El bueno, el feo y el malo. El cercano Oeste

Patxi Galera Muñoz El sheriff - Miércoles, 14 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Éste pretende ser un artículo que hable de ética y moral, de valores que hoy en día están tan pateados y pisoteados. Vivimos en una continua lucha entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo. Podríamos hacer historia y remontarnos a la Segunda Guerra Mundial, cuando había un referente claro de maldad, Hitler. Se ganó la guerra y hubo que buscar otro malo, que fueron los soviéticos, con Stalin y compañía. Años de Guerra Fría. Pero aquello llegaba a su fin y Ronald Reagan instauró las políticas del bueno y el malo y hubo que volver a buscar un malvado. Pero, ¿por qué se hace todo esto? ¿Por qué la necesidad de tener uno que ejerza de malo? Simplemente porque el malo, muchas veces sin saberlo, tiene una virtud, y es que nos hace a los demás sentirnos buenos. Además, cuando ejercemos de buenos, y en nuestro foro interno, sentimos la voz de haber hecho el bien, dependiendo de a quién beneficies, estás perjudicando o no a terceras personas, y seguir ejerciendo de bueno cuando el malo, hastiado y derrotado, ha dejado de ejercer su papel y ha colgado las cananas, cuesta bastante porque ya no hay un referente de maldad. Además, cuando se está viendo que el bueno, señores, no ha sido tan bueno (corrupción, chanchullos y demás).

En definitiva, el malo ha dejado de hacernos sentir que somos buenos. Llegado a ese punto yo no me declaro ni bueno ni malo. Yo soy feo, entre otras cosas porque no se puede ir de guapo cuando la cosa está fea. Este burro guapo no tiene corazón suficiente para apechugar con tanta fealdad. A lo dicho, me declaro feo aunque luego vayan diciendo por ahí que no lo soy tanto.