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Vivir con dolor pero sin odio

Cuatro víctimas de ETA relatan su experiencia personal tras sufrir un atentado y perder a un ser querido

Un reportaje de I. Fernandez Fotografía Oskar Montero - Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El portavoz de EH Bildu, Adolfo Araiz, coloca una rosa en el monumento a las víctimas.

El portavoz de EH Bildu, Adolfo Araiz, coloca una rosa en el monumento a las víctimas. (Foto: Oskar Montero)

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El portavoz de EH Bildu, Adolfo Araiz, coloca una rosa en el monumento a las víctimas.Ainara Hernández, hija de Gregorio Hernández, asesinado por ETA en Leitza en 1982, coloca una rosa.

Las palabras de cuatro víctimas directas de ETA, navarras o en atentado sufrido en Navarra, resonaron ayer entre las paredes de Baluarte. Cuatro vivencias personales, cuatro historias diferentes unidas por un dolor que todavía perdura. Expuestas con sinceridad, pero sin odio ni rencor, y con la voluntad de mirar adelante desde la memoria y la reparación. “Pero sin impunidad”, reclamó Juan Salgado Fuentes.

Fue el único de los cuatro que intervino directamente ante el público para relatar su experiencia y recordar qué duros fueron para las víctimas los años 80. “Un infierno. Años de plomo, de odio, dolor, incomprensión y soledad”, apuntó Salgado, que todavía guarda la metralla que le extrajeron del cuerpo tras el atentado que sufrió por parte de ETA en el alto de Huici el 30 de noviembre de 1983. Una “mochila” con la que es difícil “pasar página”. “Nos piden generosidad, cuando ya lo hemos dado todo. Pusimos muertos, sangre, sufrimiento y lágrimas, no podemos poner más, quienes deben poner más son los políticos y quienes causaron tanto dolor”, reclamó.

En su intervención, Salgado exigió también a ETA su disolución definitiva y “que los terroristas salden las deudas pendientes con la justicia, además de ayudar a esclarecer los atentados que siguen sin resolverse”. “Solo así se podrá pasar página sin impunidad”, dijo. “No sirve de nada colocar dos placas de memoria si luego se recibe como un héroe a un terrorista salido de la cárcel”, censuró la víctima, que pidió “una condena sin tapujos” y una educación “en paz y convivencia” que traslade a los escolares la realidad de las víctimas mediante foros, charlas y debates.

Previamente se había proyectado un vídeo con el testimonio del propio Salgado y de otras tres víctimas más. Ainara Hernández, hija de Gregorio Hernández Corchete, asesinado por ETA en Leitza el 15 de octubre de 1982;Mari Carmen Belascoáin, madre de Alfredo Aguirre, asesinado por ETA en Pamplona el 30 de mayo de 1985;e Iñaki García Arrizabalaga, hijo de Juan Manuel García Cordero, secuestrado y asesinado por Comandos Autónomos Anticapitalistas el 23 de octubre de 1980.

Cuatro emotivos testimonios que se fueron entrelazando en un relato tan duro como sentido, y que tanto Arrizabalaga como Hernández siguieron de forma discreta entre el público. “Éramos muy pequeños, pero se te quedan cosas grabadas, como la tristura en casa”, relató Hernández, cuyo padre falleció tras recibir un disparo y un golpe como consecuencia de un atentado ETA. “Me pasaba toda la noche en casa dando vueltas. Me vi muy sola. Era un niño empezando a vivir, no le bastaban los 14 años”, señaló Belascoáin, emocionada al hablar de su hijo. “Ellos se van, pero el dolor se queda”, señaló Hernández, que pese a todo dijo no tener odio.

Algo en lo que coincidió también Arrizabalaga, que admitió que tras la muerte de su padre cayó “en una espiral de odio y deseos de venganza”. “Hasta que te das cuenta de que tú eres el principal perjudicado y dices, tengo que salir de aquí. Eso es muy importante”, destacó la víctima, que consideró que son “un ejemplo de que se puede convivir”. “Porque la alternativa, el odio y la venganza, solo producen sufrimiento”, apuntó. “Sé que este dolor no se va a ir. Pero que te digan que se ha hecho mal, que fue un error, aliviaría”, cerró Ainara Hernández.