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Los quebraderos de cabeza que nos da la nieve

Por Peio Oria - Viernes, 16 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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El invierno que estamos a punto de dejar atrás se ha caracterizado por varios episodios meteorológicos que han traído la nieve a cotas bajas de Navarra. Valga como ejemplo la presencia del meteoro blanco en la Cuenca de Pamplona el 1 de diciembre, el 6 de enero, o más recientemente, el 28 de febrero. Al igual que la acumulación de varios centímetros de nieve puede llegar a causar los consabidos trastornos a los ciudadanos, el transporte o determinados servicios e infraestructuras, también a los meteorólogos nos trae de cabeza el tratar de predecir la nevada que se avecina. A la postre, emitimos avisos de fenómenos adversos encaminados a advertir de sus efectos potenciales a la ciudadanía, ayuntamientos, infraestructuras como aeropuertos o carreteras, y, especialmente, autoridades de Protección Civil, de tal modo que puedan activar sus planes ante el riesgo de nevadas como el recientemente aprobado por el Gobierno de Navarra.

Entre todas las variables y fenómenos que tratamos de pronosticar en Aemet (Agencia Estatal de Meteorología), la nieve es sin duda uno de los más complicados, ya que incluye distintos parámetros como la altitud a la que se espera que aparezca el fenómeno y la cantidad de nieve acumulada en superficie. Además se suma el hecho de que una vez llega al suelo, su grado de acumulación y permanencia depende de factores tan dispares como la densidad de la nieve, que a su vez es función de la temperatura y la humedad de la masa de aire en la que se gesta, el viento y sus turbulencias o el tipo y características de la superficie donde se deposita, incluyendo el hecho de que haya llovido previamente o se den puntualmente chubascos de aguanieve. En Aemet conocemos estas particularidades ya que participamos junto a otros países en el experimento internacional SPICE, auspiciado bajo la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y con objeto de intercomparar la precipitación en forma de nieve para lo que disponemos de numerosos aparatos de medida en la estación pirenaica de Formigal-Sarrios.

La precipitación sólida puede además presentarse de muy distintas maneras. Se suele decir que no hay dos copos de nieve iguales y es que, debido a que la cristalización del vapor de agua presenta multitud de formas geométricas, la OMM ha definido hasta diez tipos distintos de cristales de hielo. Estos cristales pueden precipitar en forma de los clásicos copos de nieve que recuerdan a una estrella y en otros meteoros menos conocidos como la cinarra, la nieve granulada o incluso el granizo, más propio de las tormentas de verano. Todo ello va a depender de las características de la masa de aire así como de la formación y evolución de los cristales de hielo originales, que pueden tener aspecto de aguja, estrella dendrítica, plaqueta, columna, etc.

La precipitación en forma de nieve incluye además cambios de fase entre los distintos estados en los que se presenta el agua en la naturaleza (vapor, agua líquida y hielo) y este es precisamente uno de los puntos débiles de los actuales modelos de predicción numérica del tiempo. Estas transformaciones ocasionan a su vez intercambios de energía que dan lugar a enfriamientos y calentamientos de las masas de aire donde se originan las precipitaciones. Hoy en día los modelos poseen una gran resolución y cada vez son capaces de simular con un mayor acierto los procesos termodinámicos anteriores pero no pueden describir con suficiente detalle el comportamiento de la atmósfera en las capas más cercanas al suelo precisamente debido al gran número de fenómenos y procesos físicos que involucra la interacción entre la superficie y el aire de la atmósfera. En consecuencia es frecuente que los errores de predicción de la cota de nieve sean de cien metros o más, máxime además en una zona como es la Cuenca de Pamplona y alrededores y que se ubica a una altitud que a menudo representa el límite entre la nieve y la lluvia.

Las características orográficas del centro y norte de Navarra se suman a lo anterior. La topografía montañosa con un gran número de pequeñas sierras y valles cerrados dispuestos en orientaciones muy dispares no puede ser bien reproducida por nuestros modelos. Debido a esta compleja orografía en algunas zonas del Pirineo navarro hemos llegado a observar diferencias de 20ºC en escasos 5 kilómetros durante potentes inversiones térmicas. También se registran marcadas diferencias de precipitación en valles contiguos, originadas por la orientación relativa de los cordales montañosos respecto a la dirección de movimiento de las masas de aire húmedo que son forzadas a ascender al toparse con las montañas. Por todo ello a menudo sólo podemos dar una aproximación de los parámetros que caracterizan a un fenómeno como la nieve y, en cualquier caso, basada en probabilidades de ocurrencia.

La nevada del pasado 28 de febrero se pronosticó dos días antes de producirse, emitiéndose los correspondientes avisos por parte de Aemet, y además fue bastante homogénea en cuanto a su distribución geográfica dejando cantidades similares en la práctica totalidad de Navarra sin medirse equivalentes de agua líquida demasiado elevados. El rápido avance de un frente cálido moviéndose de sur a norte y encontrando una masa de aire frío y seco en su camino dio lugar a que la nieve cuajara en cualquier rincón de la Comunidad Foral. A buen seguro la coincidencia temporal de la nevada en gran parte de Navarra produjo numerosos problemas.

Los modelos de predicción y los sistemas de observación y teledetección avanzan a gran velocidad. Debido en parte a los desarrollos en modelización numérica que se llevan a cabo en los Servicios Meteorológicos Nacionales como Aemet, cada década conseguimos mejorar aproximadamente en un día el alcance temporal de predicción de algunas variables. De manera adicional, las nuevas tecnologías de computación como el reconocimiento de patrones o la inteligencia artificial están revolucionando el tratamiento y análisis de datos. Es algo que ya está empezando a suceder también en ciencias como la medicina y la ingeniería o en sectores como el hidrológico o el transporte. La meteorología produce además enormes cantidades de datos cuya gestión podremos mejorar únicamente con máquinas cada vez más potentes y algoritmos y procesos de cálculo más sofisticados. Esto necesariamente provocará una mayor automatización de procesos desplazando paulatinamente la intervención humana. La investigación científica y la nueva revolución en las ciencias de datos traerán consigo la mejora de las predicciones meteorológicas y con ello también la de la cota y espesor de nieve, aunque en Navarra siga dándonos algunos quebraderos de cabeza.

El autor es delegado de Aemet para Navarra

etiquetas: nieve, opinion, peio oria

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