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PAREJAS | El de Goizueta y Ander Imaz forjan en la solidez su primer punto de las semifinales ante Altuna III-Martija tras un envite estupendo

Igor G. Vico - Lunes, 12 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Aimar Olaizola y Ander Imaz protagonizaron una victoria trazada desde la defensa.

Aimar Olaizola y Ander Imaz protagonizaron una victoria trazada desde la defensa. (Iker Azurmendi)

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Aimar Olaizola y Ander Imaz protagonizaron una victoria trazada desde la defensa.

Olaizola II-Imaz 22

Altuna III-Martija 17

Duración: 72:22 minutos de juego.

Saques: 1 de Olaizola II (tanto 9).

Faltas de saque: Ninguna.

Pelotazos: 640 pelotazos en juego.

Tantos en juego: 11 de Olaizola II, 1 de Imaz y 10 de Altuna III.

Errores: 5 de Olaizola II, 2 de Imaz, 7 de Altuna III y 2 de Martija.

Marcador: 0-1, 1-5, 5-5, 6-6, 7-8, 7-9, 8-10, 10-10, 10-11, 11-11, 12-12, 13-12, 15-13, 16-13, 16-14, 17-15, 17-16, 17-17, 18-17 y 22-17.

Botilleros: Ejercieron de botilleros Pablo Berasaluze (con Olaizola II-Imaz) y Jon Apezetxea (con Altuna III-Martija).

Apuestas: Se cantaron posturas de salida de 100 a 70 a favor de Altuna III-Martija.

Incidencias: Partido correspondiente a la primera jornada de la liguilla de semifinales del Campeonato de Parejas de Primera de la LEP.M disputado en el frontón Atano III de Donostia. Lleno.

Bilbao- A Aimar Olaizola le va la marcha: la tensión, los días que se crispan y que el estómago cruja de nervios. Al delantero de Goizueta, veterano en mil batallas, le gustan las tardes de sensaciones extrañas en las tripas. Tiene el ala llena de mordiscos, de partidos sin uñas. La eternidad le espera como uno de los profetas de la competición, en la que se erige como uno de los pelotaris con más cuajo de la historia. Eso se tiene o no se tiene. Eso viene en el ADN. A Aimar le va la marcha. A Aimar le gusta el jazz.

El delantero navarro, desfibrilador, sedujo ayer al Atano III de Donostia y metió a Ander Imaz en su dinámica. Después de iniciar las semifinales del Parejas en desventaja, acertado Jokin Altuna, Olaizola II fue juez, jurado y verdugo. Trazó una fortaleza con muros de varios metros de espesor, basados en su defensa titánica y en la forma de encontrar el hueco.

El navarro y el de Oiartzun comenzaron 0-5, pero aprovecharon las dentelladas del goizuetarra, arrebolado, que quitó la timidez a Imaz a base de trabajo. El zaguero guipuzcoano fue de menos a más y acabó merendándose a Martija en una cita dura y peloteada. Aimar tomó el mando y le regaló protagonismo para atornillarse en la victoria. El crecimiento de Imaz fue espectacular y tan necesario para forjar la victoria como la grandeza de Olaizola II, dotado de una capacidad especial para leer el desgaste.

Ocurre que, conocida de sobra la vena artista de Altuna III, la clave de la contienda pasó por plantearle problemas para anotarse el tanto. La certeza defensiva de Aimar e Imaz le cerró las puertas del remate. Anudado el haz de luz del amezketarra, que arriesgó y vio la de cal y la de arena, fue Julen Martija el que pagó los platos rotos. Al de Etxeberri le pasaron factura las circunstancias, los nervios y el trote. Con las piernas agarrotadas, Olaizola II sacó lustre en el txoko, lugar sin franquear por el de Sakana, muy lejos, tocado físicamente.

Así, los colorados trabajaron la voltereta de un buen partido, de los de campeonato, dirimido a cara de perro, en el que Aimar tuvo la clave e Imaz, inmenso, no se arrugó y creció un palmo más: eléctrico, seguro, denso.

La cita se puso picante después del 0-5 inicial, por arte y obra de Altuna III. Imaz recuperó sensaciones cuando Olaizola sacó la llave. Aimar, unido a los yerros azules, restañó las heridas de una tacada (6-5). Aun así, los de Aspe, favoritos para la cátedra, se pusieron en ventaja (7-10).

Y, con el traqueteo, los colorados sacaron el cemento. Aimar, intenso y poderoso, exhibió músculo -hizo mucho daño a Martija con el sotamano- y arquitectura. Ander, todo solidez, pidió galones. Empataron a diez, a once y a doce. Y se escaparon 16-13. Jokin forzó el empate (17-17). Aimar, hambriento en el txoko, cerró de un tirón. Se apoyó en los errores rivales, ya forzados, hasta el cartón 22.

Aimar se construyó en defensa algo más que el primer punto de la liguilla de semifinales del Parejas: cargó de fe a un compañero que llevaba tres semanas sin jugar y que, a pesar de un inicio más timorato, acabó siendo un pilar. Imaz, pelotari hasta el tuétano, le regaló su mejor imagen. Derrotaron a los más regulares. Si mantienen la solidez, jugando al límite, genial Aimar, son un peligro.