Música

Un programa exquisito

Por Teobaldos - Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concIERTO DE ABONO DE LA osn

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Navarra, Orfeón Pamplonés (Igor Ijurra, dirección). Solistas: Marta Mathéu, soprano;Marta Infante, mezzosoprano. Dirección: Ramón Tebar. Programa: Nachtlied, op. 108 de Schumann;La Damoiselle élue, para coro femenino, solistas y orquesta de Debussy;Sinfonía en Re menorde César Fanck. Programación: ciclo de la orquesta. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 8 de marzo de 2018. Público: no llegó a tres cuartos. Incidencias: Marta Mathéu sustituyó a la anunciada Raquel Andueza, por motivos justificados. La programación de una obra para coro femenino, coincidió, curiosamente, con el día de la mujer.

Un programa absolutamente exquisito, sobre todo en la primera parte, el de este noveno concierto de ciclo. Dos obras que se prodigan muy poco, complejas de ejecución, íntimas, y profundas de contenido, que exigen una atención especial al oyente, al que invitan -despojado de toda materia- a meditar con Schumann, y a fluctuar en otra dimensión musical con Debussy. Y, ciertamente, quien se abrió a estas músicas -no muy populares, la verdad- lo logró, porque las versiones de los conjuntos navarros, con Ramón Tebar al frente, fue extraordinaria. El Nachtliedde Schumann, que abre la velada, nos sabe a poco;justo cuando uno empieza a meterse en la emotiva y grave profundidad del romántico de los románticos, finaliza la obra. Tebar la planteó muy bien, con predominio del coro, del texto, de la sonoridad carnal. En su corta andadura, el Orfeón, se luce en el dúo sopranos - altos, y en la cavernosidad de los bajos. La Damoiselle éluede Debussy, fue una verdadera delicia;se consiguió la atmósfera única y personal del compositor francés;y mira que es difícil dar con la sonoridad, la medida, los tiempos, y el equilibrio entre la orquesta -que no puede renunciar a su plenitud- y las voces, tratadas como un instrumento más, pero a las que hay que pedir claridad textual y visibilidad auditiva. Las voces femeninas del Orfeón Pamplonés mostraron un trabajo de fondo francamente encomiable:

1.- El equilibrio entre las voces agudas y graves fue perfecto, nunca dominaron aquellas.

2.- Ninguna voz individual destacó, puntiaguda.

3.- La pronunciación, el fraseo del texto -que parece componer la música- fue impecable.

4.- El compás, la medida, fueron los justos, porque no los hubo: aquí hay que meterse en un oleaje sonoro indeterminado, y saber moverse en él -como los surfistas-.

5.- Matices en pianopreciosos, abundando en el texto: “finas llamas”, con un pianisimo agudo muy bien hecho;o, “ella calló”, con un sonido ya de otro mundo.

6.- Los fuertes tampoco fueron tales, sino la cima natural de los reguladores.

7.- En resumen, a mi juicio, una perfecta comprensión de la partitura y del mundo sonoro de Debussy, por parte de Igor Ijurra. La soprano Marta Matéu compuso una Damoiselle en la misma honda de sensibilidad y belleza que el coro y la orquesta: voz limpia y apropiada a la obra;espiritual y cuidadosa en el ataque, pero no débil ni simplona;siempre con autoridad;maravillosa en la frase conclusiva a capella del final;y suficiente de volumen, porque, aunque a veces parece ocultarse en la sonoridad orquestal, siempre sobresale en las frases cumbre. La narradora Marta Infante, resolvió muy bien su papel. Todo, gracias a la inteligente y acertada dirección de Tebar, y a la respuesta de la orquesta.

La segunda parte la ocupó la, mucho más programada, Sinfonía en Re menor de César Franck. Inquietante, expectante, buen comienzo del lento. Lucimiento del corno inglés, de la trompa, etc. Versión más que correcta.

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