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Republicanismo

Cuatro apuntes

Por Santiago Cervera - Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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El problema de Pedro Sánchez es que con demasiada frecuencia merodea la ocurrencia, y cuando dice algo verdaderamente relevante no se le toma muy en cuenta. Le ayudaría, por cierto, si no impostara la voz, ese intento por suavizarla que no sé quién se lo habrá aconsejado. El otro día dijo que si Rajoy no podía aprobar los presupuestos habría de someterse a una moción de confianza en el Congreso. Y tiene toda la razón. El presupuesto no es que sea la ley más importante del año, que no lo es, sino que es la prueba definitiva de si un gobierno es capaz de eso, de gobernar un país. Cuando el siempre bravucón Francisco Álvarez Cascos presidió Asturias, su parlamento le devolvió las cuentas y de inmediato convocó unas elecciones que perdió. En Navarra, Barcina prorrogó el presupuesto tres veces, récord europeo, y no tuvo cuajo político bastante como para saber interpretar qué significación institucional y personal tenía tal hecho. Si no hay presupuesto es porque hay una crisis política que conduce a la inviabilidad legislativa. Y eso se soluciona, en democracia, con la moción de confianza o la convocatoria de elecciones. Hasta Cascos lo entendió.

Y de Sánchez a Sànchez, Jordi. A quien el juez deniega la posibilidad de acudir al Parlament para ser investido. Los derechos fundamentales son pocos, pero deben respetarse en cualquier circunstancia. Ahí se encuentran el derecho a la propiedad, la libertad de pensamiento, credo y expresión, y el derecho a la representación y participación política. Otras cosas llamadas derechos son poco más que desideratums. Lo que nunca puede faltar en una sociedad de esencia democrática es lo más básico de sus libertades civiles, al precio que sea, y entre ellas la posibilidad de elegir y ser elegido. Sánchez está imputado, es preso preventivo, probablemente deba ser condenado por delitos tipificados, y en lo personal creo que no es más que un muy mediocre supremacista. Pero no hay sentencia que le haya inhabilitado y la inhabilitación es el único mecanismo legal que hace que, sólo en algunos casos, un ciudadano no pueda ejercer representación. Un auto judicial no está para constreñir derechos fundamentales, ni para decirle a un parlamento a quien se puede elegir. Por muy grave que haya sido lo ocurrido en Cataluña, esto todavía no es Turquía.

Leo en el manifiesto de las periodistas por el 8-M que “muchas (...) han sufrido por parte de compañeros y superiores, pero también de fuentes, situaciones de acoso sexual”, y que “el paternalismo y los mansplaining están a la orden del día en las redacciones y fuera de ellas, en nuestra actividad diaria”. Hablan de su relación con la fuentes, quienes proporcionan información, atribuyéndoles costumbre de acoso. Como generalizan, son injustas. Si yo estuviera hoy en la vida pública dejaría de hablar con mujeres periodistas abajofirmantes, para que nadie me pudiera meter en ese cajón descalificatorio. No consta que se les haya ocurrido crear algún sistema de denuncia cuando una periodista se encuentra con un baboso, por muy fuente que sea. Hace unos meses Pablo Iglesias fue preguntado en rueda de prensa televisada por una periodista, y el de Podemos contestó, en plan el Macario de Moreno, que le gustaba mucho el abrigo que ella tenía sobre su pupitre. En vivo y en directo. Si eso no es mansplaining, no sé qué puede serlo. Nadie abandonó la sala ni afeó la conducta al machito.

La tragedia para unos padres que ven desaparecer a su hijo es algo inimaginable. Lo del niño Gabriel parece una historia con no pocos elementos de sordidez, dadas las circunstancias que rodean al caso. No debiera ser difícil para los investigadores encontrar el hilo y tirar de él. Seguro que pronto conoceremos lo ocurrido. Mientras, el ministro Zoido no pierde oportunidad para hacer populacherismo con el asunto. Su Twitter personal informa de las pesquisas de la policía científica en un tema que está judicializado, y se ha paseado por la zona, atestada de televisiones, agitando sus brazos como si dirigiera la batida. Los médicos sabemos que en los quirófanos no han de entrar quienes no operan, porque estorban pero sobre todo porque pueden generar riesgos infecciosos. Esta actitud, tan meridional, de hacer de una tragedia un espectáculo político es impropia de la seriedad que se le exige a Interior.