cría, Pamplona saca una cuarta al resto de la camada. No obstante, apuesten a que se pegarán los más importantes del elenco toreril que se apunten a San Fermín por lidiar sus muchachos. Viene de triunfar por segundo año consecutivo en Pamplona, y el 2017 de arrasar en todos los cosos en los que lidió, que no fueron pocos.

Terminamos la visita de los toros y comenzamos la de la finca, con su laguna, su corredero, y sus ideas que hacen de don Tello una finca viva, continuamente en marcha, siempre mejorando y buscando la rentabilidad en la explotación. Es mediodía, casi las dos y el día no ha hecho más que empezar, pero eso es historia personal, donde la comida, el vino, el café y las copas son un colofón a lo visitado para Josetxo y para Gabino. Yo, antena arriba, sigo aprendiendo de cría, de genética, de alimentación, de la PAC, de todo. El papa Borgia es un libro abierto para quien le quiera escuchar. Y en la vida estamos para aprender sin fin, y aunque esté oscuro, sea muy de noche y tengamos que seguir ruta, el día vivido llena el espíritu y alimenta esa afición que luego el taurineo gobernante nos quiere echar por tierra de primavera a otoño. Creo que el día de hoy me hará resistir un año más. Como la canción, vamos caminito de Heré, que mañana vamos a La Zorrera. Hasta el próximo domingo.