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Chucho Valdés, el gran maestro del jazz afrocubano no deja de soñar

El pianista regresa a Moscú, donde arrancó su carrera internacional hace 50 años

Virginia Hebrero - Viernes, 16 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Chucho Valdés, genialidad cubana al piano.

Chucho Valdés, genialidad cubana al piano. (EFE)

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  • Chucho Valdés, genialidad cubana al piano.

moscú- Ha cumplido grandes sueños pero no deja de soñar. A sus 76 años, el gran pianista de jazz afrocubano Chucho Valdés está lleno de proyectos por realizar y sueños personales quizás algo sorprendentes como “pasar un año entero dando conciertos clásicos”. “No es mi especialidad, pero es como para autocomplacerme a mí mismo”, afirma quien fuera el alma de Irakere, volcado en su carrera personal en la última década.

Valdés se encuentra en Moscú donde ayer noche ofreció un concierto que forma parte de su gira por Europa y que de alguna manera supone una vuelta a sus orígenes, pues fue precisamente en la capital rusa donde arrancó su carrera internacional hace medio siglo. “Hace justo 50 años de mi primera visita a Moscú, fue en agosto de 1968. Mi carrera internacional empezó aquí, fue la primera vez que salí de Cuba para tocar”, cuenta el gran referente del jazz afrocubano. “Me parece un sueño tocar en la sala donde han tocado mis pianistas preferidos, mis ídolos”, afirmaba horas antes de subir al escenario.

Si hace unos días deleitaba al público tocando a cuatro manos en Viena y Hamburgo con otro gran nombre cubano, Gonzalo Rubalcaba, con quien comparte gira, en Moscú es él solo al piano ante más de 1.500 espectadores, con un recital único pleno de estilos y fusiones. “Voy a hacer una Historia de la Música dentro de la improvisación pianística, afrocubana y jazzística. Música de Thelonious Monk, Duke Ellington, música mía, de Chopin, de compositores rusos como Rimski Kórsakov o Chaikovski, y además rumba cubana”.

Y si tocar aquí en Moscú es un sueño para Chucho Valdés, el ganador de nueve premios Grammy ya tiene dos nuevos proyectos en mente en medio de la vorágine de sus numerosas actuaciones. “Para este año y el próximo planeo un disco y una serie de presentaciones de jazz batá, una especie de jazz afrocubano con un sentido diferente de la rítmica y de los cantos yoruba”, y añade que “en 2020 seguiré con Chucho Sinfónico, acompañado de una orquesta, otro sueño por cumplir”. Y como el maestro no descansa y su curiosidad, energía y versatilidad musical son infinitas, piensa “dedicar un tiempo, un año, a dar conciertos clásicos”. “Aún no tengo fecha, es un sueño que espero realizar después de esos dos proyectos. Solo piano clásico, Beethoven, Chopin, Liszt, Ravel... Esa fue mi educación en mi infancia y resulta que después he hecho de todo menos eso”, ríe.

En realidad, la música clásica es un terreno que Valdés ha pisado en muchas ocasiones, como el histórico concierto que ofreció en octubre de 2015 en la Plaza de la Catedral de La Habana con el pianista chino Lang Lang y la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.

Pero si sus sueños futuros son numerosos y diversos, la huella más indeleble es la de su pasado profesional. “El disco que hice con mi padre, Bebo Valdés, Juntos para siempre. Fue su último disco, y también fue un sueño que logramos los dos”, asegura. Lo grabaron en 2007 y fue la culminación del extraordinario reencuentro entre Chucho y su padre décadas después de verse separados, tras la partida de Bebo de Cuba en 1960. “Es un disco maravilloso, padre-hijo, alumno-maestro, algo muy profundo para los dos. Era reencontrarnos y hacer un trabajo juntos”, dice acerca de este álbum que ganó un Grammy y un Grammy Latino. Y confiesa: “siempre me acuerdo, lo tengo presente, a veces lo siento... Era un hombre tan maravilloso y tan especial que es un orgullo ser su hijo”.

Cuando se le pregunta si Bebo se puede comparar a alguien como músico y como persona subraya: “para nada, ni de cerca”. Igual de orgulloso se siente de todos sus hijos, que como no podía ser de otro modo heredaron el talento musical de la familia.

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