Mesa de Redacción

8-M, también posibles lecturas políticas

Por Joseba Santamaria - Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Cientos de miles de personas retomaron el jueves una marcha con intención de ser imparable hacia la igualdad real de derechos y de oportunidades entre las mujeres y los hombres. Una movilización histórica que tiene también su propia lectura política, entre otras cosas porque la primera gran huelga feminista de las últimas décadas dejó en evidencia la debilidad social de los grandes partidos y sindicatos del Estado. De hecho, los dos partidos que aparecen en cabeza de las encuestas que suministran los grandes medios de Madrid, el PP y Ciudadanos, afrontaron la cita de este 8-M como un desafío contra sus posiciones, falsearon la realidad de la convocatoria y mintieron sobre sus objetivos, pero fueron vapuleados por la realidad de los hechos. Sus diatribas contra la huelga del 8-M quedaron en agua de borrajas conforme miles de mujeres ocupaban las calles y dejaban en el más absoluto ridículo sus intentos de desinformar e intoxicar a la opinión pública. La realidad es que más allá de esas presuntas encuestas, cientos de miles de hombres y mujeres no hicieron caso alguno a Rajoy ni a Rivera y ambos acabaron colocándose de formas vergonzante un lazo de color morado en la solapa tratando de subirse al carro apresuradamente. Llegaron tarde, como llegan tarde a las movilizaciones de los pensionistas. Mujeres y pensionistas se antojan dos frentes muy complicados para la plácida indecencia en que se habían instalado la política y los medios españoles. Más aún con la creciente conexión y sintonía intergeneracional, como se pudo ver en las concentraciones con miles de mujeres muy jóvenes en las calles. Porque en las sucesivas manifestaciones de las últimas semanas de pensionistas y mujeres hay también una demostración social y popular de hartazgo y cansancio con un modelo de Estado en el que la involución democrática y las carencias sociales, laborales y políticas se hacen cada vez más evidentes. Si el Estado pretende seguir por la senda de recorte de derechos actual, los problemas le crecerán. Aunque tampoco se vislumbra en el Estado una organización política con capacidad de aglutinar en las urnas esa respuesta social, vista la situación del PSOE y Unidos Podemos. Y puede haber también una lectura política en Navarra, donde la masiva respuesta popular a la huelga feminista dejó en evidencia la ambigüedad calculada en la que se había instalado UPN -los días previos sus portavoces decían una cosa a favor y otra en contra- para sortear lo más discretamente posible las contradicciones entre sus posiciones ideológicas reales y sus necesidades electorales. Miembros de UPN, partido que apoya -no conviene olvidarlo- al Gobierno de Rajoy, acabaron medio escondidos tras la pancarta de UGT y CCOO con el poco entusiasmo indisimulado de los sindicalistas. También tarde. Y es que posiblemente UPN -al igual que el PP o el PSN y Ciudadanos- interpreta que las grandes movilizaciones de este 8-M en Navarra quizá demuestran que el músculo social que impulsó el cambio político en Navarra en 2015 aún está fuerte. El color morado del 8-M no era evidentemente un aval al Gobierno de Navarra, pero muchos menos aún era un símbolo de añoranza por el pasado al que esos partidos quieren retrotraer a Navarra. Fue también un aviso a los navegantes de una oposición que deambula en Navarra entre la estridencia permanente y el fracaso constante.