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Javieradas

Por Pablo Gorría - Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Entre finales de la década de los 60 y el arranque de los 70 se intentó despolitizar las Javieradas y acentuar su carácter religioso

Terminaron ayer con éxito las 78ª Javieradas, contadas desde la primera oficial del año 1941. Hubo otras marchas al Castillo de Javier anteriores: La de 1886 organizada por la Diputación Foral para pedir al santo que librara a Navarra del cólera, algunas pequeñas marchas en los años 30 del siglo pasado y la de 1940, organizada por los vencedores de la guerra agrupados en la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz para “mantener el espíritu de la Cruzada” a la que acudieron unas 5.000 personas. Fue el obispo de Pamplona Marcelino Olaechea el primero que habló de cruzada para referirse al golpe de estado del 36 y a él se atribuye también la invención de la palabra Javierada. Según la prensa de la época, fue el 8 de marzo de 1941, cuando alentó en la iglesia de San Ignacio a los poco más de 300 pamploneses que iban a partir a pie a Javier: “No os parece, peregrinos, que el 19 de julio de 1936 fue una gigantesca y providencial Javierada”.

En los años siguientes la peregrinación sufrió distintos avatares. Los jóvenes de Acción Católica que dirigía el sacerdote Santos Beguiristáin cogieron el relevo de la Hermandad y las marchas se fueron sucediendo, con mayor o menor participación, pero siempre enmarcadas en la parafernalia franquista de la época. Otro hito importante se dio en los años sesenta, cuando empezaron a ir a Javier las mujeres, aunque el obispo Delgado Gómez solo les permitía caminar desde Sangüesa. En 1967 pedía a las chicas “que no traten de emular el esfuerzo físico de los hombres sino emular su fervor. Nos duele que no obedezcan y que vayan a pie desde sus pueblos o desde Pamplona. Javier no les pide esto”, decía el obispo. Por esos años se dan también los primeros intentos de “despolitizar” el acto y acentuar su carácter religioso. Y así hasta ahora, cuando la Iglesia admite que las Javieradas unen lo religioso, lo popular, lo misionero, el turismo y la historia y reúnen a miles de personas de toda condición. No siempre fue así. De vez en cuando conviene volver la vista atrás y recordar de dónde venimos.