¿El último mandato del zar?

Putin ganará las presidenciales de mañana con la duda de si serán sus últimos comicios tras 18 años en el poder
Rusia llega enzarzada con Occidente y con la economía tocada, pero cohesionada en torno a su líder

B. Suárez/A. Escarda Michael Klimentyev - Sábado, 17 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Putin, durante su discurso sobre el estado de la nación.

Putin, durante su discurso sobre el estado de la nación. (EFE)

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Putin, durante su discurso sobre el estado de la nación.

MOSCÚ.- Rusia llega a las elecciones presidenciales de mañana con su economía todavía tocada por la crisis y en el peor momento de sus relaciones con Occidente desde la Guerra Fría, pero cohesionada en torno a su líder, Vladímir Putin, cuya reelección se da por descontada. El presidente busca un lugar en la historia y, en caso de ser reelegido, tendrá otros seis años más para perfilar un legado que a día de hoy oscila entre la mano dura con sus enemigos, oposición y Occidente, y el papel de padre de la nación.

El líder ruso, en el poder desde hace 18 años, tiene la victoria garantizada y tras dejar claro que mantendrá en los próximos seis años el mismo rumbo para el país, la única pregunta es si ese mandato será el último. “Nunca he reformado la Constitución, y menos aún en mi propio beneficio. Y, a día de hoy, sigo sin tener esos planes”, dijo el pasado fin de semana en una entrevista.

Aunque Putin insistió en que no piensa reformar la Constitución -que prohíbe encadenar más de dos mandatos consecutivos- algunos expertos consideran que las elites política y económica le presionarán para que siga al timón después de 2024, a fin de garantizar la supervivencia del sistema que ha creado. Las encuestas no dejan lugar a dudas: después de 18 años en el poder el jefe del Kremlin recibirá entre un 60 y un 70% de apoyo en las urnas, en las que se enfrenta a siete candidatos sin posibilidades reales de hacerle sombra.

Con un crecimiento económico a todas luces insuficiente (sumó apenas 2,2% en el pasado bienio) para su riqueza, tanto en recursos naturales como humanos, el gigante eurasiático no termina de despegar. Desde 2014, cuando la UE, EEUU y otros países occidentales impusieron sanciones económicas a Rusia por la anexión de Crimea y su política hacia Ucrania, los ingresos de la población han disminuido de año en año.

En su reciente informe sobre el estado de la nación, el jefe del Kremlin admitió que debido a la crisis económica el 20% de los rusos, más de 29 millones de personas, viven actualmente por debajo del nivel de la pobreza, y planteó la tarea de reducirla a la mitad en el próximo sexenio. Pese al discurso reiterativo de Putin acerca de la necesidad de modernizar y diversificar la economía rusa, la exportación de hidrocarburos continúa siendo la principal fuente de divisas, con la consiguiente dependencia de los vaivenes de su precio en los mercados internacionales.

El respaldo de Moscú a las fuerzas populistas de Occidente (que alimentan las acusaciones sobre su injerencia en procesos electorales), y como consecuencia, las sanciones económicas que lastran cualquier intento de que Rusia levante cabeza.

Pero este panorama económico poco halagüeño de momento no ha hecho mella en la popularidad de Putin, en el poder desde el año 2000 (entre 2008 y 2012 como primer ministro) y sin rivales en condiciones de hacerle sombra. Y es que la oposición real, extraparlamentaria, se encuentra prácticamente marginada de la vida política del país y ve restringida su capacidad de manifestarse mediante diversos instrumentos, como las leyes draconianas que regulan la celebración de mítines.

Internet y redes sociales son, esencialmente, los espacios en que difunden su mensaje los opositores sin presencia en las instituciones ni en los medios de alcance nacional. Diputados oficialistas ya han presentado un proyecto de ley para “moderar” los contenidos de internet y las redes sociales, aunque los críticos de esta iniciativa advierten de que es de imposible cumplimiento.

renacimiento nacionalLas últimas encuestas dan a Putin una enorme ventaja sobre los otros siete candidatos: el que le sigue, el abanderado del Partido Comunista, Pável Grudinin, figura en los sondeos con un 7,8%. El secreto de la popularidad del jefe del Kremlin radica, según los analistas, en la capitalización del sentimiento de renacimiento nacional después de la anexión de Crimea y, en particular, con la intervención militar en Siria.

Pese a todas las sanciones internacionales, Putin volvió a dejar claro el pasado fin de semana que nunca revertirá su decisión de anexionar la península ucraniana. “¿Os habéis vuelto locos? No hay ni habrá nunca ninguna circunstancia” por la que Crimea podría volver a ser Ucrania, dijo en un documental publicado en la popular red social rusa OK. Por otra parte, la participación en el conflicto en el país árabe para muchos rusos supuso la recuperación por el país de su condición de superpotencia.

Putin se ha permitido incluso desafiar a Occidente a una nueva carrera armamentista al anunciar a los cuatro vientos y con un despliegue de infografía animada que Rusia cuenta con un armamento nuclear que nadie más tiene en el mundo y que hace inútil el escudo antimisiles de EEUU. “No es un farol. ¡Créanme!”, aseguró al presentar el nuevo arsenal.

Sus palabras sonaron como música celestial a los oídos de los nostálgicos de la Unión Soviética, cuya desintegración fue según Putin la “mayor catástrofe política del siglo XX”. Antes de que tuviéramos los nuevos sistemas de armamento, nadie nos escuchaba. ¡Escuchadnos ahora!”, dijo Putin ante el Parlamento.

Si bien el discurso del jefe del Kremlin difícilmente modificará el escenario internacional claramente desfavorable para Rusia -y aún más tras el asesinato por envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal-, que entre sus aliados solo cuenta con países como Irán o Venezuela, no cabe duda que le dará importantes réditos electorales.

El jefe del Kremlin no ha hecho apenas campaña, porque su victoria se da por descontado. Putin no ha querido participar en debates televisados con otros candidatos, y el mitin-concierto del pasado 3 de marzo en el estadio Luzhnikí (Moscú), en el que se dio un baño de multitudes ante más de 100.000 personas, ha sido su único gran acto de campaña, aunque también ha buscado asegurarse el voto en fábricas y empresas en distintas ciudades del país.

Así las cosas, todo el esfuerzo de la maquinaria propagandística del Kremlin está dirigida a garantizar una alta participación que legitime unas elecciones sin intriga. Todos los canales de la televisión rusa, públicos y privados, bombardean a los espectadores con elaborados anuncios que llaman a la población a votar, con el mensaje de que hacerlo es fundamental para salvaguardar el futuro del país.

En cuanto al programa electoral, una “Rusia fuerte” es la principal promesa de Putin, en un país donde la abrumadora mayoría se resigna a sufrir la pobreza, a apretarse cada vez más el cinturón con tal de creer en que su patria es respetada y temida en el extranjero.

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